Todos estaban en el cementerio, y un sacerdote estaba terminando de decir unas palabras antes de sepultar el cuerpo del abuelo de Victoria.
Todos se quedaron varios minutos diciendo una palabras y luego poco a poco se iban llendo hasta solo quedar; los tres primos favoritos de Victoria, Alexander, Elizabeth y Alexia además de ella.
—Vamos Victoria, es hora de irnos —Elizabeth habló
—Adelántense, yo me voy a quedar un rato
Ellos se miraban y Elizabeth asintió.
—Está bien, te esperamos en casa —Dio media vuelta para después irse con los demás.
Victoria se sentó en el suelo al lado de la tumba de su abuelo. Vio que la de su vuela estaba al otro lado también, y antes de que pudiera pensar en algo, noto que alguien se sentó a su lado.
—¿No te habías ido?, ¿Por qué estás aquí?
—Me quede porque quise acompañarte, no quiero que suceda lo de la ultima vez —dijo Alexander.
Ella no dijo nada y solo se quedaron en silencio por un rato.
—Victoria es hora de irnos, mi tía nos está esperando. Hoy nos vamos —Se levantó y extendió su mano hacia Victoria.
—¿No íbamos a quedarnos hasta mañana? —Tomo su mano inconsciente y se levantó.
—Ella cree que es mejor que nos vayamos hoy
—Algo pasó mientras estaba dormida, ¿no?
—… —Él solo se quedó callado.
Victoria dio media vuelta para caminar hacia la salida, sin embargo se encontraron con un hombre vestido con un traje elegante.
—Buenas tardes niños —Los saludo.
—Buenas tardes.
El hombre siguió caminando y notaron que aquel hombre llevaba un ramo de rosas azules. Se detuvo y dejo las rosas sobre la tumba del abuelo de Victoria.
—¿Usted conocía a mi abuelo? —pregunta Alexander, cuando el hombre estuvo a su lado.
—No, alguien me pidió que venga a entregar esto.
—…
—…
—Señor, si nos disculpas. Tenemos que irnos>
Alexander y Victoria siguieron su camino, sin embargo al salir notaron un auto estacionado, y vieron a alguien dentro en la parte de atrás.
—Alexander... Quería agradecerte por haberme ayudado el otro día —hablo Victoria rompiendo el incómodo silencio mientras caminaban a casa.
Él volteó a mirarla. —De nada —Sonreía alegre—, yo quería hablar contigo de algo
—...
—Victoria, quería disculparme por lo que pasó hace años. Tara siempre me decía cosas y yo siempre le creía... y no a ti a quien más conocía.
—¡Alexander!, te agradezco que me hayas ayudado, pero no quiero saber nada de lo que paso hace mucho tiempo —lo miro.
—Lo sé, pero... Me gustaría que empecemos de nuevo, como desconocidos que algún día podrán ser amigos.
—...
—Por ahora solo piénsalo, ¿si?, me gustaría que las cosas volvieran a hacer como eran antes.
Ella no dijo nada más y solo caminaron hasta llegar a casa. Y notaron que Elizabeth estaba guardando las maletas en su auto.
—Victoria, hija ya nos vamos, revises si no se te queda algo.
Ella asintió, se acercó hacía las maletas y empiezo a revisar sus cosas. Noto que le faltaban los obsequios de su abuelo.
Duo media vuelta y entro a su casa, fue directo a l habitación que habían usado y encontró el diario y el anillo. Al salir y caminar por los pasillos se encontró con una de sus tias mayores.
—Victorias espera, me gustaría hablar de algo —La detuvo.
Victoria dió media vuelta.
—Tal vez está sea la última vez que todos nos veamos, y se que han pasado muchas cosas, algunas desagradables... sin embargo espero que no lleves esos malos recuerdos contigo. Pueden dañar mucho tu corazón si guardas mucho resentimiento.
Solo asintió.
Ella sonríe. —Espero que algún día me vayas a visitar.
—Lo intentaré.
—Aunque tendrás que viajar a otra ciudad para hacerlo.
Victoria la miro confundida.
—Me mudare de aquí, ya que esta casa le pertenece a tu padre.
—¿Mi padre?, ¿sabe algo de él? —Se sorprendió ya que creyó que nadie lo conocía.
—No sé mucho, solo se que pertenecía a una gran familia y eran personas muy tradicionales, y que al casarse con tu madre, ocasionaron un revuelo en esa familia.
—…
—De hecho, esta mansión también le pertenecía a tu padre y se la dejo a tus abuelos, porqué así lo quiso... Pero como ahora ellos —se quedo en silenció un momento para después continuar—, decidimos que era mejor devolverlo a su hermano que ahora es la cabeza de esa familia.
—Creo que no nos veremos en mucho tiempo, adiós tía.
—Adiós Victoria —Se acercó y la abrazo—, espero que puedas ser feliz y olvides todo lo malo que ha pasado.
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Editado: 06.07.2026