Universo League Of Leguends: La Leyenda Del Rey Lobo

Capitulo XLV: La Batalla en el Río Sigva.

Bosque de los augures. Noroeste Báltico.
Segundo día de la novena estacion.

El enorme contingente de jinetes de la Garra Invernal, siguiendo las órdenes de su matriarca, se lanzó al ataque a galope tendido.

Thenglir observó la carga y ordenó que la infantería ligera de primera línea se preparara para arrojar sus jabalinas, pero los jinetes de la Garra Invernal empezaron a acelerar en su avance hasta transformar su carga ofensiva en un auténtico estruendo con miles de drüvasks haciendo volar sus pezuñas sobre la nieve de aquel valle. Los insubres más adultos de la infantería ligera gritaron sus órdenes.

—¡Esperen la señal! ¡No lancen jabalinas hasta la señal! ¡Tenemos que esperar hasta que estén a nuestro alcance!

Pero los jinetes de la Garra invernal avanzaban a tanta velocidad que, cuando los insubres dieron la orden de arrojar las jabalinas, todo pareció ocurrir al mismo tiempo. Los Insubres de la Garra Implacable, junto con algunos volkos lanzaron sus afiladas armas y algunas de éstas alcanzaron sus objetivos, cayendo derribadas decenas de jinetes drüvasks, pero todos los que no habían sido derribados al segundo alcanzaron la formación de primera línea e impactaron encima de varios insubres chocando contra las líneas arrasándolo todo a su paso. Los que sobrevivieron al lance de los drüvasks embistieron a sus atacantes de la primera fila ensartando a muchos con sus lanzas alargadas que arrastraban a un metro y medio de altura del suelo buscando los pechos de los guerreros enemigos y enseguida, una vez clavadas sus lanzas en los cuerpos de los primeros, cogieron las que les quedaban partidas aún en sus manos, las arrojaron contra los jinetes de la Garra Implacable que huían y desenfundaron las espadas. Los Elnuks avanzaron dejando espacios para que los insubres y volkos de la infantería pudieran replegarse tras ellos. Y así lo hicieron a toda velocidad, esto es, para los que pudieron salvarse de la sangrienta escabechina que los drüvasks de la Garra invernal habían dejado en su temible carga.

Las dos turmas, tanto de la Garra Invernal, como de la Garra Implacable se enfrentaron sin espacio para cargar la una contra la otra. Toda la primera línea de batalla se transformó en un inmenso desorden de miles de Elnuks, Drüvask, Mujeres y Hombres, donde el nerviosismo de las bestias hacía cada vez más difícil que los jinetes pudieran defenderse de los golpes del contrario o bien ser precisos en sus estocadas. Tanto los jinetes de un bando como de otro terminaban por desmontar para seguir la lucha cuerpo a cuerpo. Las jinetes de elnuk, es decir, las valkiryas, se vieron reforzadas por el regreso de la infantería superviviente a la carga inicial de la Garra Invernal, que ahora se reagrupaban junto a ellas para entre todos luchar cuerpo a cuerpo, metro a metro, contra los hijos de la tormenta que con esfuerzo intentaban acometer a sus oponentes.
La matriarca Thenglir combatía en el centro de ese tumulto de hombres, mujeres y bestias.

Vulvain observaba desde la retaguardia los acontecimientos que tenían lugar en el Bosque de los Augures. El joven líder, con su destacamento de Valkiryas e Insubres junto a otros tres grupos de jinetes de similar número que el de la matriarca se habían quedado retrasados como tropas de refresco, vislumbraba también en la distancia a la matriarca de la garra invernal, subida en un inmenso drüvask albino, rodeado de un nutrido contingente de osunos que la salvaguardaba en todo momento, actuando a modo de guardianes de aquella matriarca enemiga.

Pero lo peor, pensó Vulvain, estaba por venir, pues la matriarca de la Garra Invernal disponía aún de dos inmensos contingentes a ambos extremos de la formación y que estaban infiltrados en las fuerzas de la Garra Implacable. Las fuerzas de Vrynna y Thorva.

Vulvain observo como ambas madres piel marcadas se miraban y se asentían la una a la otra. En ese instante, Vulvain supo lo que iba a ocurrir, lo presentía en el interior como si de una corazonada se tratara; era como un sexto sentido que hubiera olvidado, pero que de improviso había despertado y le hubiese avisado del inminente peligro; abrió los ojos, observando cómo la matriarca Sejuani alzaba su brazo, como dando una señal y luego la matriarca enemiga la bajo de golpe, como si lo dejara caer, y las dos turmas del flanco izquierdo y derecho, que supuestamente debían ser refuerzos se lanzaron contra la Garra Implacable. Fue un momento que quedaría marcado en la mente de Vulvain, uno que le enseñaría una lección muy valiosa: La Lección de la Cautela.

Y entonces ocurrió el desastre.

En su avance, las turmas traidoras sobrepasaron el gran tumulto de los refuerzos celtiberos sobrepasando las líneas de los combatientes y arroyandolos hasta situarse en la retaguardia de la caballería de elnuks de la Garra Implacable. De esta forma la matriarca Thenglir y sus tropas quedaron bloqueados tanto en la retaguardia como en el flanco opuesto, y luego fueron obligados a replegarse hacia el bosque. Vulvain observo como la matriarca de la Garra Invernal se daba la vuelta y empezaba a dar señales a los osunos que empezaron a moverse al interior del bosque.

Vulvain supo lo que pasaría, lo que ocurriría, era una trampa. Sejuani solo estaba jugando con ellos. Aun se notaba la silueta de las fuerzas de Thenglir resistiendo el ataque de los traidores. Vulvain vio como las Valkiryas entre agotadas, muchas de ellas ya heridas, y aterrorizadas por la repentina traición de las Turmas de Vrynna y Thorva, comenzaron a replegarse hacia el río, pero era imposible. Por otro lado, la infantería de Volkos, celtíberos e Insubres era un objetivo mucho más fácil de batir. Uno a uno, todos iban siendo acuchillados por la espalda o empujados y levantados por lanzas largas. La infantería insubre estaba siendo aniquilada, ensartado cada guerrero y guerrera como si de fruta madura se tratara. Vulvain supo que eso acabaría de una sola forma, tenia que hacer algo, una parte de su interior, la parte instintiva le dijo que tenia que responder a aquella traición, tenia que castigar a aquellos cabrones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.