Urania

Capítulo 13

Después del terrible tsunami que devastó Urania y la isla, y que casi mata a Loreto y a sus acompañantes, las rocas siguen siendo expulsadas del volcán, volando en todas direcciones y estrellándose contra todo a su paso. El palacio ha sido destruido, y algunas rocas han pasado cerca de ellos. La tierra se sigue sacudiendo violentamente; las rocas, acompañadas de ceniza, indican que lo peor está por venir. El aire se siente caliente, lo que dificulta respirar. Para todos, la esperanza se esfumaba conforme Vatra liberaba su furia; ni la llegada de Taiga y Mirage podrá salvarlos.

—Ya todo acabó —dijo Loreto, sollozando y dejándose caer sobre el suelo cubierto de ceniza.

—¿Así termina? —preguntó decepcionado Lierur—. ¡No podemos morir así!

—No se dejen vencer —dijo Og, tratando de mantener la calma—. No es el fin.

—¡Mira a tu alrededor! —exclamó Lierur—. Claro que es nuestro fin.

—Mirage está en la cascada —dijo Vennehelael, recordando la ceremonia que quizás sea la última esperanza.

—Yo no creo que ella pueda hacerlo —repuso indiferente Lierur, intentando reprochar el descuido de las ninfas.

—Ya nadie puede hacer nada —intervino Loreto, siguiendo la actitud del elfo—. Despierten a Taiga.

—Ella está muy débil —dijo Og, mirando a la pálida castaña que carga en sus brazos.

—Porque no me sorprende —chilló Lierur, harto.

—Debemos seguir juntos —exigió Vennehelael, mirando a cada uno—. Unirnos es lo que tenemos que hacer.

Lierur, Og y Loreto le regresaron la mirada. De cierto modo, Vennehelael tiene razón: deberán olvidar sus rencores y desacuerdos, aunque sea una vez. Y si han de morir, que sea unidos como la gran familia que vivió en Urania. Ellos ya perdieron la esperanza. Mientras tanto, quienes están en la cueva en Sirenia la mantienen viva, saben que todo terminará pronto, aunque el desenlace no lo imaginan. Nadie sabe lo que pasará ni lo que puede ocurrir. La vida de ellos está en manos de Mirage y dependerá de su valor, pureza e inocencia para conseguir su meta: salvar a todos.

—Padre, madre, tengo miedo —dijo Sisath, llorando y abrazando a su anciano padre, ocultando su rostro en su pecho.

—Tranquila, mi niña —repuso él, abrazando a la elfa de cabello negro.

—Vanna, ¿crees que Vennehelael esté bien? —le preguntó Hureral, recargando su cabeza en el hombro de Vanna.

Él la miró y no respondió. En su interior sabía que la situación empeoraba y no tenía la certeza de que estuvieran bien, ni del final.

Sin embargo, en la cascada, Mirage sigue con Urania. Ella buscará una alternativa para salvar a todos; ya no hay tiempo para detener la erupción.

—Mirage —dijo Urania con decepción—. No podemos vencer al volcán. Solo tengo una opción y no te gustará.

—¡¿Qué?! ¿Por qué no puedes? —farfulló Mirage—. Acaso no soy a quien buscaban.

—Me temo que ahora no puedo responder —respondió Urania—. Necesito que decidas.

—¿Decidir qué? —preguntó confundida Mirage—. No sé qué quieres.

—En Sirenia están la mayoría de los habitantes —continuó ella, serena—. Cerca de Palacio están dos de mis ninfas; debes decidir quiénes sobrevivirán a la erupción —terminó mirando fijamente a los ojos de Mirage, los cuales se abrieron de par en par.

—No lo haré —respondió, negando Mirage—. ¡Tienes que salvarlos a todos! —exigió.

—No podría hacerlo, aunque quiera —dijo Urania—. No hay suficiente tiempo. Estoy débil.

—¿Qué quieres que haga? —suplicó Mirage—. Dime.

—No quieres sacrificar vidas —comentó Urania, respirando pesadamente—. Solo se me ocurre otra solución.

—Dilo, haré lo que sea —pidió Mirage. Comprendió que tal vez no sea suficiente lo que hará, pero lo intentará.

—Con la energía suficiente podré salvarlos a todos —aclaró Urania—. Esa energía la tienes tú.

—¿Es todo? —inquirió Mirage—. Entonces tómala —decidió ella.

—No es tan fácil —dijo Urania, entristecida—. Tal vez mueras en el proceso.

—No importa —suspiró Mirage—. Una vida para salvar muchas.

—Así será —comentó ella, extendiendo sus manos hacia Mirage.

Sin dudar, se sujetó fuerte de las manos de Urania. Dejó de lado el diamante, olvidó todo lo bueno y lo malo que vivió, lo que Taiga le contó, y se quedó en blanco, vaciando su mente de todos los pensamientos y emociones. Solo dejó lugar para Urania y lo que tenía que hacer.

Por su parte, Urania entró en la mente de Mirage, la invadió y sintió lo que ella sentía. También se percató de que, tristemente, Taiga se equivocó; ella no es a quien buscaba, pero después de hoy será quien debe ser. El cabello negro-verdoso de Mirage se tornó blanco como la nieve, sus ojos verdes cambiaron a marrón, y su cuerpo brilló envuelto en un aura plateada.

En el momento en que el volcán expulsó una inmensa nube de ceniza que incendiaba todo al contacto, los que estaban cerca del bosque vieron con temor cómo la nube corría, quemando el bosque. Antes de que los alcance, una luz plateada cubre a Taiga, que está en brazos de Og; junto a él, en el suelo, Loreto llora desconsolada. Detrás de ella, Lierur y Vennehelael, estáticos, ven pasar sobre ellos la nube, pero no les causa daño alguno.




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