¡Nos vamos a Corea!
—¿Papá?—Entró dejándome con las dudas incrustadas en la frente.
—Ya te lo dije, Ivy, me ofrecieron ese empleo y es una oportunidad increíble, no puedo desaprovecharla.—Trata otra vez de convencerme.
—Pero...
—Cariño, ya te lo dije. No hace falta que vengas, ya eres mayor de edad, puedes quedarte en esta casa y seguir con tu vida.—Sacudí la cabeza rechazando completamente esa idea.
—¿Qué pasa con la escuela de Maddie? Matthew es un idiota que ni siquiera quiere ir a la universidad, pero ya tendré tiempo de encargarme de él.—Me sentía frustrada.
—Cariño—me agarra por los brazos—, tú tienes derecho a hacer tu vida, deberías pensar en eso, yo me encargo de tus hermanos.—Sé que papá se preocupa por mis descuidos personales, pero no puedo evitar preocuparme por ellos.
Desde que murió mamá sentí esa responsabilidad, sabiendo que papá no podría solo con nosotros tres. Por eso decidí crecer con más prisa, necesitaba ayudarlo en lo que mamá ya no podía.
—Pa...—Mis ojos se aguaron—. ¿Seúl? ¿De verdad? ¿No podía ser un poco más cerca como Los Ángeles?—Él me sonríe con dulzura.
No. Me rehúso a dejarlos ir y vivir con el corazón en la boca porque solo yo sé cómo mantenerlos a salvo. Papá ya tiene más de cuarenta, tiene que cuidarse y no puede estar pendiente de una adolescente y un joven adulto que se comporta como un niño. Negué tragándome todas las lágrimas.
—No. No los dejaré. Ustedes son mi familia.
Él me sonríe de nuevo y me acaricia los brazos—. Ya eres una adulta, tienes tu propio camino y ya es hora de que hagas tu propia familia.—Volví a negar mientras trataba el nudo en mi garganta.
—Hasta que eso pase, ustedes son mi única familia, y yo los voy a cuidar.
—¿Entonces?—Su rostro demostraba sorpresa y extrema confusión.
—¡Nos vamos a Corea!—Aparece Maddie gritando de emoción.
Yo sonreí todavía con una expresión triste. Tengo veintiocho años y sigo viviendo con mi familia. Ellos son todo para mí. Mi mamá falleció cuando yo tenía la edad de Maddie y ella apenas estaba aprendiendo a hablar correctamente y es por eso que dudo que la recuerde, pero papá jamás volvió a salir con nadie desde que eso pasó, Matt y yo éramos niños y somos quienes tienen más recuerdos de ella. Pero desde ese día, desde que vi a mi papá sufrir tanto por su muerte, supe que no iba a poder levantarse él solo, entonces tuve que tomar fuerzas por los dos.
Antes de cenar decidí salir a correr por el Central Park para despejar mi mente y pensar en todo lo que me esperaba a partir de mañana. Conecté mis audífonos y los llevé a mis oídos mientras «Very Slowly» de BIBI comenzaba a sonar. No la conozco pero Maddie me hizo una playlist. Negué con una sonrisa al recordar sus palabras.
«Te hice una playlist en coreano para que vayas entrando en ambiente, mi favorita es Very Slowly, esa canción suena en veinticinco veintiuno cuando Yiyin y Hee-do de besan por primera vez. Es hermosa.»
Me había hablado con tanta prisa que ni yo misma sé cómo recuerdo cada una de sus palabras. Ni siquiera sé en qué momento tomó mi teléfono para hacer una playlist.
Volví a negar con diversión en ironía.
Claro, lo hizo cuando me lo olvidé en la cocina y fui a comprar. Ella se enteró de la noticia antes que yo, pero no me dijo nada porque era papá quien quería tener esa conversación conmigo.
Con solo ver tus ojos puedo saber en qué clase de mundo has vivido. Gracias a tus calidad manos mi corazón se derrite por completo.
No hace falta entender la canción para ser consciente del romanticismo que trae, pero el ritmo es bonito, hace que mi corazón se acelere sin motivo alguno.
Volví a mi casa y mientras quitaba mis audífonos cerré la puerta con el pie.
—¡Papá! ¿Por qué tenemos que irnos tan lejos? ¿No puedes pedir que te transfieran a un lugar más cerca? Quizás podría ser Los Ángeles, por ejemplo.—Lo único que se escuchaba era a Matt protestando.
Sonreí al darme cuenta que había dicho lo mismo que yo, pero sus modales no eran para nada agradables, por consiguiente, me tocó intervenir.
—Oye, mocoso insolente, no quiero que vuelvas a faltarle el respeto a nuestro padre.—Alcé la voz con autoridad.
—Matt, no seas quisquilloso. Es una buena oportunidad para papá y además, para nosotros.—Apoya Maddie.
—Sí, pero ¿para ser electricista?—Volvió a protestar todavía más negativo—. ¡Puedes ser electricista aquí en la esquina si así lo deseas!—En el momento en que se atrevió a alzar la voz todavía más, yo golpeé su nuca.
—Escucha bien, mocoso mal agradecido, si no cierras la boca te la voy a cocer.—Lo amenacé mientras lo señalaba con el dedo índice.
Se fue a su cuarto y nos dejó solo a nosotros tres. Él suspiró resignado y se sentó en la silla.
—Voy a terminar la cena.—Comenta Maddie. Asentí agradecida.
—Matthew tiene razón, es un fracaso este empleo.—Expresa con desánimo.
—Oye, pa.—Me puse de cuclillas ante él y acaricié sus piernas para darle confort—. No es un fracaso, si lo fuera, ¿crees que lograrías ir a otro continente?
—Quieren que por experiencia y dedicación les enseñe a los más jóvenes, incluso vino un empresario a entrevistarnos. Él es quien va a pagar nuestro viaje, incluso me va a dar una cantidad suficiente de dinero para que nos adaptemos y que vivamos los primeros días hasta que paguen mi salario mensual.—Sus ojos brillaban.
Esto era importante para él, eso lo convertía en algo importante para mí.
Sonreí dándole mi apoyo—. Pa, yo tengo algo de dinero ahorrado, lo estaba guardando para las vacaciones, así que apenas lleguemos vamos a intercambiarlo por su moneda oficial, ¿qué opinas?
—Todo los días le doy gracias a Dios por enviarme a estos dos angelitos, son lo que más amo en el mundo, y en cuanto descubra que no son felices, prometo que dejo todo y volvemos de inmediato.—Nosotras asentimos con una sonrisa.