Uri, en otro idioma | Ariana Medina

3

Mi destino

De alguna u otra forma siempre sucede algo que opaca todo lo bueno que me sucede, y una de esas cosas era este coreano con altura de muralla china y unos labios sedosos... es decir, tenía una expresión sería, como si odiara la vida.

El auto seguía oliendo a nuevo, y en menos de cinco minutos ya tenía un golpe.

—¿Estás ciego?—Alcé la voz molesta.

Él arqueó una ceja como si hablara otro idioma. Y claro... lo hacía. Pero eso tampoco fue motivo para quedarme callada, de todos modos seguí enfrentándolo.

—¿Cuál es tu maldito problema?—Espeté con la furia empujando más fuerte que mis ganas de admitir lo malditamente guapo que se veía.

Traía un traje negro, una corbata floja y un reloj caro que brillaba bajo la farola. Parecia ser un tipo de esos sacado de una revista de modelos. Yo también venía de trabajar, pero mírame: tacos que me estaban matando, maquillaje arruinado, y ahora, un auto recién comprado con la parte trasera hecha añicos.

Él comenzó a hablarme en coreano. Perfecto. No tengo idea de lo que está diciendo.

—¡Deberías tener más cuidado, el semáforo estaba en rojo! ¿Eres ciego o simplemente estúpido?

Me observó con calma, arqueando apenas una ceja. Su calma me hacía perder todavía más la cabeza. Tendió una tarjeta hacia mí: eran puros palitos y rayitas, ¿qué demonios significa esto?

—¿Qué demonios es esto?—Le dije con el ceño fruncido, molesta—. Parece que estás invocando a satanás.

Esa misma tarjeta la destrocé frente a sus ojos, si no entendía mis palabras, de seguro mis acciones eran más claras que el agua.

Él me miró en silencio. No lo entiendo, ¿por qué actúa con tanta despreocupación, como si yo fuera solamente un mosquito molesto y ya.

—¡Este auto acaba de salir de la agencia! ¡No quiero tu estúpida tarjeta, solamente quiero que respondas por los daños! ¿Sí entiendes?

Cuando quiso darse la vuelta para irse lo tomé del brazo con brusquedad provocando que su cuerpo tambalee. Era igual que empujar un muro.

Él dijo algo más en su idioma, tenía una voz grave que me resultaba irritante porque sonaba tan... tranquilo que me sacaba de mis casillas.

—Solo... vete al carajo, y espero jamás volverme a cruzar con un energúmeno como tú. Idiota.

Me subí al coche, golpeé el volante con rabia, porque si me hubiese desquitado con él, en este momento estaría siendo detenida por homicidio.

—Idiota. Idiota. Idiota.

Llegué a casa, me quité los zapatos y pude sentirme más libre. Estaba acostumbrada a los tacones, pero era una necesidad llegar y poder sentir el suelo completamente frío bajo las plantas de mis pies.

En cuanto azoté la puerta mi padre y mis hermanos se asomaron para verme, ellos saben que cuando azoto la puerta algo malo pasó y prefieren mantenerse alejados de mí hasta que la furia se me pase.

En la cena estuve igual de callada y los bocados de comida se atragantaron en mi garganta como si tratase de comer una bola de tenis. Mientras yo cepillaba mis dientes sentí la puerta de mi cuarto abrirse y cerrarse, salí del baño y la vi a Maddie sentada en la cama, me puse la pijama y me senté frente a ella.

—¿Por qué luces tan furiosa? Eres demasiado bajita como para llevar la furia de un dragón.—Rodé los ojos frustrada pero no le respondí—. Anda, dime.—Insiste.

Suspiré y le obedecí porque hasta que no abriera mi boca ella no se iría, y necesito dormir.

—Compré un auto nuevo, lo necesitaba para ir a trabajar, me dieron un adelanto y apenas salí de la empresa fui a comprarlo y un idiota me chocó en el semáforo.—Ella comenzó a reír a carcajadas como si fuese el mejor chiste que había escuchado en su vida—. ¡No es gracioso, Maddison!—La regañé en voz baja.

—Sí lo es, porque es exactamente lo que pasa en un kdrama que vi, o al menos es parecido. Y resulta que al chico que trató como basura, resultó ser su jefe, eso demuestra lo pequeño que es el mundo. Dime, ¿lo trataste como basura?—La observé unos segundos.

—No seas ridícula, esto no es una telenovela, y ya le dije que no quería volver a cruzarme con él porque si lo hago creo que sería capaz de... No sé, de matarlo. Tratarlo como basura no es lo único que puedo llegar a hacer.

Ella sonríe con diversión sabiendo que no lo mataría literalmente y después de platicar un rato me dejó sola para que pudiese descansar.

***

Me miré en el espejo una vez más, trataba de convencerme que había acertado con mi elección. El top negro sin tirantes dejaba mis hombros descubiertos; sencillo, pero con ese aire que me hacía sentir más segura de lo que en realidad estaba. El verdadero truco estaba en los shorts de tiro alto: al llegar a mi cintura alargaba mis piernas lo suficiente como para que mi metro cincuenta y tantos pareciera estirarse un poco más. El cinturón negro delgado con hebilla dorada no era solo un detalle, era lo que marcaba la diferencia entre verme juvenil y verme profesional.

Me subí a los tacones negros de punta y de inmediato sentí como ganaba unos centímetros extra; cada paso parecía más firme, más seguro. Colgué en mi brazo el bolso negro pequeño con herraje dorado y sonreí apenas: no era demasiado grande, solo lo justo para llevar lo necesario y no sentir que el bolso me tragaba entera.

Me tomé un momento para respirar hondo. Quizás no era la más alta ni la más imponente en esa oficina, pero ese conjunto me hacía darme cuenta que podía hacerme notar de otras maneras: con estilo, con trabajo, con voz.

Bajé del auto con un café en la mano y lo primero que hice fue ir y ver el trasero del coche, no me había atrevido hasta ese instante.

—Maldito arrogante...—Mascullé con los dientes apretados.

Entré en la empresa y saludé a la recepcionista, cuando vi que ella respondió al saludo subí al elevador. Llegué a la sección de edición y y redacción y me senté tras mi escritorio con la sonrisa de oreja a oreja de dos compañeros.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 23.02.2026

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