Uri, en otro idioma | Ariana Medina

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Orgullo y prejuicio

Hoy me levanté con ganas de algo cómodo pero sin dejar de ser yo. Opté por mi blazer beige favorito, ese que cae perfecto sobre los hombros y le dan a cualquier conjunto un aire sofisticado sin esfuerzo. Debajo llevaba una remera blanca a rayas negras, era simple, pero tenía algo que la hacía ver no tan básica. Para la parte de abajo elegí una falda negra que combina con todo y me da libertad de moverme sin sentirme restringida. Quería que el outfit tuviera un toque casual, entonces me puse unas zapatillas Adidas blancas con detalles negros, eran perfectas para caminar por todos lados sin que me duelan los pies, es por eso que esta vez no hubieron centímetros de más, quería cuidar mis pies y evitar que me salieran ampollas, eran un tanto extraño, pero para mí la prioridad era estar cómoda.

No podía olvidarme del accesorio que le da el toque final: mi bolso negro de Gucci, fue el primer gasto que hice creyéndome rica con mi primer sueldo de editora, era pequeño pero elegante, ideal para llevar solamente lo esencial y verme profesional sin exagerar demasiado. Mientras me observo en el espejo sé que este Look refleja exactamente como quiero empezar el día: confiada, cómoda y lista para todo.

Cuando comencé a caminar me di cuenta de lo extraña que me sentía desde que estoy en Corea, solamente utilizo zapatillas cuando salgo a correr por la noche, es que es imposible que las utilice cuando voy a trabajar o si salimos a recorrer la ciudad, aquí la mayoría de las mujeres son altas o tienen piernas largas—o ambas al mismo tiempo—, me sentía aplastable como hormiga, y ridículamente chaparrita.

Do—hee y Minho estaban hablando en coreano mientras reían y chismoseaban entre sí, no necesitaba saber coreano para notar que era exactamente lo que estaban haciendo, era algo divertido de ver. De pronto, mientras me sentaba pude notar como una chica aparecía desde el elevador y se robaba la mirada de todos, era alta y aún así usaba tacones, y le quedaban espectaculares, era hermosa y muy elegante, su cabello era de un castaño casi rubio y pude notar como se dirigía hacia mí. Parecía una modelo superestrella, era una diosa.

—Ella es Choi Da-eun, es prima de nuestro director.—Me susurra Do-hee.

La señorita se acercó, tomó una silla que estaba abandonada en un rincón y se sentó a mi lado. Era amigable. Su sonrisa era radiante y muy bonita.

—Hola.—Me dice con entusiasmo—. Tu cabello me encanta.—Me dice mientras sujeta un mechón en sus manos—. Los mechones dorados hacen que el castaño oscuro se vea mágico.—Sonreí apenada. No sabía cómo aceptar los cumplidos.

Era muy segura de sí misma y me hablaba como si nos conociéramos de antes.

Do-hee dijo que era la prima del director, pero es todo lo opuesto a él. Ella es divertida, amigable, sin embargo, él parece un perro al que se le olvidaron de darle de comer. Está enojado todo el tiempo. No se trata de ser grosero, pero jamás, en estos días que llevo aquí jamás lo he visto sonreír por algún trabajo que le haya gustado o algo que le haya causado entusiasmo, absolutamente nada. Nosotros como empleados nos esmeramos por recibir si quiera un "me agradó mucho tu trabajo, sigue así", si quiera una media sonrisa demostrando que lo que dice es genuino.

Apenas mi compañera terminó de traducir el manuscrito que yo terminé de corregir el lunes y lo llevé a imprimir.

—¿Llevas mucho aquí?—Pregunta la señorita Choi. Sonreí y volví a la máquina mientras agarraba las hojas de a poco.

—No, llegué hace tres semanas. Mi papá consiguió un trabajo como electricista, el dueño de su antiguo empleo es coreano entonces le ofreció un trabajo aquí.—Ella asiente con una sonrisa.

De verdad que era extraña. No la conozco, no me conoce, pero se acercó a hablarme como si fuéramos viejas amigas. Terminé de imprimir las hojas y las coloqué en un sobre Manila para que llegaran a salvo a las manos del director.

Toqué la puerta y esta vez esperé a que me diera la orden de pasar, cuando escuché su voz entré en la oficina y cerré la puerta con cuidado.

—¿Está todo ordenado?—Asentí.

Lo sacó del sobre y mientras lo inspeccionaba me acerqué a los estantes que estaban a la izquierda. Tenía muchos libros que yo no conocía y que estaban en coreano, pero a simple vista parecían llamativos, te invitaban a leerlos por horas. Quizás... cuando aprenda coreano le pida algunos prestados.

Cuando traté de tomar uno, fue apenas que me estiré para alcanzarlo pero estaba muy alto, fue entonces que la estantería casi cayó sobre mí. Ese "casi" fue gracias a que el director la sostuvo. Ni siquiera sé cómo llegó tan rápido a donde yo estaba. Su mirada encontró la mía sintiéndose algo automático, como si con tan solo su mirada intentara preguntarme si me había hecho daño.

—Parece que él "no tocar" no está en tu vocabulario, de lo contrario sabrías qué significa.—Me dice tajante mientras pone la estantería en su lugar.

—Solo quería el libro de Orgullo y Prejuicio, es el único que conozco que estaba en inglés.—Él suspira y me hace un ademán para que vuelva a mi lugar frente al escritorio.

En ese momento que estuvimos en silencio, lo único que podía sentir era a mi corazón latiendo como si fuese una bomba a punto de estallar. Tenía ganas de salir huyendo, y entonces pensaba, ¿desde cuándo siento esto? Tengo ganas de gritar, huir, comportarme como una demente. No me reconozco. Yo no soy de las que huyen.

—Al parecer tu expediente no mentía, eres muy buena en tu trabajo y también organizada. No creo recibir más manuscritos hoy entonces seguro que empezaré a corregirlo lo antes posible. Y tan pronto como pueda se lo entregaré a la presidenta.

Asentí mientras evitaba a toda costa todo contacto visual y comencé a acariciar mi muñeca izquierda. Cuando la estantería estaba por caer sobre mí traté de evitar el impacto y apoyé mi muñeca sobre uno de los estantes, pero solamente logré provocar que el hueso me doliera.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 23.02.2026

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