Uri, en otro idioma | Ariana Medina

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Intuitiva

El Look que tenía preparado para este día estaba compuesto por un vestido corto de gasa color rosa pastel, tenía cuello halter sin mangas y se ajustaba a la cintura con un lazo del mismo tejido, lo que le dan caída ligera y fluida a la falda. El maquilla acompaña en tonos tierra y un toque dorado en los párpados, pestañas alargadas y los labios en un tono rojo amarronados mate, que resalta con naturalidad. En los pies, unas sandalias negras con tacón ancho y plataforma con una pulsera al tobillo adornada con una hebilla dorada y un pequeño dije en forma de borla de color blanco y negro.

Suspiré y alisé mi vestido, no sabía por qué, pero los nervios eran cada vez más fuertes, ni siquiera cuando aparecí en esa editorial llena de gente desconocida había sentido tantos nervios. Mi estómago se removió. Observé el sobre que estaba sobre la mesita de noche y lo metí en mi bolso. No quiero que me pague, sé que él quiere hacer lo correcto, pero yo no debí reaccionar de esa manera tan grosera, aunque tuve mis razones y él lo sabe, pero dije cosas que no debía y lo insulté de una manera que no correspondía, además, que no me haya despedido es suficiente para mí.

Saludé a mi papá que estaba desayunando y después me fui con Maddie.

—¿De verdad vas a devolverle el dinero a tu jefe?—Asentí mirando al frente.

—Es lo mejor, ese no es mi dinero y yo también fui muy grosera con él, fue un accidente, y justamente por eso voy a devolverlo.—Ella me da la razón totalmente y después enciende la radio.

La miré por el rabillo del ojo y comencé a sonreír. La canción que comenzó a sonar era «Welcome to New York» de Taylor Swift.

Cuando dejamos caer nuestras maletas al piso, tomamos nuestros corazones rotos y los pusimos en un cajón.

Poco a poco me iba acostumbrando al cambio de horario, ver a tanta gente diferente a mí y que me hablen en coreano aunque yo no los entiendo, en fin, creo que ya estoy acostumbrada, o al menos intento acostumbrarme.

Maddie se despidió de mí y se bajó del auto, a penas comenzó a caminar se le unieron tres chicas más, veía como se alejaba y no pude evitar sonreír. Me alegra que se esté adaptando, en Nueva York no tenía muchos amigos, la mayoría se burlaba de ella por ser diferente; porque no salía de fiesta, no porque no la dejáramos, sino que ella misma se negaba a salir a esos lugares, prefería quedarse en casa, leer y mirar esos dramas que tanto le gustaban.

Arranqué el auto y mientras la música seguía sonando me acordé de sus palabras.

«A mirar kdramas porque afuera el mundo es malo.»

Esa siempre fue su excusa cuando le preguntaba por qué no salía y se divertía, y trataba de convencerla de que no era así como ella veía las cosas.

«En el mundo hay muchos tipos de personas, buenas y malas, pero en algún momento vas a rodearte de personas que te hagan ver qué no todos son malos.»

Dicen que no hay perros malos, solo dueños malos, supongo que también aplica para las personas. Nadie nace sabiendo morder, la vida, las circunstancias e incluso las personas fueron quienes lo llevaron a eso, creyendo que esa era la única manera de sobrevivir a este mundo. Los perros callejeros ladran y muerden cuando se sienten amenazados porque siendo temidos es la única manera que tienen para sobrevivir en las calles, aquellos perros que sí poseen hogar y alguien que les dé de comer, son malos porque los dueños así le enseñaron, como se cría, así crece. Las personas son malas por alguna razón; por poder, falta de amor, porque fueron criados con odio y demás cosas.

Pero en ocasiones sí desearía no vivir en un mundo tan cruel, y también desearía que las personas a las que amo no les toque sufrir todo el tiempo.

Bajé del auto y en cuanto entré a la cafetería no me demoré en encontrar al señor Cha.

—Tome, no sabía que sabor le gustaría así que le compré una leche de plátano y otra de fresa. Debería probarlas, los jóvenes la consumen a diario.—Le sonreí en agradecimiento y metí el sorbete en la leche de plátano.

—Disculpe por hacerlo venir tan temprano, es que...

—Si quiere hablar sobre su padre, primero déjeme decirle algo.—Asentí y tomé un sorbo de la bebida—. Yo le insistí en que se tomara una semana para descansar, su salud es más importante que cualquier cosa.—Estuve totalmente de acuerdo—. Pero él...

—Teme perder el trabajo.—Aseguré y él me da la razón.

—Desde que llegó, Michael ha estado trabajando muy duro, a pesar de su falta de entendimiento por el idioma es uno de mis mejores empleados, fue por eso que lo contraté. Hace poco despedimos una gran cantidad de empleados porque no cumplían con los requisitos para este trabajo, para que la empresa no se quiebre tuvimos que viajar por varios lados para conseguir empleados de la mejor calidad, viajamos a diversos países, Estados Unidos fue uno de ellos. No solo fui a Nueva York, pero solamente trajimos dos de allí, Michael fue uno de ellos.

Papá siempre fue un hombre humilde, jamás esperó la gran cosa en los trabajos que ha tenido, siempre se dedicó muchísimo y todo lo que hacía lo hacía de la mejor manera, siempre veía el lado positivo. Creo que hoy es por eso que Dios lo está recompensando.

—Me alegra mucho oírlo decir eso de papá.—Suspiré y apoyé los codos en la mesa—. Señor, yo no planeo que él deje su trabajo, eso lo hace feliz, y yo quiero que él lo sea, lo merece, lo único que pido es que se cuide. No le exijo nada más.—El señor Cha movía la cabeza indicando que estaba totalmente de acuerdo conmigo—. Tiene problemas de espalda que a los cuarenta y cinco no debería tener, no quiero que tenga que lidiar con problemas peores. Él es lo único que tenemos mis hermanos y yo. Sé que ya soy una adulta, pero yo lo sigo necesitando.—Su mirada se suavizó más y apretó los labios con una sonrisa tranquilizadora.

—Como hija, entiendo tu preocupación, yo también tengo dos hijas mujeres, y como jefe, te prometo que no voy a permitir que nada malo le pase a tu padre.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 23.02.2026

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