Uri, en otro idioma | Ariana Medina

6

El secreto más lindo

Salí de la casa lo más rápido que pude mientras Rachel me gritaba que me detuviera.

Tenía que ser una broma. Una maldita e insignificante broma. ¿Cómo pudieron hacerme esto?

Ella logró agarrar mi brazo y me giro para que la mirara.

—Ivy, déjame explicarte, por favor.—Sus palabras eran desesperadas, pero por el momento no podía ni quería perdonarla.

—Es mi hermano, Rachel. ¿Cómo pudiste?—No tenía que usar la palabra «estoy decepcionada» porque era más que evidente, y ella lo sabía.

—Esto no se trata sobre ti, no se trata de lastimarte a ti.—Me aclaró, pero claro, ella se mete con mi hermano, en la cama de mi hermano, y espera que yo reaccione como si fuese la mejor noticia del mundo.

Negué restándole importancia por el momento.

—Busca la manera de ir a la empresa, es mejor que nos separemos por ahora.

La dejé sola y subí al auto.

Mientras conducía trataba de no perder la cabeza, mi mano temblaba un poco cada vez que tocaba la palanca de cambio. ¿Cómo...? ¿Cómo pudo hacerme esto? Es mi mejor amiga, conoce a mi hermano desde que él tenía diez, ¿desde cuándo pasó esto? Dudo que haya pasado de la noche a la mañana.

Mi respiración se hacía cada vez más rápida, frené justo en la empresa, y lo hice con tanta brusquedad que casi choqué mi frente con el volante. No me había dado cuenta de que iba tan rápido, ni siquiera de que ya había llegado, supongo que frené por inercia. Levanté la cabeza del volante únicamente cuando alguien tocó la ventanilla del lado del acompañante.

—Ivy, ¿estás bien?—Pregunta Do-hee con tono de preocupación. Asentí y bajé la ventanilla.

—Sí, solo... me mareé.—No era mentira, y puede que eso se deba a que no comí nada, y también al shock que recibí.

Agradecí a Dios que justo en ese momento papá se había llevado a Maddie a la escuela, de lo contrario, ni siquiera estaría fuera de la empresa, porque seguiríamos discutiendo.

Do-hee se subió al auto y me acompañó al estacionamiento.

—Rachel se acostó con mi hermano.—Solté sin que ella preguntara nada, su cuerpo se había tensado y se giró a verme.

—Ahh...—Suelta sorprendida.

—Es que... Puede que estén enamorados, no lo sé, simplemente... desearía que no fuera mi hermano, porque se conocen desde niños, y ella es mucho más grande que él.—Mi compañera pone su mano en mi hombro y me regala una sonrisa cálida.

—El amor es inevitable y en ocasiones inesperado. Pero no tienes que angustiarte por eso.

Bufé y acerqué mi frente al volante.

Do-hee me animó a que ingresemos a la empresa, ya había empezado nuestro horario, y que si trabajaba me sentiría mucho mejor. De verdad espero que eso sea cierto.

Estaba sentada en mi escritorio y aún así me temblaban las piernas, mi corazón se aceleraba y también sentía cómo las letras en la pantalla se me hacían borrosas. Suspiré y tomé un poco de agua. Cada vez que trataba de escribir mis manos me temblaban, los dedos no podían enfocar las letras del teclado, y tenía demasiado frío.

Sé cuál es la solución para eso. Café. Mucho café. Salí sin tomar nada entonces debe ser que ya me hace falta, como si fuera algo sumamente necesario.

Incluso mientras servía la infusión en mi taza me temblaban las manos.

—Ivy...—Rachel se hace notar, yo suspiré sin decirle nada—. ¿Podemos hablar?—Se puso a mi lado.

De hecho, quería preguntarle algo, así que la encaré.

—¿Desde cuándo?—Mi mirada se endureció.

—Desde... los veintitrés.—Solté una risa irónica.

—¡Tenía diecisiete!—Alcé la voz sin poder evitarlo.

Esto ya estaba rebalsando todos los límites. Ella estaba yendo demasiado lejos.

—Lo lamento, sé cómo se oye pero...

—¿Lo mantuviste en secreto todo este tiempo?—Mi voz salió vulnerable, ella agachó la mirada y me dio un gesto afirmativo.

—Ivy...

—Demonios... ¡Perdiste totalmente la razón! Te acostaste con mi hermano a mis espaldas durante cinco años, ¿cómo podías verme a la cara mintiéndome así?—La decepción que sentía jamás la había sentido.

—No era solo eso.—Confiesa con los ojos llorosos.

Su mirada decía todo, sin necesidad de que las palabras lo hicieran. No pude evitar soltar una mueca irónica.

—Tú... Te enamoraste de él.—Mi voz salió más débil de lo que pretendía.

—Solo... pasó.—Fue su excusa. Volví a ponerme frente a la mesa y le agregué azúcar al café. Las manos seguían temblándome.

—Eres mucho más grande que él, era un niño.

—Pero ya no lo es, y la diferencia de edad no es un problema.—Volteé los ojos todavía sin creerme esto.

—¿No? Claro que lo es.—Quiso decir algo más pero negué sin ser capaz de seguir con esta conversación, deberíamos estar trabajando, no discutiendo.

—Ivy...

Me di la vuelta con el café en la mano y sin querer choqué contra un señor, volcando toda la bebida en su camisa. La taza se había roto en el suelo y yo tapé mi boca. Los nervios seguían creciendo y yo ya no sabía cómo más actuar.

—Lo... lamento.—Mi voz salió entrecortada y mis ojos empezaron a acumular lágrimas.

—Papá ¿estás bien?—Le dice Da-eun sorprendida y shockeada.

Era mi fin, puede que ella sea agradable, pero su padre es alguien con más poder... y su mirada demostraba lo descontento que estaba con la situación, más una mueca de dolor por el café caliente.

Empecé a hacer inclinaciones hacia adelante mientras me disculpaba.

—En mi oficina hay camisas de más, tío, ve, búscalas y cámbiate.—La dureza del director hacia su tío me sorprendió, no parecía enojado por mí, sino que le habló con frialdad, como si no fuera nada del otro mundo lo que yo había hecho.

—Esto es tu culpa, por contratar a gente tan incompetente para trabajar aquí.—Lo señala y yo agaché la cabeza con pena.

Pudo haberle hablado en coreano, pero estoy segura que no lo hizo porque quería que yo escuchara cada una de sus palabras.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 23.02.2026

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