Uri, en otro idioma | Ariana Medina

7

Sarang

Salí a correr como todas las noches, el río Han como siempre, no me decepcionaba con su belleza, era un placer verlo mientras la corriente avanzaba y el viento soplaba en mi cabello, que esta vez lo deje suelto, porque eso también era lindo. Sentir la brisa en mi rostro y pelo, darme cuenta de que es real, de que estoy viva. Eso es un milagro hermoso.

—Deberías estar descansando, acabas de salir del hospital.—La voz del director a mi lado ya era costumbre, no me sobresalté como lo hubiese hecho en otras ocasiones.

—Estoy bien, por eso salí a correr, de no estarlo, no lo hubiera hecho, de eso puedes estar tranquilo.—Le dije con calma para que deje de preocuparse.

Empezamos a caminar, de hecho, yo lo seguía a él, porque no tenía idea de qué hacer ni de a dónde nos estábamos dirigiendo, podías caminar tranquilo porque las calles estaban completamente iluminadas, lo que provocaba que la noche no sea tan siniestra.

Había una tienda donde vendían peluches, mis ojos se iluminaron.

—Guau, siempre quise un peluche grande, sé que ya no soy una niña, pero me encantan, son muy hermosos.—Pensé en voz alta mientras mis palabras salían con suavidad al mismo tiempo que observaba el sitio.

—¿Te gustan?—Asentí y giré mi cabeza para verlo.

—Sí, mis padres jamás pudieron comprarme uno, y ya después crecí y nunca pude tenerlo.—Estaba empezando a ponerme nostálgica.

—Yo lo voy a elegir.—Me advierte y entra en la tienda sin darme tiempo a objetar, me quedé mirando en su dirección mientras él se alejaba y el pasmo en mi rostro se hacía visible, ¿iba a comprar uno?

Elevé una de mis comisuras y no pude evitar soltar una risita incrédula. Él empezó a hablar con el vendedor y después señaló a uno de ellos, negué con una sonrisa.

—Está loco.—Susurré con una sonrisa sin poder creerlo.

El que eligió, era un panda de peluche, no gigante sino mediano, y ese era exactamente el que quería. Se acerca y me lo tiende.

—Ten.—Lo tomé entre mis brazos y le sonreí, otra vez, él no me copió.

Creo que al fin tengo que resignarme, ya que nunca voy a poder ver su sonrisa.

—Gracias, pero deberías dejar de hacer cosas por mí, de lo contrario nunca podré devolverte el favor.—Dije apenada. Aunque siempre mantenga ese gesto ecuánime conmigo, sus ojos y expresiones me demuestran que él es amable, y que vale la pena conocerlo.

—No tienes que hacerlo, me conformo con que me hayas dejado acompañarte.—Sonreí con los labios apretados. Esa respuesta no me la esperaba.

Volví la mirada al frente y alcé a mi panda. Ahora que al fin tengo uno, necesito ponerle un nombre.

—¿Qué nombre podría ponerle? Me gustaría que al nombrarlo, se sienta algo bonito.—Lo abracé con fuerza como si volviera a ser una niña pequeña, llena de ilusión.

Sarang.—Su voz fue apenas entendible, lo miré y él ya me estaba viendo.

—¿Qué significa?

—Amor.—Mientras lo veía, mi corazón se aceleró un poco. Qué digo un poco, demasiado, parecía que tocaban unos tambores con tanta brusquedad que incluso me generaba desesperación.

Quité la mirada.

Sarang.—Repetí pensativa y después sonreí—. Me gusta.—Susurré—. Dime algo en coreano.—Le pedí.

Sarangeun ne nuneso boneun goya.—Ni siquiera tuvo que pensarlo.

—¿Qué?—Puse una expresión extraña ante sus palabras.

—Lo sabrás algún día.—Me dice y se adelanta.

Seguimos caminando un poco más y después dimos la vuelta hasta llegar a su auto, lo había dejado cerca del río.

—Gracias, estaba confundida y un poco molesta, pero el regalo y el paseo me hicieron sentir mejor.—Le confesé una vez que arrancó el auto, empecé a jugar con las orejas de mi peluche.

—¿Por qué estuviste así hoy en la empresa? Nos preocupamos.—Murmura con un dejo de ternura.

—Es que... una situación en mi casa se me fue de las manos, no supe cómo resolverlo y después... Lamento lo de tu tío, no tenías que enfrentarlo por mí, debería de haberle pedido disculpas.—Niega y estaciona el carro frente a mi casa.

—No, él es un tipo que disfruta ver a los demás humillados, no iba a permitir que una de mis empleadas pase por eso, mucho menos cuando se trató de un accidente.—Su tono fue demandante, pero me alegra haber escuchado esas palabras.

Hice una media sonrisa—. Gracias, director, nos vemos mañana.

Me bajé y él hizo lo mismo, cuando escuché la puerta del conductor me volteé.

—Me quedaré más tranquilo si mañana te tomas el día. Hoy tuviste mucho estrés.—Me comunica, y yo no pude evitar alzar las cejas con sorpresa.

—¿Seguro?—Él asiente y yo sonreí aceptando—. De acuerdo, muchas gracias, prometo compensar todo.

Él asintió sin más y cuando yo estaba por inclinarme para despedirme, él besó mi mejilla. Me sonrojé sin poder evitarlo.

—Nos vemos el viernes.

Cuando desapareció de mi vista, toqué la zona en donde todavía sentía su beso y una sonrisa se me escapó.

Apreté a Sarang como si fuese una niña a la que le habían regalado su peluche favorito y entré en la casa. Apenas dejé mis zapatillas, casi caí al suelo debido a que Maddie provocó que me asustara.

—¿Quién te dio eso? ¿De dónde lo sacaste?—Me interroga.

—Me... lo compré.—Mentí mientras arrastraba las palabras.

—¡Papá!—Grita ella—. ¡A Ivy le obsequiaron un oso de peluche!—La callé antes de que se enterara todo Seúl, pero su grito atrajo la presencia de Matt, Rachel y mi padre. A los dos primeros me costaba verlos a la cara.

—Es mentira, lo compré yo.—Mis palabras se mezclaban al salir, como si quisieran escapar todas a la vez.

—¿Tú? ¿Por qué comprarías eso?—Pregunta mi hermano con rareza.

—Porque siempre quise tener uno de estos y mamá y papá jamás pudieron comprarlo, y yo merezco comprarme lo que me gusta, que para eso trabajo.—Le respondí con firmeza.

Con Matt no tuve tiempo de hablar, y Rachel ni siquiera me decía nada, cada vez que la miraba ella me esquivaba. Papá y Maddie por supuesto que no saben lo que yo sí, y tengo que lidiar con esto sola.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 10.03.2026

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