Uri, en otro idioma | Ariana Medina

8

No vayas con él

La noche estaba repleta de estrellas, la luna llena alumbraba toda la ciudad con una belleza inigualable, y yo estaba sentada en un banco en el parque, mi teléfono estaba en mis manos mientras tenía el número del director puesto en la pantalla, como si observándolo pudiera hacer que él me hablara.

—Hola... director.—Mi voz tembló al principio, solamente era su buzón, así que me tomé mi tiempo. Suspiré y seguí—. Ya pasó una semana, me preocupa que estés en problemas por mi culpa, por favor, llámame en cuanto escuches esto. Quiero saber que todo está bien. Bueno... No quiero molestarte porque sé que debes de estar trabajando así que..., espero que lo hagas pronto. Simplemente... Necesito que me des señales de vida.

Miré la pantalla y lo apreté entre mis manos. Sin más remedio finalicé la llamada.

—¿Tienes problemas en el trabajo?—La voz de mi hermano me generó un sobresalto. Se sentó a mi lado y yo suspiré con la mirada perdida al frente.

—No, estaba llamando a mi jefe porque hace una semana que se fue a Estados Unidos y dejó a su prima al mando, pero no sé nada más.

Él asiente y me di cuenta que no le importaba en lo absoluto, llevaba enojado conmigo una semana, desde ese momento esta es la primera vez que me habla sin mostrarse molesto. Y sé que tenemos que hacer las pases.

—Matt...—Él suspira.

—Lo sé.—Suelta como si estuviese cansado—. Estoy enojado contigo todavía, pero papá está preocupado porque trabajaste duro toda la semana.

Asentí y volví al frente. Aunque no quería tener esta conversación, sé que él la necesita, y también sabía que en algún momento iba a tener que hacerlo.

—¿Te gusta?—Empecé, nuestros ojos se encuentran y pude ver cómo los suyos brillaban de sorpresa.

—Mucho.—Fue su respuesta, ni siquiera pensó antes de responder, y ahí tuve mi propia respuesta. Vuelve a suspirar, rasca su frente con su dedo pulgar y se gira un poco para verme—. Me gusta desde que tengo quince, jamás estuve con nadie porque me hice la promesa de que con la única persona que iba a estar era con ella, así sea que tuviera que esperar hasta los treinta, me prometí que la iba a conquistar. Y lo hice. —Me lo quedé mirando atónita mientras parpadeaba varias veces. Yo no podía luchar contra eso—. Y tú sabes que la mayoría de las promesas que hago las cumplo, y no me rendí.

Moví la cabeza hacia los costados como si fuese una locura.

—Sigue pareciéndome demasiado la diferencia de edad, pero..., si a ti te gusta y te hace feliz, no voy a luchar contra eso, porque sería echar a perder la felicidad de dos personas sumamente importantes para mí.—Le sonreí con los labios apretados y él me observó unos segundos más, creyendo que había alguna trampa en mis palabras.

Creí que iba a estar feliz al saber que no voy a oponerme más, pero no era todo. Después de sonreírme agradecido, dijo algo más:

—Ivy, no es de lo único que quería hablarte.

Asentí. Al escuchar cómo suspiraba, me di cuenta de que había algo más que tampoco andaba bien.

—¿Por qué jamás has salido con nadie?—Me esperaba cualquier tipo de pregunta, incluso... me temía que me preguntara algo sobre chicas, pero no eso. Apreté los labios y los moví hacia el costado, pensativa.

—Supongo que por miedo a que no sea como lo esperaba.—Nunca era sincera con él respecto a lo que sentía, y si él lo fue conmigo, no puedo hacer otra cosa que también ser sincera.

—¿Te puedo dar un consejo?—Acepté moviendo la cabeza con afirmación—. Nunca le tengas miedo al amor, porque tenerle miedo al amor, es como tenerle miedo a la vida. El amor hará que seas mucho más feliz de lo que afirmas ser ahora.

Apreté los labios mientras pensaba en sus palabras, agaché la cabeza con pena.

—Ni siquiera sé lo que es el amor, Matt.—Mi voz sonó apagada, y estaba a punto de quebrarse, pero pude confesarlo antes de que eso pasara.

Es verdad, no sé lo que es eso, pero sí sé que puede doler, y es a lo que le tengo miedo. Que duela tanto hasta que sienta que no puedo respirar, porque aunque no conozco el sentimiento, lo he visto demasiadas veces a mi alrededor.

Suspira y alza la cabeza hacia el cielo nocturno.

—Lo diré en tu idioma—no sabía qué quería decir con eso exactamente, pero sonreí—, casualmente lo leí un día, no hace tanto.—Asentí y esperé a que dijera algo más—: el amor es como leer tu libro favorito. Quieres leerlo mil veces, sin importar que ya te lo sepas de memoria. La historia se reproduce en tu cabeza todo el tiempo, no a propósito, pero te agrada que permanezca allí, contigo. Lo cuidas, lo proteges, esperando que nada malo le pase. Y sabes que si encuentras un nuevo libro que ames, ninguno podrá reemplazar a tu favorito. Creo que eso es lo que significa. Por Dios, Ivy, te he visto leyendo cien veces Orgullo y Prejuicio y jamás te cansas de él, así es el amor, no importa que tanto lo leas o lo conozcas, jamás vas a cansarte.

Siempre digo que él es un niño... y resultó ser mucho más maduro que yo, hasta me da consejos, y me habla de lo que significa el amor.

Sonreí mientras bajaba la mirada.

—Supongo que tengo miedo de querer.—Mi voz sonó más baja. Toma mi mano y la sostiene apoyado en mi pierna.

—No sientes nada por el de la cita a ciegas —adivina—, ¿por qué sigues saliendo con él si es obvio que no tiene sentido?

—Supongo que... Si no me gusta, si no tengo interés..., no va a doler el día en el que decida que ya no le agrado, o que se haya cansado de mí, es por eso que prefiero salir con él, que me agrada, y no con alguien que me gusta.

Sus ojos se abren como plato.

—¿Te gusta alguien?—Lo miré y negué casi sin pensar.

—Es algo que te estoy comentando, nada más.

—Cuando te guste alguien, ya vas a saber lo que es sentirte amada. Vale la pena.

Eché una risita mientras recordaba y pensaba en que Rachel y él sí son tal para cual.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 10.03.2026

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