Celos
Tae-hyun
A pesar de que le pedí que se quedara no lo hizo. Se fue con él, me dejó solo mientras yo pensando lo peor. Apreté el manga que estaba leyendo y después lo cerré con fuerza mientras maldecía al idiota de Park Ji-ho.
¿Por qué tuvo que asistir a esa cita a ciegas? ¿Cuál es su prisa por conseguir pretendiente? ¿Por qué tiene que ser él? Mi abuela adora a ese bastardo, a mí jamás me vio con tanto orgullo y cariño como lo ve a él, y su padre no deja de presumirme, y siempre que me ve deja en claro lo mucho que me admira.
—¿Puedo quedarme contigo?—Pregunta Da-eun provocando que saliera de mis atormentados pensamientos. La miré con las cejas fruncidas—. Peleé con papá, otra vez, y no quiero verlo por ahora.
—Como quieras.—Le resté importancia—. Quédate el tiempo que desees, pero no me molestes porque tengo mucho trabajo.
Me levanté y sentí un golpe en el trasero, había sido ella. La miré con mala cara.
—Eres demasiado amargado para tu edad, a los treinta ya vas a tener el cabello blanco de tantas canas.—Frunce los labios divertida.
—Déjame tranquilo.—Me toma del brazo y me examina.
—¿Qué te pasa?—Suspiré y no pude evitar pensar en lo molesta que es.
Me señala y a medida que iba acercando su dedo a mí yo alejaba mi rostro.
—Tus ojos... Estás deprimido.—Negué y bajé su dedo—. Celoso.—Adivina con una sonrisa ladeada.
—Estoy perdido, y tú estás provocando que sea aún más jodido de lo que ya es, así que déjame tranquilo.—Refunfuñé y ella me obliga a sentarme de nuevo en el sofá.
—Cuéntame. Sabes que puedes ser honesto conmigo.—Suspiré y me restregué la cara.
—Si no somos nada... ¿Por qué estoy celoso?—Ella hace una sonrisa tranquila y acaricia mi brazo.
—Porque donde hay celos hay amor.—Fue su respuesta.
Creí que todo estaría bien, que si la trataba como una empleada más todo pasaría, pero no pude hacer eso, era imposible tratarla como alguien más.
—¿Te da celos su cita a ciegas?
La miré con desagrado.
—Tú ya sabías quién era.—La acusé. Ella asiente.
—No te lo dije porque no respondías mis llamadas cuando te fuiste a Estados Unidos, porque llamé demasiadas veces para decirte, no es culpa mía.—Se excusa y después me señala.
Cierto, mi teléfono se había roto en el accidente, no pude decírselo, no era capaz.
No dije nada más y me acosté sobre mi espalda en el sofá, ella me obligó a recostar la cabeza sobre sus piernas para que estuviese más cómodo.
—Ay... Cielo... Ojalá las cosas fueran fáciles, pero no lo son.—La escucho decir mientras mantenía mis ojos cerrados, ella acaricia mi frente—. Ojalá no te viera sufrir nunca.
Un nudo se me hizo en la garganta. Prácticamente le rogué, dejándome demasiado expuesto, que no se fuera con él, que se quedara conmigo, pero eso no bastó para que me eligiera. Y el detalle del vestido... De lejos podía apreciar cómo se iluminaron sus ojos al verlo, y supe que para ella no era solo una simple prenda como me quiso hacer creer, fue por eso que lo había comprado, quiero que lo use en nuestra primera cita.
Algún día, prometo invitarla a salir, quitándome por completo el traje de jefe, y poniéndome en los zapatos de un chico completamente normal, porque eso es lo que planeo hacer. Cuando cumpla con mi objetivo. Hacer que mi abuela me vea como un sucesor digno, y no como el asesino de su hijo.
***
Ivy
El vestido era sencillo pero con un aire elegante que me encantaba: la parte superior negra, ajustada y de tirantes anchos, contrastaba con la falda en corte campana, cubierta de líneas blancas onduladas que parecían pequeños trazos de pincel sobre el fondo oscuro. Lo había combinado con un collar dorado de diseño geométrico, que caía justo en el centro de mi pecho, y unos aros que brillaban suavemente cuando movía la cabeza. El toque final lo daban los zapatos: unos tacones altos color champán con destellos finos que se ajustaban con una correa delicada alrededor del tobillo. Eran el tipo de zapatos que te obligaban a caminar con seguridad, como si cada paso marcara presencia. De maquillaje lo único que utilicé fue un labial rojo, con mis dedos lo había difuminado para que no sea tan extravagante.
En nuestro tiempo libre, Da-eun nos enseñaba a Rachel y a mí a maquillarnos como las coreanas, el maquillaje que utilizan es asombroso.
Apenas llegué a la empresa y apreté el botón para cerrar con el seguro, el director se presentó a mi lado.
—¿Tienes mucho trabajo que hacer?—Fue lo primero que dijo. Yo me lo pensé unos segundos y después terminé negando—. Bien, vamos.—Me ordena y con la confusión plasmada en mi mente lo seguí.
Subí a su lado en el auto y me puse el cinturón de seguridad, mi mirada estaba al frente, como si tuviera anteojeras de caballo que me impedían ver hacia los costados, me mordía el labio nerviosa, pero tampoco le dije nada, permanecí en silencio todo el viaje.
—Vamos a la biblioteca que pertenece a nuestra empresa. Hace mucho que no voy y tengo que ver cómo están las cosas por allá.—Asentí en silencio.
—¿Queda muy lejos?—Niega.
—No, a quince minutos.
Vaya, quince minutos en el mismo vehículo con él, rodeada de un silencio incómodo.
—Director...—Apreté mis labios unos segundos antes de seguir—. ¿Estás bien?—Me mira con el ceño fruncido y después volvió al frente.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Ah.—Dije mirando hacia el frente—. No, es que... Creí que estabas molesto conmigo, no sé... ¿Hice algo que no te gustó?
—Ah.—Ahora es él quien se queda recapacitando—. Me disculpo si mi forma de hablar fue brusca, es que iba con prisa, tengo que volver a la empresa para el mediodía.—Asentí con más tranquilidad.
—No te preocupes, quería aclararlo porque si cometí algún error no iba a parar hasta remediarlo. Gracias por la aclaración.—Él asiente y continuamos el viaje en silencio.