Uri, en otro idioma | Ariana Medina

10

Incendio

Llegué a la empresa e hice lo de siempre; registrarme, subir al ascensor e ir hasta mi escritorio. Todos y cada uno de los movimientos que hice fueron por inercia, ya estaba acostumbrada, por eso cuando salí de mi trance y vi hacia mi lugar de trabajo, quedé inmóvil y con los pies anclados al suelo. Señalé el cúmulo de hojas que había en el escritorio.

—¿Y eso?—Mi voz había salido agotada, casi como un susurro.

Do-hee y Rachel se levantaron de sus asientos para acercarse a mí.

—El director te dejó todo ese trabajo.—Al escuchar a mi mejor amiga decir eso, me volteé a ella rápidamente.

—¿Qué?

—Ayer faltaste, dijo que era tu trabajo atrasado.—Le sigue Do-hee.

—Porque era mi día libre.—Me esforcé por no gritar cómo loca—. Incluso lo encontré en la calle, él no había dicho nada.

—Amiga...—Me llama Rachel con una mueca de disculpa, como si se compadeciera de mí—. El director quiere que termines al menos tres libros para mañana, no hace falta traducirlos al coreano, basta conque sea en inglés.

Abrí los ojos con sorpresa e indignación.

—¿Tres?

Dirigí mi vista nuevamente hacia la montaña de manuscritos. Habían mínimo trescientas hojas por libro, ¿cómo se supone que lo haga?

Está loco.

—¿Alguna puede...?—Ambas niegan al unísono.

—Dijo que tenías que hacerlo tú sola.—Apreté los labios con furia contenida y me dirigí al escritorio.

Sé que no estoy pensando con claridad, pero no lo soporto. Muchos dicen que la paciencia tiene límites, pero conmigo no los tiene, justamente, porque no la tengo.

¿Quién entiende a este tipo? ¿Por qué un día es amable y al otro se comporta con un cretino? o peor, decide explotarme en el trabajo. ¿Quién se cree que es para jugar así conmigo? No soy una máquina, ¿qué clase de orden laboral es esa?

Si esto es lo que quiere, bien. Se lo voy a dar.

Imprimí el papel y yendo en dirección a su oficina me choqué con Da-eun.

—¿Todo bien?—Pregunta ella un poco confundida.

—¿Dónde está el director?

—En su oficina...—Asentí sin darle tiempo a seguir hablando y sin tomarme la molestia de golpear, pasé como alma que lleva el diablo.

—¿No sabes tocar?—Pregunta quitándose los lentes.

—¿Cuál es tu problema?—Me crucé de brazos.

—¿A qué te refieres?—No. Conmigo no funciona el hacerse el idiota.

—¿Por qué hay tantos papeles en mi escritorio?—Señalé hacia un costado.

—¿No es obvio? Trabajo.—Su expresión seria me ponía de malas—. Porque a eso vienes, a trabajar.—Su voz en este instante me parecía molesta, sobre todo porque la obviedad con la que decía las cosas me hacían cabrear todavía más.

—¿Qué te crees que soy, una máquina?—Le reproché, mi voz salía cada vez más fuerte.

—No, pero si te apresuras, para mañana tendrás todo lo que te estoy pidiendo, sin embargo, no haces más que venir a mi oficina y perder el tiempo.

—¡¿Perder tiempo?! ¡¿Quién te crees que eres para venir a hacer que lea más de novecientas páginas para mañana?!

—Tu jefe.—Comenta sin problema—. Y si no bajas el tono, voy a tener que suspenderte por grosera e insolente.—Hoy me convertía en asesina.

—¿Por qué me haces esto?—Lo encaré acercándome un poco más.

—No te confundas, tú y yo no somos amigos, así que deja tus insultos para quien tenga ganas de escucharlos.—¿Por qué me habla así?

—Sí, me confundo, porque tú eres el que no tiene las cosas claras, ¡deja de volverme loca! ¡No soy una máquina que puedes explotar y que no se agota!

—Si crees que esto es demasiado para ti, ahí está la puerta.—Señala detrás de mí. De todas las cosas, jamás me imaginé que diría eso.

—¿Quieres despedirme? ¡Anda, despídeme. Hazlo!—Lo reté.

—No, no. No tiene por qué hacerlo, Ivy.—Interviene Da-eun.

Si no hubiera abierto la boca, jamás me hubiera dado cuenta de que estaba a mi lado.

—Tienes razón.—Acepté un poco agitada—. ¡Ten mi carta de renuncia!

Golpeé contra su pecho el papel que había impreso hace unos cinco minutos.

—¿Eso es lo que quieres? ¿Que renuncie? ¡Créeme que lo hago!

Su prima trataba de contenerme tomándome del brazo.

—Haz lo que quieras.—Entonces, enloquecí más.

—Luego hablo contigo.—Lo señala Da-eun y me lleva a mí fuera de la empresa mientras yo no dejaba de gritar que si lo que quería era despedirme, que lo hiciera.

—¿Te volviste loca? ¿Cómo vas a hablarle así?—Me regaña Rachel.

De tanto alboroto estaba agitada y un poco despeinada, por lo que empecé a remover mi cabello.

—Me pasé, ¿no?—Ambas asienten con lentitud.

—Yo voy a hablar con él, no sé por qué se comporta así, pero quédate tranquila, haz lo que tengas que hacer, te aseguro que no va a pedirte todo eso para mañana.—Me asegura Da-eun con tranquilidad.

Se despide de nosotras y vuelve a entrar a la empresa, Rachel no dejaba de frotar su mano en mi brazo para calmarme.

—¿Le hiciste algo?—Me pregunta con curiosidad. La miré detenidamente.

—¿Yo?—Negué, ella asiente—. No, lo único que hice fue existir, pero parece que ya no me soporta.

No lo entiendo, ayer dijo que descansara y que no me exigiera demasiado, y ahora es él el que me exige como si yo pudiese con todo sola, porque ese trabajo solíamos hacerlo Do-hee y yo en dos semanas, y pretende que lo haga todo yo en tan solo un día.

Tae-hyun

—¿Qué te sucede?—Pregunta Da-eun cerrando la puerta detrás suyo.

Fui muy brusco, en cuanto vi que ella se llevaba a Ivy me arrepentí de inmediato.

Es que... El solo hecho de recordar como permitía que ese idiota se acercara a ella y tratara de... O si lo hizo, no lo sé. Fue como si me clavaran algo en el pecho por lo que no pude seguir viendo la escena. Sé que es patético comportarme como un patán simplemente por celos, pero no pude evitarlo.

—¿Es por lo que me dijiste ayer?—Se acerca cautelosa, yo alcé la mirada y vi sus ojos interrogativos.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 10.03.2026

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