Deseos
Apenas abrí los ojos, lo primero que vi fue a mi oso panda de peluche, aquel pequeño y encantador objeto fue lo que provocó que abriera los ojos de repente, creyendo que estaba soñando.
—Amor.—Rachel y Maddie me abrazan con fuerza.
Yo seguía sin hablar, miraba a mi alrededor como si me costara adaptarme al ambiente.
—¿Cómo te sientes?—Me pregunta Da-eun. Asentí en respuesta, fue lo único que pude hacer.
La escena del incendio venía a mí como un flashback. El director... ¿volvió por Sarang? No... No entiendo. La casa se estaba derrumbando, y él... corrió riesgo de morir, ¿por qué haría eso?
—Mi primo está loco.—Comenta Da-eun como si leyera mis pensamientos al mismo tiempo que miraba el peluche—. Pero... al menos sirvió para demostrar que después de todo mi abuela se preocupa por él. No lo dijo, pero lo vi en sus ojos cuando él decidió regresar a la casa completamente en llamas.
Mis ojos se abrieron como plato. No tenía idea que la presidenta había estado presente.
—¿La... presidenta...?—Arrastré la pregunta aunque no pude terminar de hablar. Da-eun asiente.
—Cuando Tae-hyun me llamó para que me hiciera cargo de la empresa ya que estaba yendo contigo a tu casa, la presidenta estaba conmigo, ella misma decidió que vayamos a ver qué tan grave era el asunto y que ayudemos en lo que podamos.
«¿Qué tan grave es el asunto?» ¿Qué tan grave puede ser un incendio? En mi cabeza esas palabras sonaban con ironía.
—Amiga, te desmayaste justo antes de salir de la casa, él te cargó y cuando estuviste fuera de peligro fue a buscar al oso.—Empieza a contarme Rachel.
—Sí, y como no habían ambulancias libres te llevó él hasta el hospital en su auto, conduciendo lo más rápido posible.—Sigue Maddie. Parecían estar contando un chisme súper secreto.
—¿Todos están bien?—En el momento en que las tres asintieron, la presidenta junto al padre de Da-eun entraron en la habitación.
—Me alegra que ya haya despertado, señorita Reed, espero que tenga una pronta recuperación.—Asentí en agradecimiento un poco tímida. Su mirada me causaba escalofríos.
—Ivy...—La voz rota de Maddie llamó mi atención—. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Tenía ganas de derrumbarme y ser honesta; no sé. Esa es la verdad. No sé qué vamos a hacer. Por primera vez siento que no puedo hacerlo sola, siento que necesito ayuda, pero si llegara a derrumbarme y dejar que el miedo y todo esto me afectara, ellos van a quedar a la deriva. Porque cuando me derrumbó me cuesta mucho levantarme, y no quiero que eso me pase ahora que ellos me necesitan fuerte.
—Vamos a estar bien.—Le aseguré aunque ni siquiera yo sabía si era del todo cierto.
A los único que no había visto todavía era a papá, Matt y el director.
—Tae-hyun pagó esta sección especial del hospital para ti, para que recibas los mejores cuidados.—Me comenta su prima.
¿Él hizo eso? No sé por qué no me sorprende.
—Por supuesto—Afirma la presidenta con su tono tan determinado—. Eres una empleada de nuestra empresa, por supuesto que no vamos a permitir que tengas un cuidado como las personas comunes.
Este pensamiento no lo dije en voz alta, pero faltaba que dijera que no iba a aceptar que una empleada de su empresa recibiera cuidado de pobre. Porque yo le hubiese dicho a mi papá que aceptara únicamente una habitación compartida con otro paciente, a mí me da exactamente lo mismo.
Sin embargo, me limité a hacer una leve inclinación desde mi lugar y le sonreí en agradecimiento.
—Si decimos la verdad, el dinero no salió de los fondos de la empresa, sino del bolsillo de Tae-hyun.—Le responde Da-eun con autoridad.
—¿Y por qué crees que Tae-hyun tiene esa cantidad de dinero en su cuenta?—Le reclama su padre.
—Gracias a su trabajo duro.—Sin embargo, las respuestas de Da-eun no titubeaban, ella los enfrentó como una leona.
Tanto su padre como la presidenta se quedaron callados, y yo me levanté de mi lugar mientras las chicas me ordenaban que volviera a la cama.
Cuando salí de la habitación pude observar que el director estaba firmando unos papeles como se le fuera posible porque tenía una mano vendada. ¿Se habrá lastimado por culpa mía? Me acerqué a él cuando sus ojos me detectaron. Le dediqué una sonrisa ladeada.
—Fuiste muy valiente.—Fue lo primero que dije—. Y aún así...—solté un suspiro—, estás herido por culpa mía.
Niega—. Me alegra que estés bien, y no, no es culpa tuya, lo que pasó fue un accidente, y me alegra que nadie haya salido herido.
Mientras sus palabras salían de su boca con dulzura, yo me dediqué a examinarlo con la cabeza de lado. Al notar mi forma de mirarlo, clavó en su rostro una expresión confundida. Me daba gusto que tuviera más emociones que expresar. Acerqué mi mano hasta su pómulo y limpié el poco de suciedad que traía en él. Su piel era cálida, estaba ardiendo, y si no estuviese viendo que lucía bien, creería que tiene fiebre. Sus mejillas también estaban sonrojadas, y sus ojos..., era como presenciar un atardecer.
No sé por qué hice eso, pero al ver detrás suyo cómo se acercaban mi padre y mi hermano, bajé la mano, sintiéndome un poco nerviosa.
—Gracias de nuevo, director.—Le agradece mi padre con una sonrisa.
—Gracias.—Mi hermano también agradece pero él le da una palmada en el hombro.
Yo lo fulminé con la mirada. No es su amigo para hacer eso.
—No hay problema, en la empresa somos una familia, era inevitable, no iba a quedarme sin hacer nada.—Esas palabras las dice viéndome a mí.
—Ya eres un buen líder, primo. Serás un excelente sucesor.—Lo elogia Da-eun con un apretón en su hombro.
—¿Quién te dijo que él será el sucesor?—La voz de la presidenta detrás mío hizo que todos volteáramos hacia ella.
El director apretó su mandíbula y respondió con autoridad.
—Nada de lo que hice tiene que ver con eso. Lo hizo Tae-hyun, no el director de la empresa Mirae.—Sus palabras bien pronunciadas y sin titubear me sorprendieron—. Lo que hice lo hice como una persona completamente normal, sin ningún título.