Joh-ahae
Llegué a la empresa y dejé el bolso sobre mi escritorio, Do-hee se levanta de su asiento para acercarse a mí.
—Alguien te está esperando en la oficina del director, él todavía no llega.—Me susurra y yo miré en dirección a su oficina.
Le agradecí con una sonrisa amable y me fui a ver a cuya persona me estaba esperando. Cuando entré y alcé la vista pude ver a Ji-ho esperándome. No tarda en sonreírme.
—Hola.—En vez de una inclinación me da un beso en la mejilla.
—Hola.—Respondí sorprendida.
—Lamento lo que sucedió el otro día con Tae-hyun, él suele alterarse cada vez que me ve, y supuse que fue doble shock cuando me vio contigo, por eso discutimos un poco.—Confiesa.
—Entiendo.—Acepté.
Me había molestado el hecho de que se haya burlado de los padres fallecidos del director, debió ser horrible para él.
—Sin embargo...—Acorta la distancia y acaricia mis brazos—. Quería venir a saludarte.—Su voz se hizo más baja.
—Ahh...—Solté con nerviosismo—. Me parece muy lindo de tu parte que quieras verme ahora pero... estoy trabajando...
—Puedes pedirle a Tae-hyun que te dé el día libre, tan buen jefe que es, no creo que tenga problema para hacer eso por ti.—Bajé la mirada de sus ojos y suspiré.
Prefiero terminar con esto ahora.
—Ji-ho...—solté un largo suspiro—. Deberías irte. Tengo que trabajar.—Le di la espalda para irme pero sostiene mi muñeca con fuerza.
—No dejarás que me vaya así... ¿O sí?—Otra vez suspiré—. Digo, vine hasta aquí solamente para verte. Sería descortés que dejes que me vaya.—Su tono no me había gustado, parecía lleno de soberbia. Me solté de su agarre.
—Lo lamento, pero tengo que trabajar.—Me sostiene con más fuerza.
—No me digas que todo esto fue en vano.—Suelta con ironía.
¿Todo esto?
—Salimos muchas veces y ni siquiera dejaste que te besara.—ahogué una risa sarcástica.
—¿Disculpa?—Lo que estaba escuchando era de no creer.
Suelta una pequeña risa mientras decía algo en coreano.
—Tú eres de las que todavía espera a un príncipe azul, ¿no?—Hice un sonido con mi lengua y rodé los ojos.
—No, me basta y me sobre con jamás volverme a cruzar con un idiota como tú.—Se acercó desafiante.
—Te enseñaré a no decirme más idiota.—Levantó su mano para golpearme pero el director lo empujó contra su escritorio.
—¿Estás bien?—Pregunta Sun-jae tocando mi hombro. Asentí mientras dirigía mi mirada al director.
—Parece que no entiendes cuando te digo que tu presencia me desagrada y que no quiero verte por mi lugar de trabajo.—El director se mantuvo sereno y con las manos en los bolsillos después de empujarlo. Ji-ho lanza una risita sarcástica.
—¿Qué pasa, Tae-hyun? ¿Son celos los que huelo?—Dice burlón.
—Espero que huelas la paliza que estoy a punto de darte.
—¿Tú? ¿Por qué me golpearías? Solo eres un pobre imbécil que se arrastra por siquiera un poco de amor de su abuela, cuando lo único que eres es su maldito perro.—Vi la expresión en el rostro del director, sus ojos se enturbiaron—. Agradece que tus padres no están aquí para ver la decepción en la que te convertiste. Tanto esfuerzo no valió la pena, porque siempre serás el responsable de todo, el niño que mató a sus padres.
A diferencia de la última vez, hoy el director no respondió nada, permitió que él se fuera. Pero yo no. Lo seguí hasta fuera de la oficina logrando la mirada de todos.
—¡Oye!—Alcé la voz para llamar su atención.
Apenas se volteó le di un puñetazo logrando que cayera al suelo. Los demás empleados no tardaron en murmurar. Me puse de cuclillas.
—No debiste meterte conmigo, yo no amenazo, yo acciono.—Hice referencia a las palabras del director. Él amenazó con darle un puñetazo pero no lo hizo, prefirió cuidar su lugar pero a mí esta vez no me importó poner en juego mi puesto en la empresa, defendí al director y a mí misma, quiero ver que se atreva a volver a pisar esta empresa.
—¿Te volviste loca?—Me levanté del suelo y cuando Ji-ho trató de hacer lo mismo, el director le volcó agua fría encima.
—Espero que te hayas enfriado, o de lo contrario, puedo traer más agua ya que te noto muy caliente.—Agaché la cabeza para poder reír por lo bajo.
Se levanta del suelo y cuando fue a encararlo, yo intervine poniéndome en medio.
—Vete, ya fue suficiente.—Le dije tajante.
—Vaya, no sabía que lo tuyo era el romance de oficina, me sorprendiste.—Se dirige al director y después se acerca a mi oído—. Eres una perra graciosa si creíste que puedes jugar conmigo.—El director lo apartó de un empujón mientras ese idiota seguía sonriendo.
Me acerqué de nuevo a él y le di una patada en sus partes sagradas.
—Te conviene no meterte conmigo, o de lo contrario, te enseñaré que tanto puedo llegar a morder.
El padre de Da-eun llegó y le pidió amablemente que se fuera y le aseguró que arreglaría las cosas.
—Ustedes tres, a la oficina.—Sun-jae, el director y yo lo seguimos.
Me quedé en medio de los dos chicos con la cabeza gacha, el director lo miraba fijamente y con la expresión dura, sin temer a sus palabras.
—¿Por qué cada vez que vengo a la empresa, siempre hay problemas, y siempre eres la responsable de ellos?—Se dirige a mí—. Si no me derramas café, humillas e insultas a un heredero de una de las empresas más importantes de nuestro país, y por lo visto, no te interesa.
Sun-jae y el director me protegen con sus cuerpos.
—No fue su culpa, ese idiota la estaba acosando.—Me defiende el primero.
—Ella no necesita guardaespaldas.—Les responde al mismo tiempo que los empujó a ambos para apartarlos de su vista y tenerme como blanco.
—Está bien, puedo defenderme sola.—Me crucé de brazos y me acerqué al señor Choi.
—Te lo dije mil veces, Tae-hyun, debes contratar empleados competentes, no que causen problemas.
—Y eso es lo que hago, ella es más competentes que muchos. Sin embargo, quien veo que no aporta demasiado eres tú.—Lo fulminó con la mirada.