Uri, en otro idioma | Ariana Medina

13

Confesión

Tae-hyun

Llegué a casa mientras Sun-jae me ayudaba a dar cada paso. Estaba destruido. Las piernas me dolían demasiado, como si agujas estuvieran clavadas en mi piel, la cabeza me retumbaba como si alguien estuviese tocando un tambor, también tenía hematomas por casi todo el cuerpo.

—Tranquilo, Hyun, solo es un poco de lluvia.—Da-eun trataba de hacer que guardara la calma—. Solo... piensa en lo que te haga feliz, piensa en algo bonito, y ven a casa, es sencillo.—Ella estaba más nerviosa que yo, trataba de disimularlo, pero siempre fue pésima para hacerlo.

Si me dieran la posibilidad de pensar solo en algo que me hiciera sentir en paz y tranquilo, pensaría en Ivy. Pensé en sus ojos. Antes de presionar el acelerador cerré los míos y los suyos me vinieron a la mente. Sus ojos y su sonrisa. Después una imagen completa de su rostro.

Abrí los ojos y empecé a conducir. Me sentía mejor

—¿En qué pensaste?—Pregunta mi prima. No respondí—. ¿En ella?

Hice un sonido afirmativo con la garganta.

—Bueno, no abandones la llamada, mantente conmigo.

No había pasado mucho tiempo desde que había arrancado el auto, cuando alguien me chocó de frente.

—Siéntate.—Me deja caer al sofá con cuidado mientras Da-eun se aparecía con una leche de fresa, mi favorita. Ella sí que me consiente a diario.

—Toma esto, te ayudará.—Sun-jae y Da-eun estaban parados frente a mí con una sonrisa.

—¿Qué?—Pregunté al fin.

—Solamente avísanos si necesitas algo.—Sugiere mi amigo.

—En vez de preocuparse por mí, deberían ir y hablar, llevan haciendo estupideces durante diez años, ya estoy harto de eso, hagan lo que tienen que hacer y resuelvan sus asuntos.

Necesitaba estar solo, y ellos dos evitan estarlo a toda costa. Ambos me observaron incómodos y les dediqué una sonrisa, como si no hubiese dicho nada de otro mundo. Desaparecieron de mi vista y yo me bebí la leche que mi prima me alcanzó.

Nunca había conducido en un día de lluvia, si tenía algo urgente que hacer llamaba a un chófer, jamás conduzco cuando llueve.

Mi cuerpo se paraliza, no puedo apretar el acelerador y mi corazón se altera como loco pareciendo que está apunto de darme un ataque cardíaco, cada vez que llueve y estoy en el auto, no puedo evitar recordar ese día como si fuera ayer, mi llanto, y las palabras de mi abuela.

«Choi Tae-hyun, no tienes derecho a llorar, esto es culpa tuya».

Saber que tampoco fue a verme al hospital, me hizo darme cuenta de que ella me sigue culpando. Todo lo que hice durante estos años para lograr su afecto y su perdón, fueron en vano. Suspiré y me levanté con dificultad del sofá, dejé la leche en la mesita de café y fui a mi cuarto para estar solo.

.

Ivy

El aire olía a hojas secas y a promesas nuevas. Se sentía en la brisa que entraba por la ventana.

Me puse el vestido de tejido blanco que tanto me gusta; es suave, como si abrazara mi piel en silencio. Las mangas largas me cubren justo lo necesario, y cada trenza del tejido parece contar una historia en relieve. Cuando me calzo las botas altas, siento que mis pasos suenan distintos, más firmes, más seguros. El marrón contrasta con el blanco del vestido y con mi maquillaje natural.

No hace falta que nadie me vea—me basta con sentirme bien así—, con esta mezcla de calor y frío, de nostalgia y calma. Quizás eso sea el otoño: una forma bonita de aprender a soltar, sin dejar de sonreír. Soltar aquello que duele, dar lugar a nuevos comienzos y nuevas oportunidades.

Rodé los ojos y me quité las botas al recordar que no podía estar con calzados en la casa y bajé las escaleras con ellos en la mano. Fruncí el ceño al escuchar a mi hermana sonreír de manera ruidosa y dejé mis calzados al costado de la puerta.

—¿Qué te sucede? ¿Por qué gritas?

—Estoy viendo un kdrama.

Rodé los ojos con diversión.

—Claro.—Murmuré.

Cuando escuché que estaban hablando en coreano alcé la vista y no vi ningún subtítulo.

—¿Entiendes algo sin la traducción?—Pregunté extrañada.

—Sí porque ya vi la serie, solamente la estoy repitiendo por dos cosas. Una: vale la pena. Y dos: al saber lo que dice, me sirve para practicar mi coreano.

Sonreí como si fuera divertido.

Joh-ahae. Neo joh-ahae.—Al oír eso alcé la cabeza hasta la televisión y Madds gritó emocionada.

—¿Qué... Qué dijo?—Pregunté señalando al chico.

—Me gustas. Tú me gustas.—Parpadeé varias veces.

—¿Qué?—Mi corazón se empezó a acelerar. Ella suspira y se voltea a mí.

Joh-ahae significa me gustas. Neo joh-ahae significa tú me gustas. Él se está declarando.—Asentí y de pronto me sentía agitada, como si hubiese corrido una maratón.

—¿Por qué lo preguntas?—Me mira confundida.

—¿Qué? Ah, no, es que... de todo aquello que dijo fue lo único que llegué a entender, y quiero familiarizarme con el idioma.

Esto no tiene sentido. No, Maddie se equivocó, o... mis oídos no funcionan. Porque si eso significa "me gustas", eso quiere decir que lo que dijo el director lo malinterpreté. Claaaro. Eso debe ser.

Mientras estaba pensando en posibles verdades, mi teléfono empezó a sonar, ni siquiera sé dónde lo había dejado.

—Ivy.—Me llama mi hermana y en su mano tenía el móvil sonando. Sonreí y fui por él. Era Sun-jae. Ayer intercambiamos números pero no creí que me llamaría, era solo por si acaso.

—¿Hola?

—Ivy, que bueno que atiendes.—Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa, Sun-jae?—Maddie abre la boca emocionada.

—Así se llama el protagonista de Lovely Runner.—Me susurra mientras señala la televisión.

Rodé los ojos divertida y volví a la llamada.

—Necesito tu ayuda, ¿estás libre?

—¿Ahora?

Hace un sonido afirmativo con la garganta.

—¿Qué necesitas?

—Estoy en la calle con Tae-hyun, él está... ebrio. Y no puedo hacerme cargo yo solo. ¿Podrías venir a brindarme una mano?



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 10.03.2026

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