La fuente de los deseos
Ivy
Mientras terminaba de editar un par de palabras escuchaba un murmullo a lo lejos, era Sun-jae quien trataba de llamar mi atención.
—¿Qué pasa?—Me acerqué a él.
—No te preocupes, hablé con él y no recuerda nada.—Asentí más tranquila. Eso era un alivio.
—Después nos vemos, dejé el teléfono en la oficina y debo ir por él.—Acaricia mi brazo amistoso y se aleja.
Ahora podía respirar mejor, como sé que esta vez no vamos a tener esta conversación, puedo ir y hacerme un café tranquila. Estuve toda la mañana con un nudo en el estómago creyendo que en cuanto se me acerque va a querer decirme algo al respecto. Mi mayor terror era que él se declarara y yo no supiera qué decir, pero ya estaba fuera de peligro.
Iba a tomar un sorbo de café cuando la puerta se cerró de golpe, me di la vuelta y solté un jadeo asustada mientras me llevaba la mano al pecho.
—Tenemos que hablar.—Exige.
Mi corazón empezó a latir sin parar y dejé la taza en la mesa. Supe que era más serio de lo esperado cuando se me acercó acortando la distancia y ya no sabía a dónde ir porque estaba con la espalda en la mesa, me sentía acorralada.
—Perdón por haberlo olvidado.—¿Qué...? Esto... Tiene que ser una broma, Sun-jae me dijo que él no se acordaba.
—Tú...
Asiente—. Me acuerdo lo que pasó anoche. Perdón.
Bueno, si se disculpa, no puedo hacer más que aceptarlas y seguir como si nada.
—No te preocupes, estabas borracho y no sabías...
—No te confundas.—Me interrumpe—. Me disculpo por haberlo olvidado, no por haberte besado, de eso no me arrepiento.
Me callé la boca.
No se arrepiente. ¿Cómo que no se arrepiente?
—Director...
—Me gustas —confiesa.
Sus ojos parecían atravesarme, y por alguna extraña razón no podía dejar de verlo.
Terminé con el contacto visual porque alguien trataba de abrir la puerta. Empecé a caminar nerviosa de un lado para el otro.
—¿Por qué tuvo que cerrar la puerta con seguro? Nos van a atrapar, yo voy a ser despedida, esto se está saliendo de control.—El director me toma por los hombros para que vuelva a verlo.
—Tranquila, todo va a estar bien.—No necesitaba esto ahora, no puedo dejar que me toque.
Di un paso atrás para alejarme de él. El director notó el desdén y bajó las manos que habían quedado suspendidas en el aire.
—Usted es el jefe, no corre riesgo de ser despedido, pero ¿yo? No tengo tu posición social ni tu puesto en el trabajo, así que ya deje de acercarse a mí, por alguna razón siempre termino en problemas, y no puedo ser despedida ahora.—Le hablé con hostilidad, aunque a él le doliera, sabe que tengo la razón.
—Voy... Voy a pedirle ayuda a Da-eun, ella nos salvará de esto, estoy seguro.—Toma su teléfono y pude ver que le temblaban las manos.
Suspiré.
Mientras él pedía refuerzos yo no pude evitar examinarlo.
Todo él me recordaba lo que pasó la noche anterior; sus manos: me hacían pensar en cómo me sostuvo por la cintura, como si no quisiera soltarme, y me sentí protegida en sus brazos. Su pecho bajo ese traje bien planchado que gritaba que él era el jefe, me hacía recordar cuando lo toqué, la primera vez que lo toqué, sentí a su corazón latir con fuerza. Tragué al mismo tiempo en que respiraba hondo. Sus labios... No podía evitar imaginarlos sobre los míos, y el sabor a fresa en ellos, suaves y perfectos... Y lo bien que encajaban nuestros labios juntos, como si pertenecieran al mismo rompecabezas. Sus ojos... La manera en la que me miró anoche, me sentía expuesta.
Él era como un atardecer; el momento exacto donde conviven la luz y la oscuridad. Sus ojos me miran y brillan, pero en ocasiones solamente se nota que hay una tormenta, una tormenta sin fin.
—Ella va a hacer algo, dijo que no entremos en pánico.—Su voz me hace salir de mi ensimismamiento.
Asentí nerviosa.
Él iba a decir algo más pero la puerta trasera de la cocina, la que estaba clausurada se abre y ni siquiera pude agradecerle a Da-eun, salí casi corriendo de ese lugar.
Cuando vi a Sun-jae vigilando no pude evitar acercarme a él.
—Te voy a matar, dijiste que no le dirías nada.—Le susurré con reproche.
—No se lo dije, él vio las fotos que les tomé.—Abrí la boca indignada.
—¿Por qué nos tomaste fotos?—Tuve que esperar hasta saber la respuesta porque el director se había acercado.
Giré mi vista hacia el ascensor y pude ver al señor Choi viéndome como un león hambriento. Ya de por sí le caigo muy mal, no quiero imaginarme si nos vio salir de la cocina, donde estaba cerrado con seguro y muchos empleados deseaban entrar. No, no quiero imaginarlo.
Da-eun fue a abrir la puerta mientras les hablaba en coreano. Supuse que se estaba disculpando con ellos. Su padre no dejaba de mirarme, quise fingir que no me daba cuenta, pero me ponía nerviosa que me observara de esa manera tan... penetrante.
—Será mejor que nadie nos vea juntos por ahora, director, hablamos después.—Me alejé y fui hacia mi escritorio para seguir trabajando.
Todos los empleados se estaban tomando un descanso pero yo ya había tomado el mío, y nunca más voy a ir sola a la cocina, no quiero quedarme sola nunca más.
«¿Qué pasó?»
Rachel no tardó en enviarme un mensaje. Suspiré y volví mi vista al padre de Da-eun. Se le van a secar los ojos de tanto verme sin pestañear.
«El señor Choi me está asesinando con la mirada».
Terminé de escribir y la miré por encima de la computadora. Ella sonríe.
«No me refiero al señor cara larga, me refiero al director, los vi salir de la cocina a escondidas. ¿Algo que quieras compartir con tu amiga del alma?»
Moví mis labios hacia el costado mientras pensaba.
«Nos quedamos encerrados mientras tomábamos un café, pero si alguien nos veía encerrados se podría dar una imagen falsa, y eso podría arruinar la reputación del director».