Una mirada siempre lo confesará todo
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Ivy
Mis ojos se cerraban de a poco, ya no podía mantenerlos abiertos.
Estaba sentada en un banco fuera de la empresa. No dormí en toda la noche, pero valió la pena porque terminamos todo el trabajo. Yo editaba mientras ellos traducían, y cuando alguno se quedaba sin hojas para seguir trabajando, me ayudaban a mí y así hacer las cosas más rápido. Fuimos un muy buen equipo, pero también haría buen equipo con mi cama en este instante. Me muero de sueño.
—Tae-hyun dijo que puedes tomarte el resto del día, o al menos un par de horas para ir, ducharte y dormir un poco.—Me comenta Da-eun mientras se sienta a mi lado.
—Sí, ¿y qué pasará con ustedes dos? Ambos se quedaron despiertos toda la noche, el director no puede ser buen jefe si tiene sueño o la fiebre vuelve.—Ella sonríe y acaricia mi pierna.
—El director está esperando a la presidenta, y yo simplemente le hago compañía, y hago lo que él no, defenderlo.—Giré mi cabeza para verla.
—¿Él necesita que lo defiendan de su abuela?—Suspira.
—Mi abuela... no es un monstruo, simplemente sigue procesando la pérdida de su hijo, y como no encuentran al culpable del accidente, decidió echarle la culpa a la única persona que salió con vida de ese accidente.
Es injusto, solo era un niño, y por eso se llama accidente, porque no hubo culpables.
—Sé que no es excusa, pero también sé que es difícil perder un hijo, nunca experimenté lo que se siente, pero por eso está el dicho que dice: "un hijo está preparado para perder a su padre, pero un padre a su hijo no". Sé que es injusto que muera primero un hijo que su padre, pero también es injusto que hayan culpado a un niño de cinco años recién cumplidos por ello.—Asentí dándole toda la razón.
Todos nacemos, vivimos y morimos, es ley, pero por más que sea un padre, una madre o un hijo, nadie está preparado para perder a quien ama. Sé que pudo haber sido duro perder a su hijo, pero la presidenta todavía tenía un milagro, el hecho de que su nieto haya sobrevivido a aquel accidente, no tiene precio, y ella simplemente manifestó su dolor de manera incorrecta. No conozco la historia del todo bien, tampoco lo viví, pero veo el dolor del director en su rostro. Se desvive y se descuida a sí mismo para poder cumplir los deseos de la presidenta, y ella no hace más que exigir algo que a él lo va destruyendo. A pesar de la fiebre que tuvo anoche, a pesar de que estaba enfermo, decidió seguir adelante con el trabajo, y lo mínimo que puede hacer ahora es descansar. Lo merece. Lo necesita.
—Oye...—Me trae devuelta a la realidad—. Tae-hyun me contó lo que sucedió entre ustedes y... quisiera saber...
Suspiré—. No hay nada entre él y yo.—Le aseguré.
—¿De verdad lo rechazaste?—Volví a suspirar con agotamiento y asentí—. ¿Por qué? ¿Acaso no te gusta?
No pude responder a eso. Una pregunta tan simple no sabía qué decir. Ella se dio cuenta y palmeó mi regazo.
—Si te sirve de algo, Tae-hyun cambió mucho desde que te conoce. Sonríe más, lo veo más tranquilo y sus ojos brillan otra vez.—Mueve la boca hacia un costado y mira al frente—. No vi ese brillo en sus ojos desde... antes de que sus padres murieran. Es triste, pero cierto.
Mis ojos se aguaron. Me sentía mal por él.
—El director no puede perder el tiempo con alguien como yo, él necesita enfocarse en su trabajo, por lo menos si lo que quiere es ser el sucesor. No quiero que por culpa mía todos sus planes se vayan a la basura.—Ella sonríe entendiendo y suspira.
—No voy a meterme en problemas ajenos, Tae-hyun es grande, y aunque odio verlo sufrir sé que puede con sus cosas, aunque... me cueste dejarlo solo, sé que tengo que hacerlo. Él es alguien que odia que los demás se metan en su vida, y si sigo así temo que llegue a odiarme.
Negué en desacuerdo.
—Él jamás te odiaría.
—Si así logra que yo no me meta en problemas sí, es capaz de no dirigirme la palabra nunca más.
Iba a preguntar qué quería decir con eso, pero la aparición inesperada de mis hermanos llamó mi atención. Rachel fue la primera en saludarnos. Creí que había llegado hace rato pero me equivoqué.
—Papá dijo que te traigamos algo para comer porque estuviste aquí toda la noche.—Dice Maddie de manera cortante, sigue molesta conmigo.
—Gracias...—respondí un poco confundida.
—Fue muy dulce, pero no se preocupen porque Ivy tiene el día libre.—Miré a Da-eun por sus palabras.
—Claro que no.—Intervine.
—Claro que sí. Órdenes del director, no mías.
Cuando traté de objetar llamó la atención de todos que una limusina negra y muy lujosa se estacionó frente a la empresa. Les indiqué a mis hermanos que se apartaran un poco y que guarden silencio. Cuando la presidenta se paró frente a nosotras, Rachel, Da-eun y yo le hicimos una reverencia en señal de respeto y saludo. Ya me estaba acostumbrando a esto. Incluso a su mirada penetrante y fría, aunque de vez en cuando el miedo me apuñala por la espalda. Su mirada se clava especialmente en mí. Dura, severa, como si estuviese a punto de despedirme. Gracias al cielo el director había llegado.
—Me alegra tenerla por acá, presidenta.—Ella ni siquiera le devolvió el saludo, simplemente lo observó y después volvió a mí. Quería desaparecer de la faz de la tierra.
—Solamente he oído cosas desagradables de ti.—Cerré los ojos un instante mientras me consumía el miedo. Me mordí el labio.
—Si me lo permite, presidenta. La señorita Reed es muy buena en su trabajo, ella es indispensable para el equipo.
—Pero le hace falta disciplina.
—Disculpe presidenta, le prometo que no oirá nada más de mí que pueda desagradarle, le prometo que...
—Presidenta.—El director me protegió con su espalda y se dirigió nuevamente a su abuela—. Si quiere podemos discutir todo esto en la oficina, incluyendo lo que tiene que ver con mi empleada.