Uri, en otro idioma | Ariana Medina

16

Intrusa

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Tae-hyun

—Ya no insistas —dice Sun-jae con hartazgo—. Si ella te dijo que no, no debes insistir.—Fruncí el ceño confundido.

—Pero tú siempre dijiste que lo que vale es la insistencia —él asiente y larga un suspiro.

—Pero Ivy es diferente, ella necesita su espacio —de sienta a mi lado y rodea mis hombros—. Ella nunca se enamoró antes, es algo que le asusta, si tú insistes, se va a asustar todavía más. Debes dejar que ella se tome su tiempo. Si le gustas, la relación se dará, de lo contrario...—se queda pensativo—. Diría que si no le gustas te va a rechazar, pero eso ya lo hizo, en cambio, tú estás convencido de que siente lo mismo.—Asentí totalmente seguro de eso.

Cuando ella me mira siento que todo está en su lugar. Olvido las partes rotas que hay en mí, lo que me falta, incluso lo que tengo, la veo solamente a ella. Cuando sus ojos encuentran los míos es... cómo magia. Diría que me volví loco, y quizás sí lo hice, pero si es ella la que me vuelve loco, entonces no pretendo conseguir un remedio para esta locura. Porque prefiero vivir loco y verla todos los días, que vivir cuerdo y jamás haberla conocido. ¿Algo de esto tiene sentido? Porque para mí no lo tiene, en absoluto.

—Sé que ella me quiere. Lo sé por cómo me mira, es una chica muy transparente.—Sun-jae mueve su boca de lado mientras se pone en modo pensativo.

—No quiero darte ilusiones, amigo. Pero... opino lo mismo. Soy alguien que lo ve desde afuera. Y cuando se besaron ese día... al principio parecía desconcertada, pero luego me di cuenta de que ella se veía bien. La veía enamorada pero sobre todo...

—¿Qué? —pregunté impaciente.

—Parecía que estaba en el lugar que ella deseaba estar. Y lo sé, amigo. Sé que es algo personal, que es extraño que opine de esto, pero... su boca dice lo contrario a lo que dicen sus ojos —palmea mi hombro—. Si hay algo que jamás te aconsejaría es a darte por vencido. Mírame a mí, nunca me doy por vencido. Tampoco lo hagas tú. No la dejes ir, pero tampoco la agobies, no insistas, ella cuando se sienta lista te lo hará saber. Pero no te desanimes, estoy completamente seguro de que esto que sienten es algo mutuo.

Cuando se fue hacia la cocina yo me quedé pensando. Cerré mis ojos y recosté mi cabeza sobre el sofá.

Ella entró de repente a mi mundo, sin siquiera avisar, y ahora le estoy agradecido porque gracias a ella puedo soñar con un mañana, puedo sentir la felicidad de la que todos hablan. Siempre que la veo por la mañana, ella me recibe con una sonrisa mientras me saluda, o eso era antes de que supiera lo que yo siento. Sus ojos me sonreían, y los míos la besaron mucho antes que mi boca. Por ella puedo sonreír y llorar, siento que todo lo que siempre busqué está en un solo lugar, y mi corazón se volvió más suyo que mío, porque él está cien por ciento con ella. Las veces que me imaginé a su lado, tomando su mano mientras caminamos por el río Han, o por un parque, su sonrisa y la brisa volviéndose una sola. Sus ojos marrones brillando de alegría. Desearía que ella pudiese contar conmigo, que apoye su cabeza sobre mi hombro y que me hable con el corazón en las manos, quiero que pueda hablar conmigo, que sepa que no está sola.

Después del beso... se distanció un poco. Me mira y el mundo se detiene, pero ella dice que jamás estaría conmigo. Sé que sus ojos me buscan, y por primera vez me siento visto con ella, cuando está cerca mío ya no me siento culpable, y lo que antes me mataba ya no duele.

Sun-jae se apareció casi corriendo con mi teléfono en su mano, cuando vi la pantalla, el nombre de Ivy la iluminaba. Tragué con fuerza antes de atender.

—¿Mmm? —hice un sonido con mi garganta.

Bossy, ¿eres tú? —fruncí el ceño.

¿Bossy? No pude evitar sonreír.

—¿Bebiste?—Me la imaginé asintiendo ya que no respondió—. ¿Dónde estás? ¿Quieres que vaya por ti?

—¿De verdad vendrás por mí?

—Sí —moví mi cabeza con un gesto afirmativo—. ¿Estás sola?

—Sí, de lo contrario, no te habría llamado, Bossy —otra vez solté una risita.

—Me utilizas.—La acusé.

—No... Para ser honesta... preferí venir a beber sola así tenía una excusa para hacer que vinieras a verme —sonreí de lado—. ¿Funcionó?

—Sabes que sí. Dime dónde estás e iré por ti.

Tomé las llaves del auto y me fui corriendo hacia el ascensor.

El lugar en donde ella estaba quedaba a cinco minutos en coche, no tardé mucho, y cuando la tuve frente a mí no pude evitar pensar en lo tierna y dulce que se veía. Sus mejillas sonrojadas y sus ojos entrecerrados.

—¿Me cargas? —sonreí como estúpido y me puse de cuclillas para que se subiera sobre mi espalda.

Dejé el auto bastante lejos porque sabía que iba a tener que cargarla, y quería que estuviera unos minutos en mis brazos, entonces caminé varias calles con ella sosteniéndose de mis hombros mientras tarareaba una canción.

El cielo estaba completamente repleto de estrellas, y la luna llena volcaba todo su resplandor sobre nosotros. Nada me hacía más feliz que tenerla a ella en mis brazos mientras caminaba bajo las estrellas y las luces, creando una escena que solo quería compartir con ella.

Bajamos del auto y otra vez la cargué en mi espalda hasta llegar a la puerta de su casa. Antes de subir las escaleras de la entrada quiso bajarse.

—Director...—si no la hubiese sostenido, habría golpeado su cabeza contra la columna de piedra.

Cuando alzó su barbilla pude ver sus ojos llorosos.

—Váyase, yo puedo sol —decidió de un minuto a otro.

—Pero... puedes lastimarte, necesitas ayuda —niega.

—No. Váyase, no necesito su ayuda, simplemente quiero que se vaya. Nos vemos el lunes.

Su cambio de humor me dejó completamente desconcertado. Suspiré y no me quedó más remedio que aceptar su decisión.

—Entiendo. Prometí no molestarte, no quiero que te sientas incómoda. Si eso es lo que quieres, te dejaré sola.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 10.04.2026

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