Uri, en otro idioma | Ariana Medina

18

Un problema

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Caminamos todo el camino a mi casa nerviosos, es la primera vez para ambos. Nunca estuve en una relación y no sabía que es lo que tenía que hacer, pero me dejé llevar. Él quería tomar mi mano, se notaba su nerviosismo así que enredé nuestros dedo sin pensarlo. Mi prioridad era que él se sintiera cómodo y que supiera que conmigo podía dejarse llevar.

Llegamos a mi casa y nos escondimos como adolescentes detrás de las escaleras de la entrada, estaba revestida con piedras irregulares y formaban una columna incluso un poco más alta que él.

—¿Te veo mañana?—Pregunté imposible de esconder mi sonrisa y él asiente.

Ya nos despedimos, pero ninguno de los dos se había alejado.

Él se encorva un poco para besarme y yo lo empuje contra la columna de piedras en cuanto escuché el sonido de un auto acercarse. Hice una mueca de lamento en cuanto escuché como se quejó del dolor. Tomé sus hombros y lo atraje a mí nuevamente.

—Lo lamento, me asusté.—Mi disculpa no aliviaría su dolor, pero necesitaba hacerlo.

—Estoy bien.—Sonríe todavía con una mueca quejosa—. ¿Crees que mantenerlo en secreto nos hará bien?—Pregunta inquieto tratando de tocar la zona golpeada. Sé que lo pregunta por los impulsos que me hacen golpearlo.

—Lamento que tengamos que mantenerlo en secreto, es por tu bien... y por el mío.—Asiente.

—Tienes razón, pero... ¿tu familia tampoco puede saberlo?

—Cuantas más personas lo sepan, corres riesgo de que tu abuela también se entere, y no quiero que pagues por esto. Si ella se entera... estoy segura que te despedirá, y jamás permitiría que todos tus esfuerzos se vayan a la basura.—Sonríe y acaricia mi cabeza.

—Podré vivir con eso, y sé que se pondrá difícil.—Asentí.

—Y yo no te dejaré solo.—Besa mi frente con ternura.

—Gracias, y lamento mucho esto, tú no mereces que esto sea un secreto.

—Lo importante es estar juntos, además, cuánto menos personas lo sepan, más tiende a durar.

Vuelve a agacharse para poder besarme y yo no pude evitar reír. Apoyé mi frente en su pecho.

—¿Qué tienes?—Se contagia mi risa.

—Sigamos así, que en una semana yo no podré mover el cuello y tú vas a parecer el jorobado de Notre Dame.—Le advertí con diversión.

—Créeme que valdrá la pena.

De verdad me dolía el cuello así que se me ocurrió una idea divertida. Habían dos ladrillos en el suelo así que me subí en ellos, había quedado solo un poco más alta que él, pero era mucho mejor que antes, tomé su rostro entre mis manos y volví a unir nuestros labios.

Esta nueva experiencia se sentía bien. El simple hecho de sentir que estaba haciendo algo prohibido y que se sentía tan bien me llenaba de algo nuevo, era divertido. Él sujeta mi cintura y me ayuda a bajar.

—Me gusta esta estatura —dice mientras me atrae hacia él para abrazarme—. Es la estatura perfecta para que yo pueda besar tu frente y para que tú puedas sentir mi corazón. Si te pones a pensar, no es tan malo.

Sonreí otra vez y lo rodeé con mis brazos.

—Esta vez sí debería irme. Tengo que volver a dentro.—Acepta y besa mi frente.

—Te veo mañana.—Asentí y me dio un beso corto en los labios.

Volteé a verlo mientras se alejaba y me mordí el labio. Es increíble como de un minuto a otro me había vuelto mucho más feliz, y ese calor en mi pecho no se apagaba, permanecía intacto, y la sonrisa, por más que traté de ocultarla no pude hacerlo. Alguien tocó mi hombro provocando que me sobresaltara. Era Matt. Quién lo hubiera dicho.

—¿Y? ¿De pronto dejaste de ser la mujer adulta que jamás dejaría de cuidar a su familia para convertirte en una adolescente otra vez?—Se burla y yo le hice una mueca de disgusto.

—No le digas a nadie.

—¿Por qué?—Su ceño se frunció.

—Por favor, ni siquiera a Rachel, aunque me muero por decirle es mejor que no se entere. Cuántas más personas sepan, el secreto no durará mucho. Y la abuela del director no puede enterarse.

—Ya es tu novio, ¿por qué le sigues diciendo director?—Al escuchar de nuevo la palabra "novio" no pude evitar sonreír como tonta.

—Porque no quiero acostumbrarme a llamarlo por el nombre, si lo hago, no sería apropiado hacerlo en la empresa.

Él asiente y entramos de nuevo a la casa.

Cuando crucé el umbral observé a mi alrededor al mismo tiempo que me quitaba los zapatos, mis pies seguían doliendo un poco. Ya los amigos de Maddie se habían ido, y ella no estaba en la sala así que supuse que estaría en su cuarto. Siento que ya estoy preparada para enfrentar la situación y decidí ir a hablar con ella.

Sea lo que sea que ella decida, prometo estar a su lado siempre, jamás voy a soltar su mano, y no pienso dejar que nadie la señale con el dedo, porque también hay que ser realistas; ella es joven, y en Corea lo más importante es la educación y tener un embarazo fuera del matrimonio... eso influye en eso. No quiero que ella sea juzgada.

Cuando entré en su habitación, sentí que mi corazón se detuvo por unos segundos.

Corrí hacia ella.

—¿Maddie...?

Acababa de...

La sostuve con todas mis fuerzas mientras gritaba.

—¡Ayuda!—Grité a todo pulmón.

No alcanzaba la soga y tampoco podía soltarla a ella, lo único que podía hacer era sostenerla para que dejara de asfixiarse mientras alguien más cortaba la soga.

Mi padre y mi hermano entraron en desesperación mientras Rachel corría hacia la cocina para buscar unas tijeras. Matt fue quien la sostuvo en sus brazos para que yo pudiera llamar a emergencias.

Las manos me temblaban, no podía sostener el teléfono y cayó al suelo dos veces, no me quedó más remedio que darme una bofetada a mí misma para poder concentrarme.

La ambulancia llegó a los diez minutos. En ese tiempo Matt trató de reanimarla y logró hacer que su corazón volviera a latir, aunque estaba débil e inconsciente, al menos estaba viva y pude liberar todo el aire que estaba conteniendo, aunque mi corazón seguía temblando de la impotencia y la angustia.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 12.05.2026

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