Uri, en otro idioma | Ariana Medina

19

Recuerdos de felicidad

Ivy

.

«Estoy afuera».

Fueron las palabras correctas para hacer que me diera prisa.

Bajé corriendo las escaleras como si fuera una adolescente y ni siquiera me percaté si había alguien en la cocina, solamente quería concentrarme en él. Me puse los zapatos y cerré la puerta detrás mío con entusiasmo. Apenas lo vi corrí hacia él y me tomó de las piernas alzándome mientras me abrazaba.

—No pensé que te vería en domingo.—Pude decirle una vez que me dejó en el suelo.

—Hoy es el día en el que tengo más libertad, y no quería desaprovechar la oportunidad de verte.—Sonreí.

—Me alegra que hayas venido.

Vino sin avisar y por eso no pude arreglarme, en cuanto recibí su notificación bajé lo más pronto posible por miedo de hacerlo esperar.

—¿Hice mal en venir? Temes que tu familia lo descubra.—Afirma pero yo negué mientras acariciaba su hombro.

—No, de hecho ya lo saben.—Se lo dije con un suspiro. Él me observó de manera fija por unos segundos.

Podía ver lo nervioso que estaba, pero no parecía molesto, aunque tampoco lucía radiante. Como si creyera que algo malo pasaría a raíz de eso.

—¿Y tú estás de acuerdo con eso?—Fruncí los hombros.

—No por mi gusto. Maddie me escuchó hablando con Matt. Pero no te preocupes. Les dejé muy en claro que no tenía que salir de esas cuatro paredes.

Me abraza mientras suspira.

—A mí no me importa que todos lo sepan, solamente quiero que tú estés bien con eso.

Lo abracé con fuerza y él besó mi coronilla.

Estas semanas habían sido increíbles, nos divertimos como nunca antes. Fuimos a la playa—personalmente casi muero de frío, pero valió la pena—, me llevó a comer, me regaló flores y un paseo en canoa.

Se presentó frente a mí en el oscuro y abrazador invierno,—o casi invierno—, su nariz estaba roja y sus labios morados, y en su mano llevaba un ramo de tulipanes rosados y gypsophila blanca envuelto en un papel beige y un lazo gris claro.

—¿Por qué me las regalas? No es una fecha especial ni nada de eso.

—No necesito una fecha especial para hacerte feliz.

Sus palabras me habían dejado completamente muda, en ese momento me había olvidado de cómo hablar, pero era feliz.

Nunca había experimentado esto; esta versión atontada de mí jamás la había conocido, se sentía como una segunda oportunidad. Una segunda oportunidad porque jamás pude tener este tipo de experiencia con alguien, es por eso que no creo que esto sea una casualidad. Yo creo que solamente tenía que esperarlo a él.

Bajamos de la torre y caminamos con nuestras manos entrelazadas. Él se frenó y yo volteé a mirarlo.

—¿Qué tienes?

Se acerca a mí, me toma de las piernas y me gira en el aire mientras yo reía. No me esperaba esa reacción. Cuando vuelve a dejarme en el suelo yo lo tomo por los hombros y vuelvo a unir nuestros labios.

—Me haces muy feliz.—Susurra y luego besa mi frente.

Tomó mi rostro entre sus manos y volvió a unir nuestros labios. Mientras nos besábamos, ambos teníamos los ojos cerrados, decidí abrirlos un poco y lo vi besándome con ternura. Se veía lindísimo. En ese momento no pude evitar sonreír en medio del beso.

Me di cuenta de que sí estaba perdidamente enamorada de él. Y que sería así por mucho tiempo.

Cuando llegamos a casa él no planeaba quedarse, pero papá nos vio llegar e insistió en que nos acompañara a cenar.

Esa noche cenamos Gogi-gui con verduras en la terraza. Cocinaron los tres hombres en conjunto. Nunca pensé ver a Tae-hyun con mi padre y Matt, pero así era. Ellos reían y tomaban un poco de soju. Yo tengo mala experiencia con él, por lo que decidí servirme un poco de vino blanco, y mi compañera de bebida era Rachel. La incondicional y la mejor amiga del mundo. La que siempre estuvo para mí y mi familia. Sin duda cuando me pregunten quién es mi alma gemela, siempre voy a pensar en ella.

Maddie jamás tomó alcohol, y embarazada, mucho menos. Qué ni lo sueñe.

La noche estaba estrellada y muy hermosa. Creo que es la primera vez que podemos estar así, todos juntos y en familia, disfrutando de la noche fría y el calor del fuego de la parrilla, comiendo y riendo. Principalmente porque lo veía a Tae-hyun riendo como nunca, y eso me da un poco de celos. Jamás lo vi reír a carcajadas como lo estaba haciendo con papá y Matt, pero... doy gracias a Dios por eso, porque si vuelvo el tiempo atrás a cuando lo conocí, me doy cuenta de que ahora sus ojos brillan como las estrellas, y ojalá nunca se apaguen. Podía comparar perfectamente su mirada a la de unos meses atrás, era diferente. Y me llenaba de vida verlo así.

Esa noche festejamos una noticia increíble: ¡Tendríamos boda la próxima primavera! Matt y Rachel se comprometieron y planearon su boda para el año entrante, querían hacer la fiesta al aire libre y no les gustaría que sus invitados mueran de frío. Además, según lo que Da-eun y Google le dijeron a Rachel, la primavera era hermosa en Corea, y llena de colores.

También tienen tiempo de hacer nuevos amigos hasta esa fecha—broma de Matt—.

Tiene un buen punto, a mi hermano y a Rachel siempre le gustaron las grandes fiestas y para ellos sería catastrófico que hayan solamente cinco personas en la boda, osea, nosotros.

Maddie decidió que su bebé tendría dos madrinas, no podía dejar a ninguna de nosotras dos fuera, y el padrino, le pidió disculpas a Matt pero quería que su cuñado coreano sea el padrino. Era su sueño hecho realidad.

Respecto al bebé... ya se sentía más aliviada, ahora le hacía mucha ilusión ver a aquel pequeño ser creciendo dentro suyo, y siendo honesta... a mí también me gustaría ver su rostro tan pequeñito y con hermosos ojitos. Un bebé en camino es bendición, jamás despreciaríamos a uno, por más pequeña que sea mi hermana. Lo que sucedió ya no tiene remedio, es por eso que lo único que nos queda es aceptar la realidad y esperar su llegada, y cada día que pasaba más me imaginaba lo hermoso que sería un nuevo miembro de esta familia.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 28.05.2026

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