Uri, en otro idioma | Ariana Medina

20

Bienvenida otra vez

Ivy

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Hoy me puse un abrigo rosa pastel que cae recto y elegante. Debajo, una remera blanca ajustada que equilibra la delicadeza con algo simple. El jean celeste de tiro alto, apenas roto en la rodilla le da un aire relajado al conjunto. En los pies, botas blancas de taco que alargan la figura y hacen que cada paso se sienta firme. Completo todo con una cartera blanca pequeña, prolija, casi minimalista, que termina de unir los colores claros y suaves del outfit.

Hoy tenía la mañana libre, anoche el director me envió un mensaje pero yo lo vi cuando desperté. Aparentemente la presidenta lo envió nuevamente lejos. Eso me hacía sentir mal, pero no puedo hacer nada porque ese es su trabajo.

Bajé las escaleras con las botas en la mano y las dejé al lado de la puerta para poder ir a desayunar.

—Te noto triste, ¿te sientes bien?—Suspiré.

—Tae-hyun tiene que ir nuevamente a un viaje de trabajo. No sé cuánto demorará esta vez.—Rachel pone su mano sobre mi hombro.

—Cariño... ¿Por qué te deprimes? Si tú ya sabes cómo es su trabajo. No es la primera vez que pasas por esto.—Asentí dándole la razón—. Hace dos semanas se fue por cinco días y tú estabas a punto de caminar por las paredes.

—Es que... me preocupo. ¿Te acuerdas cuando se fue y tuvo un accidente en Estados Unidos? No esperó hasta que los médicos le dieran de alta, solamente quería cumplir con las órdenes de la presidenta.—Alcé la voz indignada—. ¿Qué clase de persona es esa señora que ni siquiera es capaz de cuidar la salud de su nieto?—Rachel ríe y acaricia con fuerza mi espalda dándome ánimo.

—Ve a ver a tu amado, deja de preocuparte tanto por eso, y confía en él. Nada malo va a sucederle.

Decidí hacerle caso aunque iba a regañadientes. Sé que no la pasa bien cada vez que se va de viaje. Ojalá pudiera acompañarlo, pero... sé que no puedo. Tengo mis propias responsabilidades aquí y me prometí a mí misma que no me metería en sus asuntos, aunque... espero que aquellos asuntos no terminen por destruirlo.

Quedamos en vernos fuera de la torre Namsan, para luego caminar juntos hacia ella.

Un dedo tocó mi hombro y me volteé convencida de que era él y no estaba equivocada. Sonreí con alivio y acorté la distancia entre nosotros con un abrazo. Rodeé sus hombros y él tuvo que agacharse para poder llegar a mi cintura. Necesitaba tenerlo cerca y sentirlo unos segundos. Me va a hacer mucha falta cuando no esté aquí. Cuando nos apartamos él acunó mi rostro entre sus manos y me besó con suavidad. Era la sensación más hermosa del mundo.

—Te amo.—Susurra.

Es la primera vez que lo dice y yo me llené de dicha. Sonreí y puse mis manos sobre sus hombros.

—Dilo en coreano.—Le pedí.

Saranghae.—Su sonrisa hizo todo más bello.

—¡Saranghae!—Repetí emocionada y volví a abrazarlo.

Ahora más que nunca estoy convencida de que lo amo. Lo amo como jamás creí hacerlo, como nunca planeé, pero hacerlo me hace inmensamente feliz.

Subimos juntos la torre y desde la cima observamos el mundo. Nunca nos soltamos la mano.

—Te confieso que sentí nervios cuando te dije que te amo.—Rompe el silencio y yo lo observé—. Pero... quiero que sepas que yo no quiero decirte simplemente que te amo. Para mí es importante demostrarte que de verdad lo hago, con acciones. Las palabras son vacías, en cambio las acciones son mucho más importantes.

Sonreí ante sus palabras.

—Ya lo haces. Sé que me amas. Cada vez que me acaricias, que me abrazas y que me besas, me haces sentir amada. Y quiero que también me digas que me amas. Para mí es importante escucharlo aunque sea de vez en cuando, porque si de acciones se trata, soy la mujer más amada del mundo.—Acaricié su rostro—. Cada vez que me miras lo noto, noto ese amor que me transmites, y sé que tú no te basas en palabras, pero cuando dijiste que me amabas... me sentí muy bien. Me sentí... llena de felicidad.

Hace una media sonrisa.

—Prometo demostrarte lo mucho que me importas y lo mucho que te amo con palabras y acciones.—Lo abracé nuevamente.

Soy muy afortunada al tenerlo aquí conmigo.

Cuando te sientes feliz y viva por primera vez... te das cuenta que no necesitas nada más. Qué si te hicieran pedir un deseo no sabrías qué deseo pedir porque ya lo tendrías todo. Tengo amor, familia sana, un trabajo estable y amigos. Cada uno de ellos transmite amor. De verdad que no podría pedir nada más en esta vida. Caminamos con nuestras manos entrelazadas por unos cuantos minutos pero no podía demorarme mucho para ir al trabajo, si la presidenta llegara a ir sin previo aviso no sabría qué excusa inventar.

—Prometo que serás lo primero que busque apenas vuelva a Corea. No te dejaré esperando mucho tiempo.—Besa mi frente.

Ambos vinimos en nuestros respectivos autos por lo que nos vimos obligados a volver separados, yo ya planeaba ir a la empresa.

Estas semanas se hicieron eternas, todo era pura monotonía, ya no soporto esto. Hace dos semanas recibí el último mensaje de Tae-hyun.

«Quiero prevenirte, cariño. No podré hablar contigo hasta que no tome el avión de regreso, tengo que trabajar duro, así que no te preocupes por si no llego a responder, te prometo que ante la mínima posibilidad te haré saber cómo estoy. Saranghae. Cuídate mucho que tú eres lo que permite que mi mundo siga de pie».

Leí ese mensaje tres veces al día durante dos semanas como si alguna sílaba o renglón fuera a cambiar, pero no fue así. No recibí noticias suyas, así que supongo que está lejos de tomar un vuelo de regreso. Nunca creí que su presencia me haría mucha falta. Pero lo hace.

Daba vueltas la cuchara en la taza de café mientras pensaba.

Es difícil no pensar que algo malo pudo haberle pasado, traté de convencerme todo este tiempo pero... ya pasé por esto, el mismo sentimiento de horror. La única diferencia es que ahora tengo claro lo que siento por él y la falta que me haría si él llegara a sufrir algún tipo de accidente.



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En el texto hay: romance juvenil, romance

Editado: 28.05.2026

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