***ESTE CAPÍTULO CONTIENE TEMAS NO APTOS PARA PÚBLICO SENSIBLE.
La voz de los dioses aún resonaba en nuestros cráneos cuando el suelo comenzó a temblar. Eran voces completamente extrañas, como de seres que nunca habían hablado antes y no sabían que el volumen de sus voces era excesivamente alto. Tampoco mostraban ninguna expresión. Sus voces se sentían dolorosas y monótonas.
EL LABERINTO DE LOS SUEÑOS COMIENZA. VUESTRO TIEMPO ES LIMITADO. LA META ES CRUZAR, SIN PERDEROS EN LAS PESADILLAS DE LOS GUARDIANES.
Un crujido ensordecedor, como el mundo partiéndose en dos, nos envolvió. Dando paso a un terrible terremoto que hizo que algunos perdiésemos el equilibrio.
NUESTROS ONIROSAURIOS PUEDEN SER PELIGROSOS.
La superficie blanca bajo nuestros pies se quebró, dando paso a una piedra negra y brillante que emergía con una velocidad aterradora. Murallas iridiscentes se elevaron entre nosotros, separándonos unos de otros con la precisión de un carnicero.
-¡Agárrense! -gritó Maritte, extendiendo su mano.
Pero fue demasiado tarde. Una pared de obsidiana afilada como cuchilla se interpuso entre Thom y yo. Otra separó a Aless y Maritte del grupo. Gritos de pánico se mezclaron con el estruendo de la piedra.
Cuando el polvo Grisáceo y frío se asentó, me encontré completamente sola en un pasillo estrecho y angosto. El aire, ya de por sí pesado, ahora olía a azufre y a algo más nauseabundo y químico.
Empecé a caminar rápidamente, aunque me detuve y dudé que dirección tomar. ¿Debería buscar a Thom? ¿Tal vez ir por Aless y Maritte?
Seguí unos minutos más sin encontrar un desvío. El sonido que llenaba el laberinto era una pesadilla auditiva: gritos lejanos que helaban la sangre cuando se acercaban demasiado detrás de una pared, porque significaban que alguien había encontrado un monstruo. Aún no los había visto, pero lo intuía con una claridad sobrenatural.
Mi propia respiración jadeante, el pulso acelerado martillando en mis oídos como un tambor de guerra que parecía gritar: "¡Aquí! ¡Venid a por mí!". Intenté calmarme, pero esto se parecía demasiado a mi enfrentamiento contra la quimera... Aunque dudaba que ahora tuviese la ayuda de Daisy... Dudaba que nadie pudiera ayudarnos. Los dioses habían dicho que nadie podía alcanzarnos en esa dimensión.
Por una vez quise creer que dios era benevolente, pero esos seres de luz eran insensibles y despiadados. Dudaba que alguno quisiera escuchar alguna de nuestras plegarias, o las de nuestros allegados en la otra dimensión clamando por nosotros. Quería pensar que incluso yo tenía a alguien llorando por volver a verme... Estaba Friedrich, y por supuesto, mi querido Aidan.
¡Sí! Aidan me esperaba. Tenía que lograr cruzar y terminar esa locura.
Un movimiento al final del pasillo me saco de mis pensamientos. Un chico de uniforme azul celeste, de la escuela asiática, flotaba unos centímetros sobre el suelo. Pestañeaba rápidamente, sus ojos completamente blancos.
-¡Oye! -llamé, corriendo hacia él-. ¡Hey!
Extendí la mano para tocarlo. Pero a unos metros, una figura lenta y pesada emergió de la pared. Su piel era de piedra áspera del mismo color del laberinto, sus ojos un racimo de facetas de diamante rojizo y amarillo que reflejaban la luz iridiscente del "cielo" del laberinto. Un Onirosaurio reconocí, sin saber cómo realmente.
El monstruo abrió una boca que no era más que una grieta en la roca y escupió. Un chorro de líquido verde humeante voló por el aire. El chico flotante no se movió. El ácido lo alcanzó de lleno, mientras que una gota alcanzó mi brazo estando cerca de tocarlo, haciéndome gritar de dolor mientras un pequeño agujero se introducía unos milímetros en mi piel produciendo una quemazón insoportable. Chillé y apreté mi brazo herido.
Sin embargo, el chico no pronunció sonido. Solo pude escuchar un siseo horrible y el olor a carne y tela quemándose, mezclado con ese hedor ácido sulfurado. Eso era el olor que llenaba el laberinto.
En cuestión de segundos, el cuerpo del chico se desintegró en un polvo grisáceo que se dispersó en el aire. El mismo polvo que habíamos visto antes cuando los dioses "eliminaban" a los que se rendían.
Las arcadas me subieron por la garganta. Tragué saliva con fuerza, las lágrimas asomando por el escozor en los ojos y la nariz. No había tiempo para vomitar. Dos pares de ojos de diamante brillaban ahora al final del pasillo. Otro Onirosaurio se había unido al primero.
Corrí. Grité por un pasillo, luego por otro, mis botas golpeando la piedra negra. De repente, las paredes a mi derecha e izquierda se cerraron con un crujido, atrapándome en un callejón sin salida de apenas dos metros de largo.
Trampa. Estaba atrapada.
El pánico quería apoderarse de mí, pero la cápsula reparadora de Friedrich mantenía mi mente extrañamente clara. Miré las paredes. Eran imposiblemente lisas, afiladas. Toqué una con la punta del dedo y sentí un pinchazo. Retiré la mano y vi una fina línea de sangre. Como tocar cuchillas.
Intenté trepar. Mis manos buscaban algún saliente, pero solo encontraban más filo. Mis palmas se cortaron, poco profundas pero lo suficiente para manchar de rojo la piedra negra. Intenté saltar, pensando que quizás podría alcanzar el borde superior modificando mis piernas con mi poder de Metamorfo que sabía iba a necesitar y no podía malgastar. Con un impulso desesperado, me lancé.
Un sonido retumbó en mi cabeza.
Una barrera invisible, dura como el acero, me golpeó en la frente, el cuello y el hombro derecho. Caí al suelo, aturdida, con un dolor punzante recorriendo mi clavícula.
-Maldita sea -jadeé, rodando sobre mi espalda.
Era inútil. Estaba atrapada. Pero... quizás no del todo. No podía salir, pero tampoco podían entrar.
Cerré los ojos, obligándome a respirar hondo a pesar del olor nauseabundo.
Necesitaba calmarme y encontrar una manera de escapar... Tal vez podía destruir la piedra de los muros y huir en línea recta, ¿pero en qué dirección? ¿Qué iba a pasar si me topaba con un Onirosaurio frente a frente?