Luci observaba con sospecha el plato de estofado que Doña Marta acababa de poner frente a él. Había pasado toda la noche en vela, analizando el comportamiento de las palomas desde la ventana, tratando de entender el ecosistema de la ciudad.
—Marta —dijo Luci, señalando un trozo de carne con el tenedor como si fuera un arma—. He observado este sector durante horas. No hay ganado, no hay cultivos y no he visto a ningún humano acechando presas con lanzas. ¿De dónde sacan el alimento? ¿Aparece por arte de magia o es un tributo de algún ser superior?
Marta soltó una carcajada mientras se sentaba a su lado.
—¡Ay, Luci! Ojalá fuera magia. Se saca del supermercado, pero para eso hace falta dinero. Y el dinero viene de tener un empleo.
—¿Un empleo? —Luci entornó los ojos—. Explícame más sobre esos métodos de caza.
—Bueno —explicó Marta pacientemente—, uno intercambia su tiempo y su esfuerzo por papel moneda. Yo ya soy mayor para esas cosas, pero mi hija me envía lo que necesito cada mes. Ella "caza" en una oficina de seguros desde las ocho de la mañana.
Luci se puso de pie, su capa (que en realidad era una bata de baño de Marta) ondeando dramáticamente.
—Entiendo. Intercambio de energía por recursos. Mañana mismo saldré a demostrar mis habilidades de depredador en este mercado laboral.
Intento 1: El Susurrador de Bestias (Fallido)Su primera oportunidad fue como paseador de perros. Luci pensó que sería fácil; en el infierno, Cerbero le tenía un respeto absoluto. Se presentó ante un grupo de dueños en el parque con su traje negro y sus ojos rojos brillando al sol.
—Entregadme a vuestras bestias —ordenó Luci a una señora que sostenía un caniche—. Yo las guiaré por el sendero del orden.
En cuanto Luci agarró las correas, ocurrió algo inaudito. Un Golden Retriever, famoso por amar a todo el mundo, soltó un aullido de terror y se hizo ovillo en el suelo. Un Chihuahua, en lugar de ladrar, empezó a temblar de tal manera que parecía que iba a despegar como un helicóptero.
—¡Camina, criatura de patas cortas! —le dijo Luci al caniche.
El perro lo miró, detectó el olor a azufre y milenios de condenación, y salió huyendo arrastrando a Luci por todo el lodo del parque. Al final del día, Luci volvió a casa cubierto de pasto y con una nota de despido que decía: "Usted asusta a la naturaleza".