Vacaciones en el Purgatorio

CAPÍTULO 5: ¿Qué es esto qué siento?

Desesperado por conseguir su "buena acción" y dinero, aceptó un trabajo en una pizzería local. El dueño, un hombre estresado, le dio un disfraz de botarga de sol gigante con una cara sonriente y un cartel que decía: "¡Nuestra pizza es una delicia celestial!".

—Esto es una humillación —rugió la voz de Luci desde dentro del sol de espuma—. Soy el Rey del Abismo, no un astro sonriente de baja calidad.

—¡Solo sal ahí y saluda a los niños! —le gritó el jefe.

Luci salió a la acera. Un grupo de niños se acercó con curiosidad. Luci, intentando seguir las instrucciones de "ser amable", se agachó para quedar a la altura de un niño de cinco años. Olvidó que sus ojos rojos seguían brillando intensamente a través de los agujeros de la máscara.

—Pequeño mortal —dijo Luci con una voz que parecía venir de una tumba profunda—, consume esta masa de harina y queso antes de que el tiempo devore tu juventud y tu alma sea reclamada por el vacío. ¡SALUDA AL SOL!

El niño no solo no aceptó el cupón, sino que soltó un grito que se escuchó en tres manzanas a la redonda. En segundos, una horda de padres enfurecidos rodeaba al "sol", mientras Luci intentaba explicar que el miedo es una excelente forma de marketing.

Cinco minutos después, Luci estaba sentado en la acera, con la cabeza del sol gigante en las manos y su segundo cheque de despido.

—Marta tenía razón —susurró Luci, mirando sus manos—. La caza en este mundo es mucho más cruel que en el mío.

Después de su desastroso día como botarga, Luci caminaba de regreso a casa de Doña Marta. El sol se ocultaba, tiñendo el cielo de un naranja que le recordaba a los lagos de fuego, cuando lo vio.

En una esquina, sentado sobre un cajón de madera, había un niño de no más de ocho años. Tenía la cara manchada de pintura y vendía pequeños dulces que nadie parecía querer comprar. Pero no fue su pobreza lo que detuvo a Luci, fue su mirada. El niño miraba a la multitud pasar con una indiferencia absoluta, con una soledad tan profunda que el aire a su alrededor parecía más frío.

Luci se quedó helado. Sentía una presión extraña en el pecho, un eco de sus eones sentado en el trono del vacío, antes de que existieran las almas, cuando solo era él y la oscuridad.

—Tú —dijo Luci, acercándose—. ¿Por qué emanas ese aroma a abandono? Es molesto.

El niño lo miró, y al ver los ojos rojos de Luci, no gritó. Solo suspiró. —Solo tengo hambre, señor. Y mi mamá está enferma. Si no vendo esto, hoy tampoco habrá medicina.

Luci no lo pensó. No consultó el contrato, ni buscó una lógica de "intercambio". Simplemente, sintió que ese vacío en el niño no debería estar allí. Extendió su mano y, por un segundo, el sello de sus poderes vibró. La realidad se distorsionó.

—Desea algo —ordenó Luci con una voz que hizo que el tiempo se detuviera—. Lo que sea.

—Solo... solo quiero que ella esté bien. Y que no tengamos que estar solos —susurró el niño.

Luci chasqueó los dedos. Un brillo púrpura y dorado envolvió los dulces del niño, convirtiéndolos en monedas de oro sólido, y a lo lejos, en una pequeña habitación, una fiebre desapareció de golpe.

La advertencia del Cielo....



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En el texto hay: comedia, demonios, suspenso

Editado: 31.12.2025

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