Vacaciones en el Purgatorio

Capítulo 8 : El DESAFÍO al Relojero

Luci no durmió. Pasó la noche sentado en el borde de su cama, contando los latidos de su propio corazón humano y comparándolos con el segundero invisible que colgaba sobre la cabeza de Marta en la habitación contigua. Cada parpadeo de los números era un golpe a su orgullo.

A la mañana siguiente, salió de la habitación con movimientos mecánicos. Evitaba mirar por encima de los ojos de la anciana; no quería ver cuánto tiempo se había evaporado mientras ella dormía.

—Me voy, Marta —dijo Luci, con la mano en el pomo de la puerta—. Tengo que... hablar con mi Padre sobre tu destino. No me gusta el contrato que te ha asignado.

Marta, que estaba regando sus plantas, lo miró con una sonrisa confundida. —¿Mi destino? ¡Ay, qué cosas tienes, Luci! Ve con cuidado, que hoy hay mucho tráfico. Y no te olvides de comer algo.

—El tráfico es la menor de mis preocupaciones —gruñó él y cerró la puerta.

El rugido del Abismo

Luci caminó hasta un edificio industrial abandonado en las afueras. Necesitaba silencio, pero sobre todo, necesitaba que el Cielo lo escuchara. Se detuvo en medio de una nave vacía y cerró los puños.

—¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ, VIGILANTE! —rugió.

Dejó de intentar ser humano. Forzó su voluntad contra los sellos de su contrato. El aire empezó a oler a ozono y ceniza. El suelo bajo sus pies se agrietó y sus ojos rojos iluminaron el lugar con una intensidad cegadora. Estaba usando su dolor como combustible para romper las reglas.

El ángel de traje gris apareció en un estallido de luz, pero esta vez no sonreía. —¡Detente, Lucifer! Estás violando los términos. Tu estancia será revocada ahora mismo.

El ángel extendió una mano para tocar su frente y desterrarlo, pero Luci fue más rápido. Con una fuerza que no debería tener en ese plano, agarró la muñeca del ángel. El poder oscuro de Luci chocó contra la luz celestial, creando una onda de choque que reventó los cristales del edificio.

—No me iré hasta que hable con Él —siseó Luci—. No me des este poder para ver cómo se apaga la única luz que no me ha dado asco en milenios.

—¡Es imposible! Él no baja por capricho de un rebelde —gritó el ángel, forcejeando.

La presencia en el silencio

De repente, el ruido cesó. El ángel se quedó congelado, su rostro palideció y cayó de rodillas, soltando el brazo de Luci. El tiempo mismo se detuvo; incluso las motas de polvo en el aire dejaron de flotar.

No hubo truenos ni trompetas. Solo una calma absoluta y una voz que parecía venir de todas partes y de ninguna, la misma que Luci escuchó antes de bajar.

¿Tanta importancia tiene un solo reloj para ti, Lucifer? —La voz de Dios llenó el espacio, cálida pero pesada como el oro fundido.

Luci no se arrodilló. Se mantuvo firme, aunque sus piernas mortales temblaban. —No es el reloj. Es la trampa. Me enviaste aquí para "aprender", pero me das el poder de ver el final del libro antes de terminar el capítulo. Marta no merece un segundero sobre su cabeza. ¡Cámbialo!

Tú mismo dijiste que eran "trozos de carne" —recordó la Voz con una pizca de ironía—. ¿Por qué te importa ahora que el tiempo de uno de ellos se agote?

—Porque ella no me mira como un súbdito, ni como un enemigo. Me mira como si fuera... —Luci apretó los dientes, odiando la palabra— ...alguien que merece un chocolate caliente. No permitiré que el azar de la biología decida su fin. No mientras yo esté en sus "vacaciones".

Un silencio eterno siguió a sus palabras. El ángel seguía temblando en el suelo.

Has roto los sellos por ella —dijo Dios finalmente—. Eso tiene un precio, Lucifer. Si quieres más tiempo para ella, tendrás que ganarlo. Cada buena acción ya no será para tu estancia... será para comprar segundos para su reloj. ¿Aceptas el nuevo trato, Luci?

Luci miró sus manos, que aún echaban humo por el esfuerzo. —Acepto. Pero no lo hago por Ti. Lo hago porque nadie, ni siquiera Tú, debería apagar una luz solo porque el reloj llegó a cero.



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En el texto hay: comedia, demonios, suspenso

Editado: 31.12.2025

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