Vacaciones en el Purgatorio

CAPÍTULO 11: Una rebanada de vida

Luci pedaleaba con una furia silenciosa. Sus piernas mortales temblaban, pero su voluntad de hierro lo mantenía en movimiento. Según su lógica, si entregaba comida rápido y con precisión, el contrato debería reaccionar. Pero el aire estaba mudo; no sentía esa vibración interna que indicara que su "moneda" estaba aumentando.

Las 4 desgracias de Lucifer

La "Influencer": Entregó una pizza vegana a una chica que intentó obligarlo a posar para un video. Luci se quedó inmóvil, con una mirada tan gélida que el teléfono de la chica se reinició solo por el miedo. Resultado: Silencio absoluto del contrato

El Gruñón: Un hombre le gritó porque la pizza tenía una rodaja de piña fuera de lugar. Luci no se disculpó; simplemente lo miró fijamente a los ojos hasta que el hombre sintió que su alma se encogía y cerró la puerta temblando. Resultado: Ninguna señal de buena acción.

La Señora de los Gatos: Tuvo que dejar la comida en una casa con treinta gatos. Los animales bufaban ante su presencia. Luci les devolvió el bufido con tal autoridad que los felinos se escondieron bajo los muebles. Resultado: El marcador seguía en cero.

El Gamer: Un joven le arrebató la caja quejándose de la tardanza. Luci soltó un comentario mordaz sobre cómo su falta de talento era la verdadera razón de sus derrotas, no el tiempo de entrega. Resultado: Cero.

—¡Es inútil! —rugió Luci, deteniéndose en un callejón—. He cumplido con sus caprichos, he ignorado sus insultos y no he incinerado a nadie. ¿Por qué no recibo mi recompensa?

Sin poder ver el reloj de Marta desde allí, la incertidumbre lo estaba devorando. En ese momento, su teléfono vibró: "Pedido cancelado por el cliente". Luci miró la caja de pizza caliente. No entendía el concepto de "cancelar"; en su mundo, un contrato era para siempre.

De camino a casa, Luci pasó por una plaza desierta. Cerca de unos contenedores, vio a un hombre con la ropa raída y a su hijo pequeño. El hombre buscaba desesperadamente entre los desperdicios, intentando encontrar algo que no estuviera podrido.

El niño no miraba la basura; miraba a su padre con una fe inquebrantable. Para ese pequeño, ese hombre no era un mendigo, era el pilar de su mundo.

Luci se detuvo en seco. Aquella mirada de esperanza pura le golpeó como un rayo. Por un instante, el Rey del Infierno no vio a un humano; se vio a sí mismo en los albores de la creación, cuando él era el "Ángel Ideal", el primero entre los hijos de Dios, y miraba a su Padre con esa misma lealtad absoluta antes de que el orgullo dictara su caída.

Sintió una puntada de nostalgia y un vacío que creía haber olvidado. No pudo soportar ver esa esperanza defraudada frente a sus ojos.

Se acercó a ellos con paso pesado. El padre se tensó, intentando proteger al niño.

—Tú, humano —dijo Luci, extendiendo la caja de pizza con una rigidez absoluta—. Se me ha ordenado entregarte este tributo circular. Contiene nutrientes... y esas cosas que mantienen vuestra carne unida.

El hombre lo miró confundido. —Pero... no tengo dinero, señor. No puedo pagar esto.

—El pago ya fue efectuado en una moneda que no comprenderías —respondió Luci, dejando la caja en las manos del hombre con un gesto imperioso—. Cómela antes de que la entropía la enfríe. No es un regalo, es... una corrección del sistema.

Luci se dio la vuelta rápidamente, ocultando una extraña agitación en su pecho. No lo hizo por el contrato. Lo hizo por ese niño.

En una cornisa cercana, la paloma blanca batió las alas y descendió hasta quedar a la altura de los ojos de Luci. El tiempo se detuvo.

Me has sorprendido, Luci —la voz de Dios resonó en su mente, serena y profunda—. Esta vez no has mirado al cielo esperando un pago. Has mirado al suelo para levantar a otro.

Luci apretó los puños del manubrio. —Solo estaba deshaciéndome de una carga innecesaria, Padre. No te confundas.

Esa acción te la haré valer por los dias que pasaste a mi lado cuando esta creación aún era joven. Por aquellos días en que fuiste mi mano derecha... le daré un respiro a tu anciana.

Luci no supo qué responder. Pedaleó hacia casa con el corazón acelerado. Solo cuando abrió la puerta y vio a Doña Marta dormida en el sofá, su visión se activó de nuevo. El reloj sobre su cabeza blanca brillaba con una luz dorada que iluminaba toda la sala.

"+ 7 DÍAS".

Una semana entera. Luci se dejó caer en su silla, exhausto pero en paz. El Diablo acababa de entender que el cielo no paga por servicios, sino por memorias.

Nota: Muchísimas gracias lectores por tomarse el tiempo de leer mi obra, lo agradezco de todo corazón, les deseo un excelente 2026, me gustaría que me ayudarán a decidir que días son los mejores para actualizar esta historia, los estaré leyendo en los comentarios del libro, muchas gracias por su atención ♡.



#2286 en Otros
#202 en Aventura
#243 en Paranormal
#83 en Mística

En el texto hay: comedia, demonios, suspenso

Editado: 31.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.