Capítulo 1.
Es como si hubiera sido ayer cuando la conocí. Era una mujer linda, inteligente, capaz y, sobre todo muy fuerte. El primer día que pisé la universidad la vi y me quedé congelado. En ese momento no supe qué decir, ni qué hacer. Cuando me saludo con un "Hola", no supe qué responder. Pero... de una cosa sí estaba seguro: ella era la chica de mis sueños. No lo podía creer, nunca antes me había sentido así.
Note que al verme, se sonrojó. Me di cuenta que estaba muy inquieta, nerviosa. Con ese "Hola" me pareció tan dulce y tierna, que yo solo me reí en ese momento. No dudé en pedirle su número y ese ángel con gusto me lo dio. Abrió con ello la puerta a mis esperanzas. Entonces me sentí el chico más feliz del mundo.
Apenas acabábamos de relacionarnos, sin embargo tuve la sensación que nos conocíamos de toda la vida.Y de un momento a otro empezamos a salir. De verdad, fueron las citas más lindas que haya podido tener en toda mi vida. Ella me escuchaba, hablamos de cualquier tema. Era tan amorosa y dulce, que se me aceleraba el corazón hasta cuando se reía. No lo podía creer, esa chica simplemente era perfecta para mi.
Un día cualquiera estaba en mi habitación viendo películas y, de repente alguien tocó la puerta. Al abrir, la vi, era ella, pero... la sentí diferente. Ya no había ese brillo en sus ojos que yo observaba cada vez que me veía, ni las mejillas estaban sonrojadas, tampoco veía en su rostro la sonrisa hermosa y tan encantadora que me había enamorado.
¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué me miraba así, con una mirada tan distante?
No entendía lo qué estaba pasando, definitivamente ella ya no era la chica que conocía.
¿Dónde estaba esa mujer que cuando me miraba me sugería que permaneceríamos juntos por el resto de nuestras vidas?
No me gustaba lo que se presentía en el ambiente. Mi corazón me decía que no estaba preparado para afrontar lo que venía. La persona que estaba frente a mi parecía otra y, está versión ya me había olvidado. Pero... ¿yo la quería dejar ir? Simplemente no me sentía capaz de aceptarlo.
Por fin se decidió, abrió la boca y hablo. Con sus palabras no tuve otra opción. Aunque me doliera mucho el alma, me tocaba dejarla ir. Sin embargo di la lucha. Intente por todos los medios de cerciorarla, para que entrara en razón, procure mover sus fibras, que recordara como solía decirme que yo era su hombre. Todo fue inútil. Nada funcionó. Aquel era un adiós definitivo. La mujer de mi vida tomaba distancia.
Ahora, al pasar del tiempo, solo me quedan recuerdos frágiles y, estos si son míos. Mientras tanto ella, camina libre, indiferente a nuestro pasado. Yo sigo aquí, atascado, sin poder avanzar, sin poder superarla. Solo hay una cosa que nunca podré olvidar: la historia hermosa de lo que fuimos una vez.