Capítulo 4
Había empezado en el silencio que ya no dolía como antes.
No era que todo estuviera bien... pero al menos ya no se sentía tan pesado.
Poco a poco, había empezado a acostumbrarme a mi propia compañía.
A veces me quedaba sentado en el sofá de la sala, mirando el techo... a la nada.
Me daba cuenta de cada detalle que había en ese lugar. Todo se sentía tan silencioso, tan tranquilo... y de nuevo podía sentir esa paz a mi alrededor.
Aunque, siendo sincero, al principio se sentía extraño.
Pero después de todo lo que había pasado, entendí algo: poco a poco, estaba empezando a encontrarme conmigo mismo.
Al pasar los días, las semanas... incluso los meses, mi rutina empezó a tomar forma.
Salía a caminar un rato, dejando que esa suave brisa refrescante me envolviera, haciéndome sentir lleno de vida, reconfortado.
Después de eso, solía detenerme en una cafetería y pedía un café helado.
No era nada extraordinario, pero por alguna razón, esos pequeños momentos empezaban a sentirse suficientes.
Tal vez sí lo disfrutaba.
Tal vez me gustaba sentirme así, tranquilo, en una profunda paz...
O tal vez simplemente me estaba acostumbrando.
Y fue en uno de esos días, tan simples como cualquier otro, cuando me di cuenta de algo que no había notado antes...
ya no pensaba en ella con la misma intensidad.
Entonces entendí algo.
Poco a poco, estaba avanzando... estaba sanando.
El tiempo, después de todo, sí podía curar ciertas heridas.
Y aunque no era una felicidad completa, me sentía bien.
Bien conmigo mismo.
Después de todo el esfuerzo, empezaba a ver los resultados.
Tal vez no estaba completamente bien...
pero por primera vez en mucho tiempo, tampoco estaba mal.
Y eso... de alguna forma, era un comienzo.