Vagos recuerdos

Algo inesperado

Capítulo 5

No estaba buscando a nadie.

De hecho, por primera vez en mucho tiempo, estaba bien así.

Pero hay cosas que simplemente pasan…
incluso cuando uno no las espera.

Ese día parecía como cualquier otro.

Caminé sin prisa, dejándome llevar por la rutina que ya había aprendido a disfrutar.

Como siempre, terminé en la misma cafetería.

Pedí lo de siempre y me senté en una de las mesas cerca de la ventana.

Fue entonces cuando la vi.

No hice mucho al principio… solo una mirada rápida, casi sin importancia. Como si lo hiciera por reflejo, o simplemente porque estaba mirando a la nada.

Pero, por alguna razón, algo en ella llamó mi atención.

No sabía qué era… pero se sintió extraño.

Como un leve cosquilleo que ni yo mismo podía explicar.

No aparté la mirada de inmediato.

Esta vez… no quise hacerlo.

No era como antes. No sentí esa necesidad de evitar, de ignorar…
simplemente me quedé ahí, observando en silencio.

En un momento, nuestras miradas se cruzaron.

No fue nada del otro mundo… (según yo),
pero tampoco fue como cualquier otra.

Me di cuenta de que ella desvió la mirada primero.

Y yo… no supe por qué, pero sonreí ligeramente.

Hasta me pareció tierna su reacción.

Y de inmediato supe que…

—Joder… ¿qué me está pasando? —pensé.

Volví la mirada a mi café, intentando actuar como si nada hubiera pasado…
pero algo dentro de mí ya no estaba tan en calma como antes.

No pasó mucho tiempo antes de que la viera levantarse de su mesa.

No le di importancia al principio… como si no me importara lo que ella hiciera.

Hasta que se detuvo justo a mi lado.

—Carajo… ¿por qué se puso al lado mío? —pensé.

—Disculpa… —dijo con una voz suave, pero a la vez tranquila—.
¿Este asiento está ocupado?

—Ah… no —respondí, acomodándome un poco—. Puedes sentarte.

Se sentó sin decir nada más.

Por un momento, ninguno de los dos habló.

Había un silencio… raro, sí, pero no estaba mal.

Y, aunque no era incómodo del todo, tampoco sabía qué hacer con él.

—Vengo aquí a veces —dijo de repente—.
Me gusta lo tranquilo que es.

—Sí… —respondí—.
Creo que eso es lo que más me gusta de este lugar.

No sabía por qué, pero hablar con ella no se sentía forzado.

Al contrario… había algo en su voz que me hacía querer seguir escuchándola.

No sé qué era exactamente, pero por un momento me sentí completamente atrapado en lo que decía.

—Nunca te había visto por aquí —dijo, mirándome con curiosidad.

Puta madre…

Es tan hermosa.

Tiene algo en su sonrisa… algo que me desarma por completo.

¿En serio me está pasando esto?

—Ah… sí —respondí, intentando mantener la calma—.
Vengo desde hace un tiempo.

—¿En serio? —dijo, con una leve sonrisa—.
Qué raro… yo también.

No supe qué decir después de eso.

Pero, curiosamente, el silencio volvió… y esta vez no se sentía extraño.

Era diferente.

Como si, de alguna manera, ambos estuviéramos cómodos con él.

—Soy… —dudé un segundo antes de hablar—.

Bueno, me llamo…

Me detuve.

No sabía por qué, pero hacía mucho tiempo que no me presentaba así… como si fuera el inicio de algo nuevo.

Nicolás… por fin lo dices, idiota.

—Nicolás —dije finalmente.

Ella sonrió.

—Mucho gusto —respondió—.
Soy Samantha.

Y, por alguna razón… ese momento se sintió más importante de lo que debería.

No hablamos de nada realmente importante.

Cosas simples…

el lugar, el café, lo tranquilo que era todo.

Pero, aun así, había algo en esa conversación que se sentía diferente.

Cuando salí de la cafetería ese día, el aire se sentía igual que siempre…

pero yo no.

Caminé sin prisa, como de costumbre,
pero con algo distinto en el pecho.

No era emoción.

No eran nervios.

Era… algo nuevo.

Algo que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Y aunque no sabía exactamente qué era…

por primera vez en mucho tiempo, no me asustaba.

Al contrario…

se sentía real.




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