Vagos recuerdos

Algo que no debía seguir

Capítulo 9

El papel seguía dando vueltas en mi cabeza.

“No es coincidencia”

A veces una frase tan simple puede desordenarte todo por dentro.

Y eso era exactamente lo que estaba pasando.

No dejaba de pensar en ella.

En cómo aparecía.

En cómo desaparecía.

En cómo todo parecía... demasiado calculado para ser causalidad.

O tal vez yo no era el que ya no estaba igual.

Me senté en la misma mesa de siempre, pero esta vez no miré la puerta de inmediato.

Intenté convencerme de que no iba a venir.

Pero igual lo hice.

Miré.

Nada.

Y entonces...

la puerta se abrió.

Ne necesité buscarla.

Ella estaba ahí otra vez.

Pero algo era diferente.

No sonrió de inmediato.

No caminó con la misma calma de siempre.

Esta vez... dudó.

Como si no estuviera segura de venir.

Se acercó igual.

Se sentó frente a mí.

—Hola —dijo, pero su voz no era igual.

—Hola —respondí.

Silencio.

Uno más pesado de lo normal.

—¿Estás bien? —pregunté al notar su expresión.

Ella tardó en responder.

—No lo sé —dijo al final.

Eso me hizo fruncir el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que las cosas se están complicando —murmuró.

Sentí un pequeño nudo en el pecho.

—¿Por culpa de ese hombre? —pregunté sin pensarlo.

Ella me miró de inmediato.

—No debiste verlo —dijo.

—Ya lo vi —respondí—. Y ya estoy metido en esto, quieras o no.

Silencio.

Más largo.

Más incómodo.

—No quería involucrarte —dijo ella finalmente.

—Pero ya lo hiciste —respondí.

Ella apretó los labios.

Como si no supiera qué decir.

Y entonces... lo soltó.

—No es seguro que sigamos viéndonos aquí.

Me quedé en silencio.

—¿Qué?

—No es seguro —repitió—. Él no parece sin razón.

Sentí algo raro en el estómago.

—¿Quién es él? —pregunté.

Pero ella no respondió.

Se levantó un poco, nerviosa.

—No puedo explicarlo ahora —dijo—. Pero tienes que confiar en mí.

—Eso es lo que todos dicen antes de desaparecer —respondí.

Ella me miró.

Y por primera vez... no tenía una respuesta fácil.

Solo silencio.

Hasta que el sonido de la puerta interrumpió todo otra vez.

Ambos giramos.

Y ahí estaba él.

Otra vez.

Esta vez no entró despacio.

Entró como si ya supiera dónde estábamos.

Se detuvo al vernos.

Y sonrió apenas.

Pero no era una sonrisa normal.

Era una advertencia.

Ella se puso de pie de inmediato.

—Te dije que no vinieras aquí —dijo ella.

—Y yo te dije que esto no podía seguir —respondió él.

Yo me levanté también.

—Ok... alguien me tiene que explicar qué está pasando —dije.

El hombre me miró por primera vez directamente.

Y su expresión cambió ligeramente.

—Así que tu eres él... —murmuró.

Fruncí el ceño.

—¿“El”? ¿El qué?

Pero nadie respondió.

Ella dio un paso hacia mí.

—Vete —me dijo en voz baja.

—¿Qué?

—Vete ahora —repitió, esta vez más firme.

Pero antes de que pudiera responder...

el hombre habló otra vez.

—Ya es tarde.

Silencio.

Y por primera vez...

sentí que el café no era solo un café.

”Si te dijeran que te vayas... ¿lo harías, o te quedarías para descubrir la verdad?”




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