Capítulo 16
Nadie volvió a encontrarte.
Las palabras seguían resonando en mi cabeza.
Una y otra vez.
Como si mi mente se negara a aceptarlas.
—No...
Negué completamente.
—Eso no tiene sentido.
Samantha bajó la mirada.
Gabriel permaneció en silencio.
Y, por alguna razón...
eso fue lo que más miedo me dio.
Porque ninguno intentó corregirme.
Ninguno dijo que era una confusión.
Ninguno dijo que estaba equivocado.
—Yo estoy aquí —murmuré—. Estoy sentado frente a ustedes.
—Lo sabemos —respondió Gabriel.
—Entonces explíquenme cómo es posible.
Mi voz sonó más fuerte de lo que esperaba.
Algunas personas volvieron a girar la cabeza.
Pero ya no me importaba.
Nada de eso me importaba.
Porque sentía que mi propia vida se estaba rompiendo frente a mí.
—Nicolás... —comenzó Samantha.
—No.
La interrumpí.
—Quiero la verdad.
Completa.
Por primera vez.
Ella cerró los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos...
parecía más triste que nunca.
—Después del accidente... te buscaron durante meses.
Sentí un escalofrío.
—¿Quiénes?
—Todos.
Mi familia.
La policía.
Los amigos que tenías entonces.
Incluso yo.
Tragué saliva.
Porque escuchar eso...
sonaba demasiado real.
Demasiado doloroso.
—¿Y nunca me encontraron?
Samantha negó lentamente.
—No.
El silencio volvió.
Y por primera vez...
sentí miedo de mi propia historia.
Porque ya no estaba preguntándome qué pasó.
Ahora me preguntaba algo peor.
¿Dónde había estado?
Miré mis manos.
Las mismas de siempre.
Mi vida parecía normal.
Mis recuerdos parecían normales.
Todo parecía normal.
Y aún así...
había un año completo que no lograba recordar.
Un año.
Doce meses.
Trescientos sesenta y cinco días.
Desaparecidos.
—No recuerdo nada —murmuré.
Gabriel me observó.
Serio.
Demasiado serio.
—Porque alguien quería que fuera así.
Levanté la mirada de inmediato.
—¿Qué?
Samantha giró la cabeza hacia él.
Sorprendida.
—Gabriel.
—Ya es tarde para ocultarlo.
El aire pareció congelarse.
—¿Qué acabas de decir? —pregunté.
Gabriel respiró hondo.
Como si estuviera tomando una decisión importante.
—Tus recuerdos no desaparecieron por sí solos.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—¿Qué significa eso?
Pero Gabriel no respondió enseguida.
Porque, en ese mismo instante...
algo volvió a cruzar mi mente.
Más fuerte.
Más claro.
Una habitación blanca.
Una luz brillante.
Una voz desconocida.
Y alguien diciendo.
“Él no debe recordar.”
Me puse de pie de golpe.
La silla chocó contra el suelo.
Samantha se levantó también.
—¡Nicolás!
Pero apenas la escuché.
Porque aquella voz seguía resonando en mi cabeza.
“Él no debe recordar.”
Y, por primera vez...
sentí que alguien me había robado una parte de mi vida.
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“¿Qué harías si descubrieras que tus recuerdos no se perdieron... sino que alguien los ocultó”? 👀🤍
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