Capítulo 17
“Él no debe recordar.”
La frase seguía resonando en mi cabeza.
Una y otra vez.
Como un eco imposible de detener.
Me apoyé sobre la mesa, intentando recuperar el aire.
Mi corazón latía demasiado rápido.
Y la sensación era extraña.
Porque no parecía un recuerdo cualquiera.
Parecía algo que realmente había escuchado.
Algo que había vivido.
—Nicolás... —murmuró Samantha.
Levanté la mirada.
Ella estaba frente a mí.
Preocupada.
Y por primera vez desde que la conocí...
vi esperanza en sus ojos.
Una esperanza pequeña.
Frágil.
Como si una parte de ella hubiera estado
esperando este momento durante mucho
tiempo.
—¿La escuchaste otra vez? —preguntó.
Fruncí el ceño.
—¿Otra vez?
Samantha intercambió una mirada rápida con Gabriel.
Y eso me hizo sentir aún peor.
Porque ambos sabían algo.
Algo que yo no.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
Gabriel cruzó los brazos.
—Significa que no eres el primero en recordar.
El silencio cayó de inmediato.
—¿Cómo que no soy el primero?
Pero nadie respondió.
Y eso solo aumentó mi frustración.
—Estoy cansado de esto —dije—. Hablen claro de una vez.
Samantha respiró hondo.
—Cuando regresaste...
Sentí un escalofrío.
—¿Cuándo regresé?
Ella asintió.
—No recordabas nada.
Nada relacionado conmigo.
Nada relacionado con aquella noche.
Y, durante un tiempo...
pensamos que iba a quedarse así.
Bajé la mirada.
Intentando procesarlo.
Porque cada respuesta parecía abrir una herida nueva.
—Entonces... —yo ya aparecí después de desaparecer?
—Sí.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
—¿Y nadie me dijo nada?
Gabriel soltó una risa amarga.
—Créeme. Lo intentaron.
Levanté la vista de inmediato.
—¿Qué significa eso?
Pero Gabriel ya no parecía dispuesto a seguir hablando.
Como si hubiera dicho demasiado.
Como si estuviera caminando sobre una línea peligrosa.
Y entonces ocurrió.
Otra imagen.
Más rápida.
Más clara.
Una banca.
Un parque.
La luz cálida del atardecer.
Y Samantha sonriendo.
Sonriendo de verdad.
Sin miedo.
Sin tristeza.
Sin secretos.
Sentí que el pecho se me apretaba.
Porque aquella sonrisa...
la conocía.
La había visto antes.
Mucho antes del café.
Mucho antes de nuestro primer encuentro.
—Samantha...
Ella me miró de inmediato.
—¿Qué pasa?
Tragué saliva.
—Recuerdo tu sonrisa.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Y por un instante.
pareció dejar de respirar.
—¿Qué?
—Un parque.
Un atardecer.
Tú estabas riendo.
Nadie dijo nada.
Ni Samantha.
Ni Gabriel.
Pero la emoción en el rostro de ella fue imposible de ocultar.
Como si acabara de recuperar algo que creía perdido para siempre.
Y entonces...
Una sonrisa pequeña.
Temblorosa.
Pero real.
La misma sonrisa del recuerdo.
Y por alguna razón...
sentí que mi corazón la reconocía.
Aunque mi mente todavía no pudiera hacerlo.
— ★ —
“Tal vez los recuerdos más importantes no son los que vuelven primero... sino los que nunca dejaron de estar ahí.” 🤍👀
— ★ —