Capítulo 18
La sonrisa de Samantha desapareció lentamente.
Pero esta vez no fue reemplazada por tristeza.
Fue algo diferente.
Algo más cálido.
Más cercano.
Como si, por un instante...
hubiéramos regresado a un lugar que ninguno de los dos podía ver por completo.
Y aún así...
ambos sabíamos que existía.
—¿De verdad lo recuerdas? —preguntó ella.
Su voz apenas era un susurro.
Intentando aferrarme a aquella imagen.
Al parque.
Al atardecer.
A su sonrisa.
—Sí —respondí—. No fue mucho... pero lo vi.
Samantha bajó la mirada.
Y una pequeña sonrisa apareció nuevamente en sus labios.
—Entonces todavía está ahí.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
Ella levantó la vista.
Y por primera vez en mucho tiempo...
parecía feliz.
—Tú.
Aquella respuesta me dejó en silencio.
Porque no supe qué decir.
Ni siquiera estaba seguro de entenderla.
Pero algo en mi pecho reaccionó.
Como si una parte de mí sí lo hiciera.
Gabriel observaba la escena desde unos pasos atrás.
Sin interrumpir.
Sin decir nada.
Y eso era extraño.
Porque normalmente siempre tenía algo que decir.
Algo que advertir.
Algo que ocultar.
Pero esta vez permaneció callado.
Como si supiera que ese momento no le pertenecía.
—¿Qué hacíamos en ese parque? —pregunté.
Samantha soltó una pequeña risa.
Y esa risa...
también me resultó familiar.
—Hablábamos.
—¿Solo eso?
—Solo eso.
La miré con desconfianza.
Ella sonrió.
—Bueno... tal vez un poco más.
—¿Un poco más?
—Me estabas enseñando algo.
Parpadeé.
—¿Yo?
—Sí.
—Eso no ayuda mucho.
Ella volvió a reír.
Y, por alguna razón.
escucharla reír hizo que algo dentro de mí se sintiera más ligero.
Como si hubiera extrañado ese sonido sin saberlo.
—Intentabas enseñarme a andar en bicicleta.
La miré sorprendido.
—¿Qué?
—Lo sé. Suena ridículo.
—Porque lo es.
Ella soltó una carcajada.
Una verdadera.
Y entonces...
otra imagen apareció.
Rápida.
Breve.
Pero clara.
Samantha sujetando el manubrio.
Yo caminando a su lado.
Y ambos riéndonos.
Sentí que el corazón se me detenía.
Porque ya no era una sensación.
Era un recuerdo.
Uno real.
—Dios mío... —murmuré.
Samantha dejó de reír.
—¿Lo viste?
Asentí lentamente.
—Sí.
Su sonrisa tembló apenas.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
Porque ambos entendíamos lo que significaba.
No estaba recordando una tragedia.
No estaba recordando el accidente.
Estaba recordando nuestra vida.
Nuestra historia.
Y eso era mucho más importante.
—Te caíste tres veces —dije de repente.
Samantha abrió los ojos.
Sorprendida.
—¡Oye!
No pude evitar sonreír.
—Entonces sí pasó.
—No era tan fácil.
—Claro que no.
—Y tú te reíste de mí.
—Porque fue divertido.
—¡Nicolás!
Por primera vez...
los dos nos reíamos al mismo tiempo.
Y durante unos segundos.
todo desapareció.
Los secretos.
Las preguntas.
Los recuerdos perdidos.
Todo.
Solo quedamos nosotros.
Como si el tiempo hubiera retrocedido.
Como si aquella parte de nuestra historia se
hubiera negado a desaparecer.
Pero entonces...
la sonrisa de Gabriel se borró.
Y su mirada se dirigió hacia la ventana.
Tensa.
Preocupada.
Como si hubiera visto algo.
O a alguien.
Mi estómago se encogió de inmediato.
Porque ya no conocía esa expresión.
Era la misma que aparecía cada vez que algo malo estaba por ocurrir.
—Gabriel... —murmuré.
Él no respondió enseguida.
Seguía observando el exterior.
Y cuando finalmente habló...
su voz salió más seria que nunca.
—Tenemos un problema.
El silencio regresó.
Y esta vez...
fue mucho más aterrador que antes.
— ★ —
“Algunos recuerdos vuelven para sanar... pero otros regresan para advertirte.” 👀🤍
— ★ —