Vagos recuerdos

Un momento de calma

Capítulo 23

“Hermano”

Aquella palabra seguía dando vueltas en mi cabeza.

Una y otra vez.

Como si mi mente intentara encontrar un recuerdo al que aferrarse.

Pero no había nada.

Solo un vacío.

Uno que dolía más que cualquier respuesta.

Miré a aquel hombre.

Seguía ahí.

Esperando.

Como si supiera que tarde o temprano iba a recordarlo.

—No... —murmuré.

Él bajó la mirada.

Y por primera vez...

pareció decepcionado.

No conmigo.

Con la situación.

—Está bien —dijo en voz baja—. No voy a obligarte a recordar.

Gabriel dio un paso al frente.

—Ya escuchaste suficiente.

El hombre asintió.

Sin discutir.

—Volveremos a vernos, Nicolás.

Sentí un escalofrío.

Porque estaba seguro de una cosa.

Él decía la verdad.

Antes de irse...

se detuvo un instante.

Y, sin girarse completamente, dijo:

—Cuando llegue el momento...

vas a entender por qué hice todo esto.

Después salió del café.

La puerta se cerró lentamente.

Y el silencio regresó.

Esta vez...

nadie tenía fuerzas para romperlo.

Salimos unos minutos después.

El aire de la tarde estaba fresco.

Había comenzado a caer una brisa suave que movía las hojas de los árboles.

Caminábamos sin un rumbo claro.

Gabriel iba unos pasos delante de nosotros.

Como si quisiera darnos un poco de espacio.

Ninguno de los dos hablaba.

Hasta que Samantha rompió el silencio.

—Perdón.

La miré.

—¿Por qué te disculpas tanto?

Ella sonrió con tristeza.

—Porque siento que todo esto también es culpa mía.

Negué lentamente.

—No lo creo.

—Si aquella noche yo hubiera...

Se detuvo.

Como si las palabras pasaran demasiado.

Me acerqué un poco más.

—No sigas.

Ella levantó la vista.

—¿Por qué?

Sonreí apenas.

—Porque todavía no sabemos toda la historia.

Sus ojos se humedecieron.

Pero esta vez...

no lloró.

Seguimos caminando.

En silencio.

Y, sin darme cuenta...

nuestros hombros se rozaron.

Ninguno se apartó.

Al contrario.

Seguimos caminando al mismo ritmo.

Como si aquello fuera lo más natural del mundo.

Entonces vi un pequeño parque.

No era el mismo del recuerdo.

Pero me hizo pensar en él.

—¿Quieres entrar? —pregunté.

Samantha sonrió.

Una sonrisa sincera.

—Sí.

Nos sentamos en una banca.

El lugar estaba tranquilo.

Algunos niños jugaban a lo lejos.

Una pareja caminaba de la mano.

Y, por un momento...

todo parecía normal.

Como si el misterio no existiera.

Como si solo fuéramos dos personas disfrutando de la tarde.

—¿Sabes? —dijo Samantha.

La miré.

—Extrañaba esto.

—¿Sentarnos en un parque?

Rió bajito.

—No.

Hacer como si el mundo pudiera esperar un rato.

No respondí enseguida.

Porque entendía exactamente a qué se refería.

Habíamos pasado tanto tiempo huyendo de preguntas...

que habíamos olvidado detenernos al respirar.

La observé unos segundos.

Y, sin pensarlo...

extendí mi mano.

Ella bajó la mirada.

Luego volvió a verme.

Y, con un pequeño gesto...

tomó mi mano.

No hubo promesas.

No hubo declaraciones.

Solo silencio.

Pero esta vez...

era un silencio bonito.

Uno que no necesitaba explicaciones.

Porque, aunque mi memoria todavía estuviera rota...

mi corazón parecía recordarla mejor que mi mente.

Y, por primera vez en mucho tiempo...

sentí paz.

Aunque solo fuera por un instante.

— ★ —

“Hay personas que hacen que un momento de silencio se sienta como un hogar.” 🤍

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