V. Sweets.....
Viernes 8 / 2026
11:00 Pm.
Después de haber tenido una grave discusión con mi familia en plena fiesta de aniversario en el gran salón Riverdale <Salón utilizado solamente por la alta sociedad>, regrese a casa con el alma echa añicos y el corazón apretujado. Tome el espejo de mano que estaba en la mesilla al lado de mi cama y, frente a él inspeccione mi rostro.
Un rostro impoluto, sin imperfecciones. Un rostro totalmente cuidado por las rutinas diarias que yo misma me imponía. Madre me hizo saber que un rostro acabado por los años o cansado, pasaba a mejor vida. Me estaba criando para algo que no quería. Pero yo, seguía las reglas. Así debía ser. Al menos hasta esta noche.
Ahora, todo eso se puede ir a la mierda.
Abrí mi paleta de colores. Esa paleta que llevaba tiempo escondida, al final de mi cajón.
Maquillaje para Halloween.
Tome mis artículos de maquillaje, un par de brochas y, me trace en el rostro una cicatriz tan repugnante y aterradora que, hasta yo misma me tenia asco con tan solo mirarme en el espejo. La cicatriz pasaba sobre mi ojo derecho y seguía una ligera curva pasando por mi mejilla, hasta llegar a pasar mi nariz delgada, delicada y definida. Ahora, lucía horrenda.
Sonreí de medio lado y, me di unas palmadas imaginarias en la espalda al ver el resultado.
Lo siguiente que hice fue, despojarme de todas las joyas de oro de 24 kilates que tenia sobre mi y las deje sobre la mesa. Loa aretes de diamante, las pulseras, las gargantillas, los anillos, los deje dentro del maletín de joyas que me habían regalado cuando cumplí la mayoría de edad.
Quite mi vestido hecho a la medida por la casa Versace y lo deje sobre la gran cama con dosel color lavanda el cual, ahora estaba arrugado por haber estado sobre el tanto tiempo. Solté una risilla por lo bajo.
Antes, si quería sentarme, tenia que hacerlo sobre la silla que tenia frente a la ventada ovalada con vista al patio.
Ahora, mi rostro gentil y lleno de calidez había desaparecido por completo con esa cicatriz en el rostro y con mi vestimenta sencilla. Unos pantalones de mezclilla y una playera oversize, mis tenis viejos. Tome los documentos con los cuales había llegado y salí de esa habitación que, mas que habitación, yo diría que, fue mi jaula. Mi jaula de oro.
Salí de la que fue mi habitación y me aleje a paso lento, cada paso era liberador, cada paso que daba era un alivio para mi. Al llegar a la puerta principal no les di el gusto de mirar hacia atrás, todo lo contrarió me fui sin siquiera mirar hacia ellos o, mas bien, eso quería pensar. La familia que alguna vez me acogió, ahora me había dado la espalda.
Al llegar a la calle principal, un aire helado me cubrió por completo pero, no sentía frío, todo lo contrario, era calidez lo que en ese momento sentía.
No puedo mirar atrás.
No quiero mirar mas.
Corrí por la calle, corrí hasta perder el aliento y, cuando finalmente no aguante mas, me deje caer sobre el asfalto.
Deje salir una carcajada de felicidad, reí hasta que las lagrimas salieron y me dolió el estomago.
Ahora, me toca vivir.
Vivir.
Vivir.
Vivir.
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Editado: 11.05.2026