Valieth El Origen

CAPÍTULO 11 DESPERTAR DEL MAPA

CAPÍTULO 11

DESPERTAR DEL MAPA

La mujer estaba allí, inmóvil frente a ella.
La luz débil de la cabaña dibujaba sombras profundas sobre su rostro, acentuando una mirada dura, antigua, como si hubiera visto demasiado para la vida que llevaba. Había algo desafiante en su postura. Algo que no pedía permiso.
Valieth lo supo antes de que hablara.
Era una pitonisa.
—¿Qué buscas en mi casa? —preguntó la mujer, sin amabilidad ni amenaza.
Su voz era baja, firme, segura.
—Dímelo tú. Me estabas esperando.
Valieth no retrocedió.
—¿Encontrar a Kael? —dijo la mujer.
El nombre cayó entre ambas como una piedra en el agua. Valieth quedó perpleja.
—¿Cómo sabes que vendría y de Kael? —preguntó con urgencia—. ¿Está vivo?
La pitonisa la observó durante unos segundos.
—Tu vendrías tarde o temprano —respondió al fin—. Y sí… lo está.
Valieth reconoció de inmediato ese tono. Las pausas. La forma de medir cada palabra. Era el mismo lenguaje que usaba su madre adoptiva cuando hablaba con los hombres y mujeres que llegaban buscando respuestas que tal vez no querían escuchar.
Valieth entrecerró los ojos.
—No me engañas —dijo—. Solo presumes saberlo.
La mujer no se ofendió.
—Lo sé porque ahora tú eres como él —respondió con calma—. Y querrás liberarte de esa maldición.
La frase cayó sobre Valieth como agua helada.
—¿Cómo te llamas? —preguntó, perturbada.
—Mi nombre es Elyra.
—Elyra… —repitió Valieth—. Dime qué más sabes.
La mujer la observó un momento antes de moverse por toda la cabaña respondiendo.
—Un hombre muy guapo… pero misterioso —dijo—. Carga culpa como quien carga una condena. Tristeza, dolor… exilio.
Hizo una pausa.
—Lo convirtieron en lo que es por una razón.
—¿Qué razón? —preguntó Valieth.
—Rebeldía —siguió hablando—. Irónicamente por donde va lo persiguen los rebeldes.
—¿Y por qué tenía que cederme esa maldición como dices tú?
—Para una sola cosa —respondió Elyra—. Salvarlo.
—¿Salvarlo de qué?
Elyra sostuvo su mirada.
—De la oscuridad y las cadenas eternas.
El silencio llenó la cabaña.
—Kael es un buen hombre o lo que sea —continuó—. Pero se está perdiendo. Y solo hay una fuerza capaz de traerlo de vuelta.
Valieth ya sabía cuál sería la respuesta. Aun así, preguntó.
—¿Cuál?
—El amor.
Valieth dio un paso atrás.
—No quiero escuchar eso —dijo—. Fue suficiente. Me voy.
Se giró hacia la puerta.
—Espera —dijo Elyra. La palabra fue firme.
—Yo sé quién es Kael.
Valieth se giró de golpe.
—¿Me estás engañando?
—No.
Elyra inclinó ligeramente la cabeza.
—Y también sé quién eres tú.
El silencio se tensó entre ambas.
—Kael tiene una oportunidad —continuó Elyra—. Y esa eres tú.
Valieth apretó los puños.
—¿Qué sabes tú? —insistió—. Dímelo todo.
Elyra señaló una silla.
—Valieth… siéntate.
Valieth frunció el ceño.
—¿También sabes mi nombre?
—Él me lo dijo.
El pulso de Valieth se aceleró.
—¿Él estuvo aquí?
—Sí. Sé de lo que es capaz. En ese entonces era un amigo… nada más.
—¿En ese entonces? —repitió Valieth—. No te entiendo.
—Esa parte no la preguntes —respondió Elyra—. Tal vez no te guste la respuesta.
Valieth apretó la mandíbula.
—¿Fueron ustedes dos… algo?
Elyra no respondió de inmediato. Tratando de distraer la pregunta.
—Intenté descubrir por qué le ocurrió lo que le ocurrió —dijo finalmente—. Qué razones había para su caída.
Se acercó a un estante lleno de papeles antiguos.
—Encontré escritos. Símbolos. Fragmentos de historias olvidadas. Se los mostré. Intenté ayudarlo a volver a lo que realmente es.
—Sé más clara.
—¿Él no te dijo quién era? —preguntó Elyra—. ¿Cómo llegó aquí? ¿Qué hizo para que eso pasara?
Valieth bajó la mirada.
—Sí… algo me dijo. Sobre un umbral y cosas que debía hacer para mantenerse de este lado.
Elyra asintió.
—Entonces sabes que su historia aún no ha terminado.
Hizo una pausa.
—Y que solo tú podrías salvarlo.
Valieth levantó la vista.
—¿Salvarlo… cómo y de qué?
—Con tu amor.
Valieth soltó una risa seca.
—Eso no es una respuesta.
—Si lo sé, es algo complicado de entender.
—Me vas a decir que debo sacrificarme.
—No es un sacrificio —continuó Elyra.
—Si no es un sacrificio… —preguntó Valieth— ¿entonces qué es?
Elyra sostuvo su mirada. Por primera vez dudó. Pero lo dijo.
—Es una prueba.
El silencio volvió a instalarse entre ambas.
—Existe un ritual antiguo —continuó hablando—. Un camino dividido en siete espacios que deben atravesarse.
—¿Siete espacios?
—Las siete pruebas del alma.
Valieth negó con la cabeza.
—No sabes lo que dices, solo inventas.
—Escúchame, he investigado mucho tratando de estudiarlo y descifrarlo.
—Tonterías. Elyra —dijo Valieth levantándose.
—Mira tú cuello eso no es mentira —Valieth tocó la mordida—. Ya eres otra persona. Llegaste hasta aquí sola. Te adentraste en el bosque y sobreviviste.
La observó con atención.
—Te has hecho más fuerte de lo que imaginas.
—No me gusta lo que me pasa —replicó Valieth.
—Por eso mismo —Elyra la miró de reojo— ¿Te sigo contando?
—Continúa.
—Cada llave exige algo diferente.
Elyra caminó lentamente por la habitación.
—Puede que debas arrodillarte. Puede que debas entregar algo. Puede que tengas que sangrar… o soportar fuego.
Sus ojos volvieron a Valieth.
—Tal vez debas mirarte al espejo… y aceptar lo que veas.
Valieth permaneció en silencio. Aturdida. Asustada.
—Los siete obstáculos del alma —continuó—. Lo amado, la condena, la entrega, el vacío, el amor, la lealtad…
Hizo una pausa.
—Y el sacrificio. podrían ser esos,
Valieth alzó la vista.
—Dijiste que no habría sacrificio.
—No uno literal —aclaró Elyra—. Tal vez debas entregar algo. Pero no tu vida. Por supuesto.
Luego añadió:
—Eso solo lo sabremos cuando lleguemos allí.
—¿Cuando lleguemos? —repitió Valieth.
—Sí.
Elyra comenzó a preparar una bolsa de cuero.
—Yo iré contigo.
Valieth se quedó inmóvil.
—No, Elyra. No lo haré.
—Si yo tuviera la oportunidad de salvar lo que amo —dijo Elyra— lo haría.
—Pero no la tengo.
La miró.
—Tú sí.
Valieth retrocedió un paso.
—No, Elyra. No lo haré.
—Él te entregó su poder pensando en lo que harías con él.
Valieth frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
El silencio volvió a caer.
—Porque te amó demasiado.
Valieth sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Y no a ti?
Elyra negó inmediatamente.
—No.
Respiró hondo.
—Él jamás se enamoró de mí. Como lo hizo de ti.
Una sombra cruzó su rostro.
—Pero yo sí lo amé.
El silencio pesó en la habitación.
—Si eso es lo que querías escuchar… lo siento. Perdóname por decirlo así. Pero fue tu insistencia —continuó Elyra—. Ve por él. Te necesita.
Luego añadió:
—Si quieres deshacerte de esa maldición que ahora llevas, debes encontrar a Kael y devolvérsela. Con eso volverás a ser humana. Saldrás de una condena que no te corresponde.
En ese momento, Elyra se dirigió a un baúl viejo apoyado contra la pared. Valieth se tensó. Por un instante creyó que iba a atacarla. Pero no fue así.
Elyra levantó la tapa del baúl y comenzó a sacar armas. Flechas. Una ballesta. Cuchillos envueltos en cuero. Todo estaba guardado con cuidado dentro de una maleta de cuero gastado, tan vieja que casi pasaba desapercibida en la penumbra de la cabaña.
—¿Qué estás haciendo con eso? —preguntó Valieth.
—Voy contigo —respondió Elyra—. Te ayudaré a encontrarlo. Este es mi equipo.
Valieth negó de inmediato.
—Oh no… no. Claro que no.
—Sé usarlo. Y muy bien —replicó Elyra—. Créeme, conmigo estarás más segura.
Luego añadió:
—Pero antes de salir… debo enseñarte algo.
Valieth la miró con desconfianza.
—¿Qué?
—Lo que ahora posees —respondió Elyra—. Debes saberlo.
Valieth sintió algo extraño en el pecho. Una mezcla de temor y certeza. Sabía que ya estaba dentro de aquello. Y también sabía que deseaba liberarse de esa maldición. Devolverla a Kael tan pronto lo tuviera frente a ella.
Salieron de la cabaña. El bosque las envolvió con su silencio. En el claro, la luna iluminaba la tierra húmeda y las raíces torcidas de los árboles.
Elyra se detuvo.
—Valieth, tienes la fuerza de diez lobos —dijo—. Puedes levantar cosas muy pesadas. No sé qué tanto, pero lo descubrirás.
Señaló una roca grande.
—Podrías romper eso con un solo impulso.
Valieth ni siquiera miró la piedra.
—Ya lo noté.
Elyra frunció el ceño.
—¿Qué dices?
Valieth bajó la mirada.
—Ya maté a alguien. En la celda donde me encerraron. Un hombre intentó sobrepasarse. Lo lancé contra las paredes. Volvió enfurecido… y le rompí el cuello sin querer.
El silencio del bosque se volvió más profundo.
Elyra bajó la mirada.
—Oh… entonces ya lo sabías.
Respiró hondo.
—De ahora en adelante tendrás que controlar tus emociones. Deben estar buscándote como a una presa. Por la muerte de ese hombre.




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