Vampire Killer: El Duelo final

El precipicio de los destinos (Capítulo 75)

EN EL PRECIPICIO DE LOS DESTINOS (EPISODIO 75)

 

Gabriel estaba en ese lugar lleno de nieve, como era un vampiro, no podía sentir el frío, pero era un lugar desolador.

Cuando llegó a este mundo, Meira una mujer de color oscuro, y pelo lleno de rizos negros, con sus ojos color canela, apareció delante de él. Aunque su aspecto mostraba una edad aproximada de 50 años, realmente era mucho más mayor, ya hacía 150 años que era la llave de ese mundo.

Su aspecto grueso y su cara afable no indicaban lo tremendamente poderosa que era esta llave. La propia Anya le había avisado que un invitado iría a verla, para llevarlo al “Fin del mundo”.

Esa mujer le avisó que tenía que entrenar su cuerpo y su mente, y el español, le contestó que ya había recibido entrenamiento mental y físico antes. Pero Meira le explicó que ese lugar era distinto.

Le contó la historia en la que después de encerrar a Necromante. La llave de llaves quería resucitar a su hermano y a los ancestros. Creando con su magia un portal capaz de traer de la muerte a cualquier persona.  Pero se dio cuenta de que jugar con ese poder era realmente peligroso y lo selló, llevándolo al último rincón de ese mundo.

Ella comentó que ella misma estuvo allí en ese momento, ya que Anya no podía salir del templo y necesitaba una persona física para poder hacerlo.

Le repitió varias veces lo peligroso que era ir a ese sitio, pero el vampiro hizo caso omiso a los consejos de la mujer. Pero sí que decidió entrenarse mentalmente.

Estuvo un tiempo con Meira hasta que Gabriel decidió que ya era el momento de ir a ese lugar, la llave intentó convencerle de que desistiera, pero se negó en redondo. Sacando la rabia que acumulaba a este ese momento, mostrando su naturaleza agresiva.

No quedó otra opción que llevarlo al lugar. Y ahí estaba el vampiro, ese lugar donde apenas se podía sentir algo de vida. “La llave” se despidió del español, que salió corriendo con su velocidad, estaba yendo a tal velocidad que no se dio cuenta de que se encontraba en un territorio frágil y el hielo se destrozó cayendo al agua helada.

Intentó volver a salir del agua por donde estaba el destrozo, pero en ese momento sintió una presencia que estaba cerca y algo lo estiró a mayor profundidad, era un monstruo marino bastante grande, parecía una especie de pulpo, con ojos amarillos, su piel era grisácea y tenía grandes mandíbulas.

El vampiro estaba enrabietado porque le estaba haciendo perder tiempo, mostró su lado más bestial, destrozando al ser. Y saliendo del agua.

Siguió corriendo, ya podía ver la montaña donde estaba sellado la puerta que le permitiría resucitar a su amada.

La presión era enorme, podía notar que cada vez que se acercaba, sentía un poder cada vez más grande, y sus movimientos eran más lentos, pero aun así su fuerza voluntad era mayor y llegó a estar delante de la montaña.

El chico comenzó a subir la montaña, le costaba muchísimo, encima de la montaña había una gran nube que lanzaba rayos, que parecían que iban dirigidos a él. Por eso tuvo que parar varias veces.

Estaba bastante dañado, pero los recuerdos y las ganas de volver a Elena, le hicieron esforzarse hasta un nivel extremo. Y cuando llegó finalmente a la cima de la montaña, sintió el olor de la sangre y el aura de quien conocía.

Allí estaba Richard, con la ropa destrozada y tomando aire, le había crecido el pelo y el bello en la cara, llevando una frondosa barba. Estaba claro que al alumno de Leo le había costado más tiempo llegar hasta allí que al vampiro.

-¿Qué haces aquí?- preguntó

- ¡Creo que a lo mismo que tú!- contestó el joven

- Lamentablemente, la mujer me dijo que solo puede entrar uno. - aclaró Gabriel

-¡Ese seré yo!- exclamó el adolescente

- ¡No me hagas perder el tiempo!. ¡El único que entrará en ese lugar, soy yo!. ¡Así que apártate de mi camino!- gritó enrabietado mientras sus ojos se tornaban del color del infierno.

Richard salió disparado contra el vampiro.

 

CONTINUARÁ




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