Vampire Killer: El Duelo final

Cale (Capítulo 78)

CALE (CAPÍTULO 78)

 

El hombre alto, moreno, con barba de tres días, con ojos penetrantes, que llevaba un sombrero de ala ancha de color negro, un poncho largo oscuro, con flecos en los bordes, se movía a gran velocidad; era el elegido de este mundo.

En ese instante vio como un pequeño pueblo estaba siendo atacado por hombres uniformados de militar, no podía creer que los propios humanos utilizaran a vampiros controlados para conseguir más poder.

. Él había nacido en un pueblo parecido, cuando fue arrasado por esos chupasangres. Su familia fue convertida cuando él apenas tenía 15 años, tuvo que clavarles una estaca en su corazón antes que lo mataran.

Toda su vida había estado solo, no era de los que pasaba tiempo con la gente, no era su fuerte la comunicación, a la única que soportaba era a la “Llave de llaves” quizás porque le recordaba a su hermana mayor.

Había conseguido derrotar a gran cantidad de seres de la noche, en todo el tiempo que llevaba como cazador, pero aún no era suficiente. Ahora ya sabía dónde se encontraba el cuartel de “Blood” que era como conocido donde se experimentaba con no muertos.

Pero no podía dejar que ese pueblo fuese arrasado, así que entró en combate con gran velocidad, pudo acabar con los soldados vampiros rápidamente. Aunque esos monstruos habían matado a la mitad del pueblo para robarles lo poco que tenían.

Los sobrevivientes le dieron las gracias, le llamaban “El salvador” porque sus hazañas eran conocidas en todo ese mundo. Quisieron darle algunas monedas, pero él los miró con gesto de desaprobación.

-¡No me interesa!. Adiós- Y salió del pueblo a gran velocidad de allí. Mientras corría por los árboles, se paró en seco y se giró viendo que estaba Susana, la hermana de Gabriel, llegando donde estaba él.

-¿Qué quieres?, llevas rato siguiéndome - preguntó el cazador.

- ¿Lo sabías?. La “Llave de llaves” me dijo que te ayudara- contestó la chica

-¡Yo no necesito ayuda!. ¡Ella lo sabe, así que piérdete!.- comentó malhumorado.

-¡Vaya, eres mister simpatía!. Pero estoy acostumbrada – explicó sonriente.

El cazador en cuestión de segundos salió disparado a gran velocidad, dejando a la vampiresa allí sola. Él había acelerado a una velocidad increíble, no quería que nadie le molestara, no necesitaba a nadie. Y mucho menos una chupasangre.

Pero en cuestión de segundos, la hermana pequeña de Gabriel, apareció enfrente de él, dejando asombrado al cazador.

-No soy una chica que acepte el no por respuesta tan pronto- luciendo una gran sonrisa.

- ¡Sangüíjuela eres bastante pesada!. ¿Por qué no te quedas solucionando lo vuestro?.- cuestionó Cale.

- Ella me pidió que viniera, y ya nos ha ayudado bastante, es hora de que hagamos lo mismo.- afirmó la pequeña de los Luna.

El cazador, hizo un gesto de desaprobación con la cara, pero sabía que no se iría porque él, sin decir nada, había adelantó el paso concentrando su poder en los pies para ir más rápido, pero ella le seguía todo el rato. No tuvo más remedio que aceptar que lo acompañaría.

Odiaba a los vampiros y ahora le habían mandado de ayuda a uno de ellos, era realmente irónico.

En ese instante se fijó que venían a por ellos, un número de 30 vampiros controlados vestían con el uniforme característico.

-¡No te metas!, son míos- sacó una pistola y cuando accionó el gatillo, salieron un gran número de balas, en total 30. Pero no eran balas normales, eran pequeñas estacas de madera que inmediatamente se clavaron en los soldados muriendo en el acto.

Susana no podía creer la increíble habilidad que tenía ese hombre, se había encargado de seres más fuertes que los de su propio mundo, en cuestión de segundos.

En ese mismo instante aparecieron más soldados, y esta vez de uno de los árboles, salió disparado un misil que estaba escondido. Ella corrió a gran velocidad mientras el artefacto le seguía.

Gritó a Cale que se apartara y se paró el misil; estaba a punto de darle. Cuando concentró su “Madch” al cien por cien en sí misma antes de que le diera de lleno, se apartó y la bomba explotó sobre el grupo de vampiros que se acercaba.

En una pantalla estaban viendo todos los movimientos, mientras llegaba un soldado con un pequeño baúl. Levantando el pulgar, abrieron la compuerta.

El general Allister y el doctor Kraugman estaban emocionados, parecía que al fin habían conseguido encontrar el objeto que estaban buscando. Cuando entró dentro de la base, el soldado cambió de apariencia, ahora el soldado que llevaba el pelo corto, tenía el pelo largo rojizo, piel blanca, era alto y tenía ojeras, su indumentaria era blanca.

Se dieron cuenta de que era Echo, los dos se asustaron. Le tenían más miedo a él que incluso al cazador. Decidieron accionar la alerta roja, y todos los soldados se movilizaron para ir a por él.

Cale se dio cuenta de que le estaban dejando pasar con demasiada tranquilidad, y Susana, con su gran oído, escuchó el sonido de las alarmas y se lo comunicó al cazador. Algo estaba pasando, así que decidió acelerar muchísimo.

Y cuando llegó se encontró a cuerpos de soldados por todos lados, en ríos de sangre. Susana no podía creer lo que veía.

-¡Quédate aquí!. ¡No te entrometas!- su mirada reflejaba un odio increíble, mientras le ordenaba a Susana que no se inmiscuyera. Salió disparado de donde estaba y solo encontraba cuerpos de humanos y vampiros en el suelo.

Finalmente, después de un rato, encontró Echo sujetando al doctor por el cuello al doctor, un hombre calvo con gafas, bastante grueso. En el suelo estaba sin vida el general Allister un hombre fornido, de pelo rubio y corto, de ojos azules, con un uniforme lleno de estrellas.

-¡Echo!- gritó enfurecido Cale al verlo.

-¡Cale!- dijo sonriente, mientras seguía sujetando del cuello al doctor.




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