Vampire Killer: El Duelo final

Fragmentos de fuerza (Capítulo 92)

FRAGMENTOS DE FUERZA (CAPITULO 92)

Dos meses habían pasado.
Dos meses para nuestro mundo, y apenas unos días para el otro universo.

Danko había llegado a la Tierra, se quedó mirando una ciudad parecía normal: niños corriendo entre bancos, bicicletas chocando, risas que nunca conocieron guerras, dioses ni sangre. Todo seguía con una rutina irritantemente tranquila.

Danko caminaba en silencio, las manos entrelazadas detrás de la espalda. Cada paso resonaba sobre el asfalto.
A su lado, el niño extraterrestre ya no dudaba ni miraba de reojo. Habían pasado meses difíciles, habían sobrevivido juntos, y algo había cambiado: confianza, complicidad, respeto silencioso.

—Aquí… ya no queda nada —dijo el niño—. Ninguna señal de poder. Ningún ser extraordinario. Todo ha desaparecido.

Danko se detuvo y cerró los ojos. Buscó la vibración, el eco, cualquier rastro de Ciffer y sus hermanos.
Nada.

—¿Notas algo cercano? —preguntó, con voz baja.

—No, nada —contestó el niño—.

El silencio se apoderó de ellos.
Danko abrió los ojos, mirando la ciudad. Se sentó en un banco y decidió ver el anocher, se sentía en paz allí no había ningun ser que pudiera ser peligroso. Pero La calma era una ilusión, un disfraz para lo que se estaba gestando en otro mundo.

El niño se sentó a su lado. La relación entre ambos había cambiado.

Mientras muy lejos de allí, el aire estaba cargado de polvo y sangre.
Cale seguía de pie por pura obstinación. Cada respiración era un esfuerzo titánico. Sus piernas apenas le sostenían, sus brazos temblaban y la sangre llenaba su boca. La muerte estaba cerca.

Necromante se divertía dañandolo lo máximo posinle

Un golpe más y caería. Lo sabía. El villano preparó un rayo oscuro que estaba dirigido a él, ya no podía casí ni andar bajó la cabeza y el malvado lanzó ese poder oscuro, pero cuando estaba por darle de lleno, alguien se puso delante de él y desvió el rayo.

Apareció ella: Susana, la hermana de Gabriel. Su enemiga de siempre. La única que podía evitar que su historia terminara allí.

Se interpuso sin dudarlo, recibiendo un ataque directo que habría matado a Cale al instante. Retrocedió, arañando el suelo, pero permaneció firme. Sus colmillos brillaban, sus ojos eran fuego contenido.

—¡Aléjate de él! —dijo con firmeza.

Cale la miró, incrédulo. Siempre había odiado a los vampiros. Siempre había desconfiado de ella.
Y aun así, allí estaba, recibiendo daño por él.

—¿Por qué…? —susurró, roto.

—Porque eres mi amigo —respondió Susana, sin dramatismo, con una verdad pura y directa.

Cale tragó saliva. La ironía era aplastante. Una vampiresa le acababa de salvar la vida, sin esperar nada a cambio. Solo lo consideraba alguien digno de proteger.

Lucas y los demás observaban desde atrás, conscientes de que cualquier movimiento podía romper el equilibrio.
Susana permanecía firme.
Cale apenas podía mantenerse en pie. La sangre recorría su cuerpo, y sin embargo, la certeza de que alguien lo protegía le daba un respiro en medio del caos.

—Gracias… —susurró, sin poder pronunciarlo más fuerte.

No muy lejos de allí , Ciffer respiraba con dificultad. Cada inhalación quemaba. Sus heridas eran fuego. Su poder era apenas un hilo tembloroso que lo mantenía de pie.

Levon lo observaba con odio contenido. Cada movimiento, cada respiración, era medido, calculado. Cada golpe buscaba romperlos, disfrutando de la destrucción que creaba a su paso.

—Voy a acabar contigo —dijo Levon—. No tienes suficiente poder.

Ciffer no sabía porque . Cada intento de invocar a Danko había fallado, Rose ella estaban dandólo todo pero lamentablemente el resultado era el mismo. No sabía porque no podía traer a Danko y cada esfuerzo lo acercaba a la muerte.

Entonces, una mano tocó su espalda.

—Ciffer, me has ayudado desde el principio, es momento que lo haga contigo —la voz de Rose, débil, desesperada.

-¡No!- gritó él.

Rose empezó a hablar en un idioma antiguo y canalizar su energía hacia a Ciffer. Un círculo oscuro surgió bajo sus pies, runas y símbolos brillando con luz espectral. El poder era intenso, doloroso, salvaje.

Ciffer gritó. La energía lo atravesaba. No era suya del todo. Era violenta, viva, cruel. Pero estaba más pendiente de que la chica que de él mismo. Notaba como su energía

Rose cayó al suelo. Drenada. Inmóvil. El hechizo había agotado todo su poder.

—¡ROSE! —gritó Ciffer, por primera vez el nombre de la mujer. Sangrando, casi sin fuerzas, y se acercó a ella que estaba en el suelo, mientras miraba a Levon

—Esto no termina aquí —susurró—. Solo debo aguantar lo suficiente.

Levon avanzó, disfrutando cada segundo. Cada golpe buscaba quebrarlo, pero Ciffer se movía con precisión, protegiendo a Rose incluso con los restos de su energía.

Rose apenas respiraba. Cada ataque que lanzaba era calculado, pero Levon los leía como un libro abierto. La magia de Rose era un juego infantil para él.

—¿Eso es todo? —dijo Levon, con desdén—. Qué decepción.

Ciffer no respondió. Sus ojos se encontraron con Rose, un mensaje silencioso: resistir, aguantar, sobrevivir.

Levon avanzó, su poder envolviendo el aire, pesado y opresivo.
—Vamos —dijo—. No me hagáis esperar.

Ciffer apretó los dientes. Resistirían lo suficiente. Solo eso importaba.

Debían sacrificar lo que fuera necesario para abrir el camino y traer a Danko.Nuevamente cerró los ojos y se concentró y levantó su mano derecha, pero no había respuesta. El Nosferatu estaba al límite.
El sudor mezclado con sangre le escurría por la cara. Cada respiración era un acto de dolor puro. Sus piernas temblaban, sus brazos ardían, su visión se nublaba. Sabía que no podía resistir mucho más.

Levon sonrió, disfrutando del espectáculo. Su odio era tangible, su poder aterrador.
Con un movimiento calculado, atravesó a Ciffer con su mano, perforó su torso. Ciffer gritó, un sonido ahogado, mezclado con sangre y desesperación, y aun así siguió con la mano levantada.




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