Vampire Killer: El Duelo final

Lágrimas de hierro (Capítulo 93)

LÁGRIMAS DE HIERRO (CAPÍTULO 93)

El portal se abrió con un resplandor intenso, rasgando el aire como si el mundo mismo contuviera la respiración. Danko emergió, los ojos escudriñando el campo de batalla. El olor a polvo, sangre y energía oscura era casi tangible. Cada paso suyo resonaba sobre la tierra destruida, un eco que parecía detener el tiempo.

Frente a él, Levon se giró con una sonrisa cargada de odio. Sus ojos brillaban con desprecio y arrogancia, como siempre lo había hecho. La destrucción a su alrededor no le importaba; solo él y su hermano eran lo que existía en su mundo.

Ciffer yacía en el suelo, completamente drenado, respirando con dificultad. Rose estaba herida, casi sin energía, pero con la mirada fija en Ciffer. Danko observó la escena, sintiendo un peso que no había sentido nunca. El silencio era absoluto, roto solo por el viento que levantaba polvo y escombros.

—¡Vaya, quien tenemos por aquí!—dijo Levon, burlón, el desprecio fluyendo de cada palabra—. Siempre inferior, siempre lento. Nunca serás nada.

Danko no respondió. Solo dio un paso adelante, dejando que cada músculo se tensara, cada fibra de su cuerpo preparada para la tormenta. Su mirada se clavó en Levon, y por primera vez, no había máscara, no había control. Solo determinación y fuerza pura.

Levon atacó primero, una serie de golpes rápidos, cargados de rabia y años de resentimiento. Pero Danko los bloqueó todos, cada movimiento suyo medido y preciso, como si la fuerza del mundo entero fluyera a través de él. Cada puñetazo de Levon era respondido con uno más potente, cada patada recibía un contraataque devastador.

—Siempre creí que eras débil —jadeó Levon entre golpes—. Nunca tuviste nada… y ahora vienes a enfrentarte a mí…

—¡Este es tu fin! —contestó Danko con voz firme—.

La lucha continuó. El choque de sus cuerpos sacudía el suelo, levantando polvo y escombros en todas direcciones. Levon, por primera vez, comenzó a sentir que no estaba en control. Cada intento de dominar era neutralizado, cada estrategia anticipada y aplastada. Su furia crecía, mezclada con miedo, impotencia y desesperación.

Finalmente, Levon cayó de rodillas, respirando con dificultad. Su rostro, normalmente arrogante, mostraba un destello de maldad y ódio. La revelación salió como un grito ahogado:

—Todo… todo este tiempo… tu madre… yo… la maté… —se reía mientras escupía sangre—. Padre no lo hizo, fui yo quien acabó con su vida, él dio la orden y la acaté, pero tengo que reconocer que disfruté.

El mundo de Danko se detuvo. Cada golpe, cada respiración, cada emoción contenida explotó en su pecho.

—¿Tú? —susurró, con la voz tenebrosa—.

Levon no dijo nada. La verdad estaba en sus ojos, llenos de odio. Con un movimiento final, Danko lo golpeó con tal fuerza que fue destruido en pocos segundos, lo poco que quedaba de Levon cayó. Danko permaneció allí, paralizado enfrentándose a la brutalidad del momento.

A unos metros, Ciffer estaba al límite. Su cuerpo era un mapa de heridas, su respiración débil, cada músculo agotado. Pero sus ojos se abrieron y vio a Rose. Y en ella vio algo más: su madre. Recuerdos de su infancia, de la seguridad que nunca tuvo, se proyectaron en su mente. La calidez que buscó toda su vida estaba allí, reflejada en Rose.

—Danko… —susurró, la voz apenas audible—.

Danko se movió con velocidad donde se encontraba su mano derecha.

—Ha sido… un honor… servirte… sé qué cumplirás tu destino, es una lástima que no esté para verlo… pero tienes que hacer una cosa … debes cuidarla… por mí…

Cada palabra atravesó su corazón como un cuchillo. Por primera vez, su rostro impenetrable se quebró por completo. Sus lágrimas cayeron, una tras otra. Su voz tembló:

—Ciffer no eras un simple soldado… eras… mi amigo…

Ciffer apenas pudo sonreír, consciente de que su tiempo se acababa, dejando todo su amor y confianza en la protección de Rose. Cerró los ojos lentamente, dejando que la oscuridad lo reclamara. Su sacrificio era total, su último mensaje imborrable.

Rose, exhausta, apenas respiraba yacía en el suelo. Cada mirada hacia Ciffer, cada suspiro, estaba cargado de dolor y miedo. Danko la observó. Su corazón latía con fuerza, cada lágrima reflejando el peso de la pérdida, la responsabilidad, y la decisión imposible que debía tomar.

El campo estaba cubierto de polvo y ceniza. La sangre y la muerte flotaban en el aire como una neblina. Danko respiró hondo y dio un paso hacia Rose, cada movimiento cargado de tensión y emoción contenida. La última voluntad de Ciffer colgaba sobre él como un desafío silencioso: protegerla o seguir su ideal de eliminar todos los seres con poder.

El tiempo se detuvo. Cada respiración, cada mirada, cada segundo parecía eterno. Danko avanzó lentamente hacia Rose, las lágrimas habían desaparecido de sus ojos y lucía una mirada tenebrosa. La decisión aún no estaba tomada, se quedó mirando el cuerpo que la mujer que temblaba de dolor y miedo.

CONTINUARÁ




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