Vampire Killer: El Duelo final

Por un bien mayor (Capítulo 94)

POR UN BIEN MAYOR (CAPÍTULO 94)

Ciffer ya no estaba.

El vacío que había dejado no era solo físico, era algo más profundo, más silencioso. Un hueco que no sangraba, pero que pesaba. El único que había comprendido quién era realmente Danko, el único que no lo había mirado como un arma ni como un monstruo, sino como a un igual… se había ido.

Sus pasos resonaban lentos, espaciados, casi solemnes. Cada uno parecía marcar un recuerdo. Cada avance hacia adelante lo arrastraba, inevitablemente, hacia atrás.

Imágenes rotas le asaltaban la mente sin pedir permiso: miradas compartidas en medio del caos, silencios que decían más que cualquier juramento, batallas libradas espalda con espalda. Ciffer había sido muchas cosas, pero por encima de todo había sido alguien a quien Danko podía llamar hermano sin pronunciar la palabra.

Y, aun así…

Apretó los puños.

Porque había algo más grande que el dolor.
Más grande que la culpa.
Más grande que cualquier vínculo.

Danko se había jurado a sí mismo que su objetivo estaba por encima de todo lo demás. Por encima de amistades, de afectos, incluso de su propia humanidad. Él traería el equilibrio total. Un mundo sin amenazas. Un mundo sin dioses, sin monstruos, sin poder.

Y para lograrlo, todos aquellos que poseyeran algún tipo de poder debían desaparecer.

Todos.

El recuerdo volvió con crudeza. Aquella noche tras una victoria, cuando aún había humo en el aire y sangre fresca en la tierra. Ambos estaban exhaustos, pero vivos. Danko habló entonces sin rodeos, como siempre hacía cuando la verdad dolía demasiado como para adornarla.

Dijo que, aunque le destrozara por dentro, si algún día Ciffer se convertía en un peligro… lo mataría.
Aunque fuera su hermano.
Aunque fuera él.

Ciffer no se enfadó.
No gritó.
No discutió.

Simplemente asintió.

Dijo que lo sabía.
Que lo entendía.
Que estaba de acuerdo.

Por eso ahora todo le resultaba tan extraño.

¿Por qué había protegido a alguien con poder?

La pregunta le martilleaba la cabeza con una insistencia cruel. Rose no tenía poder real, no todavía. Pero ¿y si algún día lo desarrollaba? ¿Y si al salvarla estaba sembrando una futura amenaza? ¿Y si, por una sola vida, estaba condenando a muchas más?

¿Y si aceptar esa compasión traicionaba todo aquello por lo que Ciffer había muerto?

Las lágrimas que antes habían brotado sin control se secaron.
No porque el dolor hubiera desaparecido.
Sino porque ya no se lo podía permitir.

El rostro de Danko se endureció poco a poco, como si se cerrara una puerta dentro de él. La duda seguía ahí, latiendo, pero fue empujada al fondo. Enterrada bajo capas de convicción y propósito.

Sus pasos se volvieron más firmes.
Más cercanos.
Más decididos.

Porque el mundo no se salvaría con sentimientos.
Y el equilibrio no entendía de pérdidas.

Y aunque algo dentro de él se resquebrajara para siempre, Danko estaba dispuesto a pagar el precio.

Danko se detuvo frente a ella.

Rose estaba inmóvil, vulnerable, apenas consciente. Su respiración era débil, irregular. Era el último rastro vivo de Ciffer… y también la última prueba.

El puño de Danko se cerró.

Los nudillos crujieron con un sonido seco, definitivo. No había rabia en su rostro, ni odio. Solo determinación. Esa determinación fría que no tiembla, que no duda, que no pide perdón.

Dio un paso al frente.

El golpe iba a ser limpio.
Rápido.
Final.

El aire se partió.

Un impacto invisible detuvo su puño a escasos centímetros del rostro de Rose. No fue un choque violento, sino algo más inquietante: una resistencia absoluta, como si el mundo mismo hubiera decidido decir no.

Danko frunció el ceño.

La barrera vibró, transparente, apenas perceptible, pero cargada de una energía que no conocía.

Alzó la mirada.

Entonces la vio.

Una mujer humana, de cabello castaño, los ojos clavados en él sin miedo. No la había visto antes. Y aun así, su presencia lo llenó todo. El aire a su alrededor parecía más denso, más vivo.

Rezumaba poder.

No de forma caótica.
No de forma agresiva.
Era un poder contenido, disciplinado, … como si llevara años aprendiendo a no desbordarse.

Danko retiró lentamente el puño, sin apartar la mirada de ella.

A su lado, ligeramente adelantado, estaba él.

El vampiro.

El mismo que había aparecido en la Tierra.
No era otro que Gabriel.

Su postura era desafiante. Estaba allí por elección. Protegiendo. Decidiendo intervenir. Sus ojos reflejaban arrogancia.

—Apártate —dijo Danko, con voz baja, firme—. Esto no te incumbe.

La mujer no se movió.
La barrera no tembló.

Gabriel dio medio paso al frente.

—Tú eres quien mato a Nadie —respondió—.

El silencio cayó entre ellos, pesado como una sentencia.

Danko entendió algo entonces.

No era solo Rose.
No era solo Ciffer.
No era solo una decisión.

El destino le volvía a poner a prueba.

Rose no podía creer lo que estaba ocurriendo.

Gabriel… la estaba protegiendo.

Después de todo lo que había pasado. Después del daño, de la sangre derramada, de las decisiones que los habían separado. Él estaba allí, interponiéndose entre ella y la muerte sin pedir nada a cambio.

El mundo parecía haberse detenido.

Rose intentó incorporarse, pero el cuerpo no le respondió. Sus ojos, todavía nublados, se fijaron entonces en la barrera que la rodeaba. Aquella energía no era de Gabriel. No era vampírica. Era cálida.

Alzó la mirada.

La mujer de cabello castaño seguía allí, firme, concentrada. Rose no la conocía. Nunca la había visto antes. Y aun así, algo en su forma de mirar al hermano mayor de los Luna… algo en la manera en que no apartaba los ojos del no muerto… le resultó dolorosamente familiar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.