LA RESISTENCIA IMPOSIBLE (CAPÍTULO 95)
l aire, denso y cargado, se había vuelto un presagio. No era el frío de la noche, sino la helada certeza de una voluntad inquebrantable. Danko, en el epicentro de aquella quietud tensa, observaba a los tres con una calma que rozaba lo inhumano. Gabriel, la mujer de cabello castaño y Rose… la última pieza de un rompecabezas que estaba destinado a desmantelar. La barrera translúcida que protegía a Rose, un eco pálido de la magia que Ciffer había llegado a dominar, vibraba con una fragilidad que solo Danko parecía percibir en su totalidad.
—¡Voy a acabar con vosotros! —repitió, su voz apenas un susurro, pero cargado de una autoridad aplastante—. Y no podréis hacer nada para evitarlo.
Gabriel dio un paso al frente. Sus ojos ardían con una furia profunda, nacida de la pérdida.
—¡Esto es personal! Tú eres quien mató a Nadie.
La mujer de cabello castaño permanecía firme, su mirada clavada en Danko, concentrada. Su energía, serena pero implacable, envolvía el campo de batalla como un escudo invisible. Rose, aún débil, trató de incorporarse. Su cuerpo temblaba, pero su voluntad no cedía. En sus ojos aún brillaba aquella chispa que Danko ya había visto antes… la misma que tenía Ciffer.
Danko sonrió levemente, sin emoción.
—Ingenuos. Creéis que podéis oponeros al equilibrio. El destino no se negocia… se cumple.
Se movió.
No hubo aviso, ni gesto evidente. Solo un desplazamiento imposible. Su puño, sin magia aparente, descargó una fuerza devastadora contra la barrera. El impacto resonó como cristal al romperse. Grietas de energía recorrieron el escudo, que tembló violentamente. La mujer gimió, sus manos vibrando mientras luchaba por sostenerlo.
Gabriel no dudó. Se lanzó hacia delante como una sombra, sus garras buscando un punto débil. Pero Danko ya no estaba allí.
Apareció detrás de él.
El golpe no fue físico, sino una onda de choque brutal que impactó en su espalda. Gabriel salió despedido y se estrelló contra las rocas, rompiéndolas al impactar. Un gemido ahogado escapó de sus labios mientras la sangre comenzaba a brotar por la comisura de su boca. Aun así, levantó la mirada. Seguía en pie. Seguía luchando.
Elena aprovechó el instante. Alzó las manos y liberó un torrente de luz pura. Aquella energía, normalmente curativa, se volvió destructiva bajo su control.
Danko la interceptó con una sola mano.
La luz se desvaneció en su palma… y, en el mismo movimiento, la devolvió contra ella.
Elena reaccionó al instante. Saltó hacia atrás, esquivando la explosión por apenas unos centímetros. El suelo estalló donde había estado un segundo antes.
Entonces, sus miradas se cruzaron.
Sin necesidad de palabras, atacaron juntos.
Elena lanzó un arco de fuego por el flanco derecho. Gabriel, desde el izquierdo, se abalanzó con sus garras extendidas. Pero Danko alzó las manos y detuvo ambos ataques con una facilidad insultante. Los atrapó por los brazos y, con un tirón seco, los hizo chocar entre sí.
Ambos cayeron al suelo con violencia.
Rose observaba la escena, con el corazón acelerado. Podía verlo… la conexión entre ellos. Gabriel había encontrado a alguien. Alguien por quien luchar.
Sus manos temblaban.
Miró sus propios dedos, manchados de sangre.
No podía terminar así.
No después de todo.
No después de Ciffer.
Apretó los dientes.
Y dejó de temblar.
La energía oscura comenzó a concentrarse en sus manos, densa, inestable. Con un grito, la liberó. Una explosión de oscuridad atravesó el campo de batalla.
Gabriel y Elena saltaron hacia atrás para evitar el impacto.
La energía golpeó de lleno a Danko.
La explosión fue brutal.
El suelo tembló, el aire se desgarró, y una nube de polvo lo cubrió todo. Durante unos segundos, solo hubo silencio.
El humo empezó a disiparse.
Danko seguía en pie.
Su ropa estaba dañada. Su cuerpo… herido.
Una media sonrisa se dibujó en su rostro.
—Tu poder es impresionante… humana. Hacía mucho que nadie lograba herirme.
Sus ojos brillaron.
—Pero no es suficiente.
Desapareció.
Reapareció frente a Rose, listo para matarla.
Gabriel se interpuso.
Pero fue demasiado lento.
Danko lo golpeó con un movimiento seco, lanzándolo de nuevo al suelo.
—A ti te dejaré para el final —dijo con frialdad—. Te has ganado una muerte digna.
Elena alzó las manos de nuevo. Esta vez, una energía blanca y pura comenzó a condensarse en ellas.
Rose se colocó a su lado.
Oscuridad en una mano. Luz en la otra.
—Me alegro… de que Gabriel haya encontrado a alguien como tú —susurró.
Y ambas atacaron.
Las energías se encontraron en el aire.
Y se fusionaron.
Luz y oscuridad, unidas en un solo ataque.
El impacto fue distinto a todo lo anterior.
Danko intentó detenerlo… pero esta vez no era suficiente.
Sus pies comenzaron a deslizarse hacia atrás.
La presión aumentaba.
Y entonces—
Un rugido.
Gabriel.
A pesar del dolor, se lanzó una vez más. Sus garras alcanzaron a Danko, abriendo su piel. La distracción fue mínima… pero suficiente.
Danko perdió el control.
El ataque combinado lo golpeó de lleno.
La explosión fue colosal.
El suelo se hundió, formando un enorme cráter. El calor hizo brotar lava desde las profundidades. La onda expansiva se extendió por todo el campo de batalla.
Incluso a la distancia, otros pudieron sentirla.
Cuando el humo se disipó… no había rastro de él.
Los tres cayeron al suelo, exhaustos.
Pero Gabriel lo sabía.
No había terminado.
El suelo tembló.
Y entonces, desde el interior del cráter… emergió Danko.
Su cuerpo estaba cubierto de heridas. La sangre corría por su piel. Sus músculos tensos, sus venas marcadas. Su mirada…