Vanidad

Capítulo 2

—Quince años —Marbella sonrió al ver a su hijo con su elegante traje, era demasiado alto para su edad, el sastre limpio con su mano una pelusa invisible.

—¿Qué le parece señorito Lucio? —los ojos verdes y fríos de Lucio se toparon con los negros escurridizos del sastre.

—Llámame Señor Lucio —.el sastre rápidamente asintió, pero en su mente pensó que los ricos creían que por su gruesa cuenta bancaria se merecían respeto.

—Me gusta como te queda —Marbella interrumpe los pensamientos del sastre —Está noche pedirás formalmente la mano de Trina.

Lucio frunció los labios, realmente le parecía aburrido pasar la noche en una fiesta organizada por los Campton, la gente moriria de aburrimiento, pero no rechazaban sus invitaciones solo por el hecho de ser los Campton.

No pensaba en casarse aún, estaba en su mejores años, pero la familia de Trina querían asegurarse que la sociedad entera no se olvidará que Lucio Atienza era el futuro esposo de Trina, le pertenecía a ella, así que decidieron que hoy, él debía colocar el anillo de compromiso a su prometida.

Lucio suspiró, rápidamente se despojo del traje, a sus quince años ya había probado el placer en los brazos de las mujeres, su tío paterno lo había llevado a una casa de lujo donde se pagaba una pequeña fortuna por las mujeres que brindaban sus servicios, su tío no escatimó en pagar para que su sobrino tomara experiencia, pero realmente la experiencia la tuvo con una mujer diez años mayor que él, de su mismo círculo social, viuda, su romance no conocía la luz del sol, nadie podía saber que ellos dos eran amantes, no sería bien visto por la sociedad que ella una mujer intachable fuera la amante de un joven menor y comprometido.

—Vamos a la joyeria, a las tres estaría listo el anillo de compromiso —Lucio no dijo nada, su madre había elegido el anillo, el tamaño del diamante, él simplemente se lo colocaría en el dedo a Trina, su prometida era una mujer muy bonita, egoísta, indiferente, ninguno de los dos se amaba, simplemente se estaban casando por el poder que adquirirían ambas familias al unirse.

Luego de colocar el anillo en el dedo de Trina, se iría, estaba descubriendo lo que era el placer, así que en lo único que pensaba era en el sexo, en el cuerpo de Piedad Marquez, su amante.

*****

—No pareces de quince años —Boyd Peck siguió pelando las patatas, pero de reojo miraba a Zoé.

—Es lo mejor —Natividad levantó la mirada para ver a su nieta, ella estaba ayudando a pelar patatas, pero su mente estaba perdida. Zoé no tenía el cuerpo que correspondía a su edad, parecía una joven de doce años, con su cuerpo plano, su rostro aniñado aún, eso alegraba a Natividad, ni el señor Albert, ni el señorito Lucio pondrían sus ojos en Zoé y la tomarían como su propiedad. Aunque era poco probable que el Señor Albert se fijará en su nieta, se rumoreaba que había comprado casa a su amante a dos casas de la suya, la señora Marbella, no hablaba al respecto, pero estaba segura que debía sufrir por el descaro del esposo y de la amante.

—¿Zoé? —ella mira a su abuela, su mente estaba divagando, había escuchado que el señorito Lucio iba a comprometerse ese día, le dolía el corazón, ella no había dejado de amarlo, se volvió en habitual para ella verlo todos los días desde el techo de la mansión, las llegadas por las tardes se había vuelto en llegadas por la noche, ahora todo tenía sentido para ella —Pobre la prometida del señorito Lucio —Zoé salió de sus pensamientos, para prestar atención —Escuché a las lavanderas que todos los días terminan agotadas tallando las camisas blancas del señorito Lucio, vienen manchadas de carmín y oliendo a perfume.

Zoé sintió que el suelo se movió bajo sus pies.

—Es mujeriego igual a su padre, me alegra que Zoé no se ha desarrollado —Natividad miro a Boyd Peck —Cuando cumpla dieciocho nos marchamos, a esa edad empecé a desarrollarme.

Boyd Peck asintió, recordaba a Natividad, una mujer bonita, con un cuerpo curvilíneo, muchos en el barrio donde crecieron se morían por conquistarla, pero fue su mejor amigo quien lo logró. Si Zoé iba a ser como su abuela era mejor que la sacará de la mansión.

—¿Pasa algo? —Zoé levantó la mirada al sentir los dedos de su abuela en su barbilla.

—Nada abuela, solo estoy un poco cansada.

—¿Aprendiste algo hoy? —Zoé asiente 

—Ya se escribir mi nombre —Natividad sonríe.

—Te felicito Zoé, los Atienza no pueden saberlo, para ellos nos es bien visto que una sirvienta aprenda a leer, o escribir.

—Lo sé abuela —Zoé dejó el cuchillo en la mesa, para ir a lavar las patatas.

—Sólo le enseño lo poco que sé —Boyd Peck se encogió de hombros.

—Te agradezco Boyd Peck, por lo menos Zoé sabe escribir su nombre y entiendo un poco las palabras, no es tan bruta como su abuela.

—Sabes que no lo eres —Natividad suspiró.

—No sé si es idea mía, pero veo triste a Zoé.

—Pienso que es por sus hermanos, desde que salieron de Moorpond no ha sabido de ellos.

—Desde hace ocho años —Natividad asintió—Cuando nos vayamos los buscaremos, cada día pienso en mis nietos, en sí estarán bien.

—Esperemos que si.

Zoé terminó de ayudar a su abuela en la cocina, subió al techo, sus ojos miraban las estrellas, mientras las lágrimas rodaban libremente por sus mejillas, sabía que su amor era imposible, Lucio Atienza, jamás se fijaría en ella, para él era una simple sirvienta que no debía atreverse a cruzar su camino, pero al corazón nadie lo mandaba.

*****

La mirada de Lucio se poso en Piedad, su amante, ella iba del brazo de un hombre a quien no había identificado aún. 

Ella como siempre iba bien elegante, su vestido de noche, le quedaba a la perfección, ella se pegaba a su compañía, Lucio sonrió, entendió el juego de Piedad, quería darle celos, pero era un sentimiento que él no conocía en lo absoluto.

Camino hacia ellos con una copa en su mano.




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