Pude salir del shock, necesitaba reaccionar, y lo hice. Rápidamente me teletransporté detrás de la chica, aparecí detrás suyo y no pudo reaccionar, pude quitarle el bolso mágico. Ella se dio vuelta lo más rápido que pudo en cuanto sintió que su bolso no estaba. Pude ver en ella un rostro de preocupación, como si ahora la que estaba jodida fuera ella. Inmediatamente después se abalanzó contra mí intentando golpearme en la cara. La desgraciada hasta olvidó la primera regla de todas las historias de superhéroes: siempre dar un tremendo discurso antes de atacar. Pude evitar su ataque fácilmente, se movía igual de rápido que cualquier humano promedio, por lo que me di cuenta de que no tenía poderes físicos. Me intentó dar un par de golpes más, pero obviamente solo consiguió parecer una persona controlando una marioneta, pero sin la marioneta.
Después de su intento desesperado y sumamente inútil de atentar contra mi invaluable vida, se cansó. Le dije con un tono para nada egocéntrico y sumamente humilde:
—Casi me das.
Cuando terminé la oración y aparté la mirada de su hermosa poker face, me di cuenta de que todos los pequeños bichos se habían paralizado. Sentí demasiada curiosidad, por lo que me propuse investigar sin miramientos el bolso que le había arrebatado a la chica. Parecía una especie de bolso sin fondo. Pude sentir que ahí estaban guardados miles de esos desgraciados bichos, era una montaña de ellos totalmente estáticos como si fueran juguetes. El tacto era desagradable, así que retiré mi mano de ahí, pero mientras lo hacía noté algo distinto en esa montaña de desgraciados bichos asquerosos: era una especie de puño americano, pero de madera y con un acabado mucho más artístico. Conseguí sacar el aparato, e inmediatamente todos los bichos se levantaron. Ese aparato los controlaba. Lo debió haber soltado cuando le agarré el bolso y se quedó dentro de él.
Se sentía muy bien tener ese aparato en las manos, irradiaba un aura y un poder gigantesco. Pero cuando estaba apreciando su poder, vi que los bichos venían corriendo hacia mí otra vez. Esta vez, sin embargo, parecían querer halagarme y glorificarme. Me decían que yo era increíble y que era su rey. Incluso en ese momento no me parecieron tan desagradables. Los tenía a mis pies y se veían bastante tiernos.
Cuando me estaba sonrojando y alegrando de tener tan fieles súbditos, recordé que estaba en la prueba de iniciación del mejor colegio del país. Casi se me va ese pequeño detalle, pero sepan entender, nunca nadie me había querido tanto. El caso es que al buscar a mi rival, vi que la chica no estaba. Pensé que se había escapado. Es decir, el bolso era lo único que tenía, seguro no resistió la humillación que le estaba dando. No le tomé mayor importancia, así que me fui a buscar los maniquíes restantes para ganar. Encontré dos muy rápido, pero cuando destruí el segundo escuché una bocina y una voz imponente que decía: "Prueba finalizada". Quedé en shock, no entendía qué había ocurrido. Es decir, le quité el bolso y los bichos eran inútiles sin el control, no iba a poder encontrar los maniquíes y salvarlos tan rápido. Y además, siempre estuve muy atento a ella. No es como que un puño americano de madera que controla un ejército de humanoides pequeños me haya desconcentrado.
Cuando aún no me lo terminaba de creer, escuché gritos de enojo a lo lejos. Era ella, acercándose y diciéndome:
—Oye, desgraciado, maldita escoria, sabandija mugrienta, devuélveme mi bolso ahora mismo, ladrón descarado y sin escrúpulos.
Parecía literalmente el emoji de enojada, casi se le salen los ojos. Cuando llegó no pude ni hablar, solo le devolví su bolso y el puño. No me salía la voz, tenía mucha vergüenza, pero como pude le pregunté:
—Oye, ¿cómo lo hiciste?
—Lo que te faltaba de alto lo tenías de tonto. ¿De verdad creíste que me habías ganado solo por quitarme mi bolso?
—Pero, ¿cómo...? —respondí yo.
—Es cierto que no soy tan fuerte ni tan rápida, el bolso solo es un regalo de mi familia. Pero tengo algo de magia: puedo generar pequeños portales para moverme unos pocos metros, y dependiendo de qué cosas, las puedo teletransportar de un lugar a otro. No es algo tan fuerte, pero es mejor que no tener nada.
—¿Entonces eres como yo? —le pregunté sorprendido.
—Pues claro, idiota —me respondió indignada—. Si soy tu prima, ¿tu papá nunca te habló de mí?
Fue un golpe demasiado duro. No lo podía creer. La primera chica que me gusta del colegio y resulta ser mi prima. Esto no puede empezar peor...