En lo más profundo, existe un bosque condenado a vivir bajo la oscuridad eterna. Fue marcado así por un ser celestial, aquel que tiene el poder absoluto sobre la luna y todas las tinieblas que existen.
En medio de ese lugar donde la luz nunca llega, crece una flor única. Fue tocada y consumida por completo por el mismo hechizo que cayó sobre el bosque; su esencia, sus pétalos y hasta su alma se llenaron de esa magia oscura. Durante mucho tiempo estuvo escondida, hasta que fue buscada, encontrada y tomada por un herrero y alquimista muy sabio.
Él fue contratado por un guerrero antiguo y poderoso, considerado el mejor de todos los caballeros. Su orden era clara: usar esa flor y toda su esencia pura, para crear y forjar un arma capaz de cortar la misma noche, de mover y controlar las sombras, y de abrir caminos donde solo hay oscuridad.
El herrero comenzó su gran trabajo, pero antes de terminar, miró fijamente al caballero y le advirtió:
—Esta arma tendrá un poder inmenso, mucho más grande que cualquier cosa que hayas visto. Usada bien, será tu mayor fortaleza… pero si te equivocas o no sabes manejarla bien, traerá solo destrucción, dolor y un poder que ya nadie podrá controlar jamás.
Sin embargo, el caballero no le hizo caso. Con voz fría y firme, solo respondió:
—Haz tu trabajo, para eso te estoy pagando.
Y así se hizo. Nació una espada. Su poder era inmenso y la oscuridad que salía de ella era tan fuerte que parecía tragar todo lo que había a su alrededor. Cuando el arma estuvo lista y fue entregada, el caballero traicionó al artesano: lo encerró para siempre dentro del Mundo de las Tinieblas, un lugar sin puertas, sin caminos y del que nadie jamás ha logrado salir.
Todos lo llamaban el Caballero Valiente, el Protector de los Reinos, el más fuerte entre los fuertes. El mejor guerrero que existía. Tomó su nueva arma, a la que llamó Flor de la Oscuridad, y comenzó a entrenar día y noche, tratando de aprender todo sobre ella y de tenerla bajo su mando.
Pero la oscuridad es astuta y pesada. Poco a poco fue envolviéndolo, entró en su mente y terminó por corromper su corazón noble. Dejó de ser quien era y comenzó a recorrer reino tras reino, conquistándolos uno por uno. Donde él pasaba, todo se cubría de sombras, la alegría se apagaba y la maldad se apoderaba de todo y de todos.
Pronto, la mayor parte del mundo estaba bajo su mando. Pero usar tanto ese poder inmenso tuvo un precio: su cuerpo, por más fuerte que fuera, no estaba hecho para aguantar tanta energía oscura, se fue debilitando poco a poco y ya no podía tener el control total de lo que llevaba en las manos. Aun así, siguió reinando, siendo el Gobernador Eterno, el Señor de las Tinieblas, el dueño absoluto de la noche…
Hasta que llegó el día del cambio. Llegó el momento de su caída. El fin de la era de Flor de la Oscuridad había llegado, y con ella, comenzó a abrirse paso el regreso de la luz, la esperanza y un nuevo comienzo.
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Editado: 25.04.2026