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Mal Presagio
Las clases eran iguales a todos los días, al menos lo más normal posible para el trío de hermanos: Jason disociaba entre dibujos y pensamiento de que juego jugaría más tarde, Selene apenas y llegaba a prestar atención en clase, —no le interesaba del todo la mitología griega, ni la historia en general—, después de todo, ella pensaba:
—¿De qué me sirve saber eso? No es como si en mi solicitud a la universidad me fueran a preguntar “¿qué sucedió en el titano maquia?”.
Se repetía cada vez que el señor Young impartía su clase. Thalía por otro lado, era la única que trataba de poner atención, siempre fija en su objetivo.
…
A las tres y treinta el timbre sonó marcando el final de la clase.
—Un alivio —pensaban Selene y Jason, mientras se levantaban de su asiento estirando todo el cuerpo. —Bueno, y que sigue —preguntó Jason inquieto, pero con una sonrisa —, mientras no sea…
—latín —le contestó Thalía, mirando el suelo desanimada.
—latín —término Jason, dejando caer su cabeza en su hombro.
—Uy, perfecto, latín, la mejor materia del mundo. Digo, ¿a quién no le gusta aprender una lengua muerta que ya nadie usa y que no sirve para nada en este mundo? —dijo Selene, con tono irónico, rodando los ojos.
Jason soltó unas risitas, Thalía en cambio le lanzó su mirada de hermana mayor, esa con la cual básicamente dice:
—Madura.
Selene le regreso la mirada, rodando los ojos le dijo:
—Ay por favor, no me digas que, si quieres ir, ni siquiera te gusta el latín.
La mirada de Thalía se volvió más punzante. Resopló suavemente antes de regalarle a Selene la más falsa de sus sonrisas.
—No me im-por-ta —pronunció con una sonrisa exagerada, que se desvaneció en cuanto su rostro se endureció—. Camina.
Selene, puso sus ojos en blanco, suspiró y empezó a moverse con los brazos cruzados.
Los trillizos no odiaban la clase por que fuera aburrida o innecesaria —aunque lo era y mucho—, al menos no en su mayoría, la odiaban por quien impartía la clase. La profesora Libardi era… horrible, pero también era la “tía” de estos tres. El parecido era aún más notorio cuando hablaba y en sus palabras se notaba de quien había heredado su encanto Selene. También estaba la forma en que acomodaba sus anteojos antes de hablar de forma ácida, característica de la tía Minerva.
La clase transcurría con normalidad, la profesora Libardi estaba de espaldas al grupo, escribiendo en el pizarrón con una caligrafía enrevesada. Su voz seca llenaba el aula.
—"Vincit qui se vincit"... ¿Alguien podría decirme que significa? —pregunto Minerva con la falsa esperanza de que alguno de los simios que tenía por alumnos le respondiera
Un silencio incómodo se apoderó del aula. Jason ya estaba medio dormido en su silla. Selene fingía leer un libro mientras dibujaba calaveras en su cuaderno. Thalía, resignada, levantó la mano.
—"Quien se conquista a sí mismo, vence”, profesora —respondió.
Libardi ni siquiera se volteó.
—Correcto. Tarde pero correcto. Pero gracias por confirmar que al menos uno de ustedes tiene algo de materia gris —respondió, con su característico tono ácido.
Selene apretó la mandíbula y le murmuró a Jason sin despegar la mirada del frente:
—¿Y esta es nuestra familia? Genial. Debimos haber sido adoptados por Beyoncé.
Jason se rio por lo bajo, evitando llamar la atención de la profesora, algo que no sirvió del todo.
—Jason, ¿Te divierte mi clase? —preguntó Minerva con una sonrisa ladeada—. ¿Qué te parece si vienes aquí y me muestras cuánto has aprendido? —ordeno Minerva hablándole como si fuese un bebe.
Jason no tuvo más remedio que levantarse de su silla, no quería ganarse un reporte de Minerva o algo peor charlar sobre su “inmadurez” con ella.
—Señor Ordan, por favor escriba y traduzca la oración “Dīī Graecī in Monte Olympō iacent”.
Jason se mostraba desesperado, tragando saliva, con sus ojos brincando palabra por palabra. En busca de un salvavidas observó a sus hermanas, aunque… ellas estaban igual de pérdidas que él, sin más remedio volvió a leer la oración, palabra por palabra.
No sabía si era por no querer terminar humillado frente a todos o porque dios lo había iluminado, pero de un momento a otro, las palabras comenzaron a tomar forma en su cerebro.
—"los dioses griegos yacen en el monte Olimpo” —aventuró con una sonrisa nerviosa y hombros encogidos. —Mmh, correcto señor Ordan —le respondió Minerva sonriendo,
ligeramente orgullosa —, bien hecho Jason, tal vez el estereotipo de rubio tonto no siempre se aplica.
—¿Gracias? —dijo Jason con una sonrisa incómoda.
De regreso a su asiento aún atónito, con el ceño fruncido y una mueca confundida en los labios. Se dejó caer, soltando un suspiro largo y entrecortado. Selene le dio un codazo leve en las costillas.
Editado: 02.02.2026