Vástagos del olimpo

Cuento De Dioses

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Cuento De Dioses

Richard se acomodó, apoyando los brazos sobre el escritorio de aquella aula vieja.

—Hace mucho tiempo, yo… —hizo una ligera pausa, trago saliva —, ustedes llegaron a mi vida y eso fue lo mejor que me paso.

Thalía esbozo una ligera sonrisa, Jason

se emocionó ruborizándose ligeramente, Selene desde la parte trasera del aula enterneció sus facciones.

—Pero ese día descubrí la verdad del mundo.

—¿La verdad? —Thalía estaba algo desconcertada —¿a qué verdad se refiere?

—Verán niños el día que los conocí, fue una día verdaderamente especial y confuso para mi —hizo una pausa para recuperar aire. Un rayo impacto cerca de las ventanas del aula, iluminándola de lleno. —Aun recuero ese día, me desperté de golpe por los ruidos ensordecedores de truenos y relámpagos y un frio que me helaba los huesos. Al bajar por la escalera del recibidor hasta la puerta, escuché un fuerte estruendo venir de afuera, con un bate de beisbol en mano me dispuse a averiguar qué sucedía y entonces cuando abrí mi puerta…

—¡Nosotros! A que sí, somos nosotros —Jason interrumpió energéticamente.

—Eso mismo, estaban ahí sobre una cesta y una nota.

En ese momento Selene quien estaba perdida en la historia se percató de algo gracias a la luz de los relámpagos que caían, una figura negra en la lluvia, imponente. Selene se asomó todavía más en las ventanas para ver mejor la figura, esta pareció haberse desvanecido en la lluvia. Algo en aquella figura le daba mala espina a Selene.

—La nota que venía con ustedes solo decía una cosa “Cuida de ellos nuestro mundo aun es muy peligroso para ellos”.

—¿Y eso que significa? —preguntaron los tres al unisonó

—Eso es el único mensaje su familia —contesto Richard, sus palabras eran lentas y bien calculadas, su cara era dura cual piedra, pero su mirada, en ella se veía una gran tristeza, como si supiera que algo malo fuera a pasarle a él o a sus hijos.

—Te sientes bien, papa —pregunto Thalía, su voz tan suave como la lana. No miraba su cara, sino sus ojos, podía ver como la tristeza, la ansiedad y desesperación salían de él.

Richard evadió la pregunta, sabía que en este momento no se trataba de él, se trataba de ellos y de todo lo que estaban a punto de comenzar, ya que sus vidas, las vidas de aquellos bebes que alguna vez cargo sobre sus brazos estaba a punto de dar un giro completamente brutal e incluso aterrador, ya que la vida de un semidios, nunca, NUNCA, terminara bien.

De pronto la atmosfera se puso tensa, el aire se hizo más pesado y la gravedad parece haber aumentado unas mil veces más ejerciendo una presión abrumadora.

En el exterior, se escuchaban los pasos —Tal vez de la figura que Selene había visto —, cada paso que daba era poderoso, las escarcelas de una armadura se sacudían con su danzar, resonando, dejando un eco en el viento, de pronto el rechinido del metal ceso. La familia Ordan completamente estaba paralizada dentro del aula, «Ella está aquí», pensó Minerva.

Una flecha plateada atravesó desde la ventana y las cortinas hasta el pilar de concreto —el mismo en el que Thalía reposaba hace un rato—.

Una niebla densa comenzó a invadir toda el aula, de ella una sombra emergió, una chica apenas unos años más grande que los trillizos. Portaba una armadura de bronce en la cual se veía un símbolo de una hoz en el medio peto que dejaba ver una licra negra

—Mi nombre es Kassandra —fue como se presentó la chica, mirándolos hacia abajo, como si un gato mirara a un ratón antes de devorarlo, remato—, hija del dios Ares —dio una fina pausa, sus ojos color miel brillaban viendo a los trillizos —. Mi maestro me envía, el los reclama pequeños vástagos —apunto su espada de plata con el mismo símbolo de hoz en la empuñadura a los trillizos.

Minerva con una velocidad inhumana se posiciono entre la familia Ordan y Kassandra, con un fino movimiento de muñeca transformo su bastón de cedro en una lanza de plata con un símbolo de búho en la punta.

—Lárgate, cazadora —reclamó Minerva, su voz era igual a la de alguien que no dudaría en matar de ser necesario para proteger a su familia. La lanza apuntaba feroz a la mandíbula de Kassandra quien yacía inmutable.

Con un movimiento ligero, casi imperceptible, Kassandra aparto la punta de la lanza con su dedo índice.

—Cuidado anciana, no quiero que te lastimes —en su mirada la soberbia era algo que desbordaba. Kassandra lo sabía: era superior. Algo que Minerva también sabia. Pero aun así no dudaría en defender a la familia Ordan con su vida. Su ama, su maestra, su mejor amiga le había encomendado esta misión.

—Corran —Minerva dirigió su mirada hacia Richard. Su mirada se enterneció al verlo —Te quiero —susurró, de forma que solo él pudo oírlo. Richard le devolvió una sonrisa. Y entonces de un tirón saco a los chicos del aula—Rápido al auto. ¡Ahora!

Los chicos corrieron como Richard había ordenado, Thalía titubeó por un instante, no podía dejarla ahí. Selene la sujeto del brazo.

—Por favor no hagas algo estúpido —lagrimas salían de sus ojos haciendo correr su rímel. —Por favor, no hay nada que podamos hacer— Thalía sabía que era verdad, la impotencia de no poder proteger a alguien que quería hizo que unas lágrimas escaparan.



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En el texto hay: fantasia, accion, mitologiagriega

Editado: 02.02.2026

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