Vástagos del olimpo

Después de la Tormenta

5

Después de la tormenta

El motor del Mini Cooper rugía mientras Richard conducía sin mirar atrás.

Nadie hablaba.

Jason iba encorvado en el asiento trasero, apretándose el costado. Cada bache le arrancaba una mueca que intentaba ocultar. Selene lo observaba de reojo, en silencio, con los audífonos colgando del cuello sin música. No quería oír nada. No todavía.

Thalía miraba por la ventana.

Las luces de la ciudad se distorsionaban con la lluvia, y por primera vez Brooklyn no se sentía como casa.

En su mano aún sentía el cosquilleo eléctrico. Cerró el puño con fuerza.

Richard rompió el silencio.

—Nadie está bien —dijo, con voz baja—. Así que no me digan que sí lo están.

Jason soltó una risa corta y seca.

—Entonces vamos de diez.

—Ella no está muerta —dijo Thalía finalmente —, ¿oh sí? —su mirada apuntaba directamente a Richard.

—No —Richard se mostró cortante. No se veía muy bien.

El camino continuo silencioso en la penumbra, nadie mostraba intensión de hablar, ni siquiera Jason quien se mantuvo quieto todo el viaje, hasta el momento en el que se percataron de algo.

—¿Papa? —pregunto Selene —¿A dónde vamos? Hace un rato que pasamos el camino a casa.

—Ya no podremos volver —respondió Richard sin quitar la vista del frente —Si lo hacemos nos localizara con facilidad, los estaría sirviendo en bandeja de plata para esa loca.

—¿Entonces a donde iremos ahora? —pregunto Jason con una servilleta en el labio.

—Ya lo verán.

Poco a poco el Mini Cooper se fue adentrando en el bosque del Harriman State Park hasta llegar a una cabaña vieja rodeada de seis arboles cerca del Lago Sebago.

Desde la orilla del lago Sebago, el mundo parecía haberse detenido.

El agua se extendía frente a ellos como un espejo oscuro, apenas perturbado por pequeñas ondulaciones que nacían del viento.

No reflejaba el cielo con claridad, sino una versión más antigua de él, fragmentada entre las copas de los árboles que lo rodeaban.

Antes de entras a la cabaña, Richard contrajo la manga derecha de su saco para dejar al descubierto un tatuaje del Aegis —escudo de Atenea—

Al hacerlo el tatuaje brillo de color plata y Richard exclamo las palabras de un conjuro.

— Ὦ Ἀθηνᾶ, δός μοι εἴσοδον εἰς τὸν δόμον.

En ese momento el Aegis comenzó a brillar en los troncos de los seis arboles alrededor de la cabaña, un resplandor azul surgió de la copa de cada uno y los Aegis se apagaron.

—Vamos, pasen —Richard invito a los chicos a pasar con un gesto de su muñeca.

La cabaña parecía romper todas las leyes de la física en su interior: objetos flotaban por doquier e inclusive parecía ser tres veces más grande de lo que se veía por fuera.

—Hola. —un chico alto saludo a los chicos en la entrada, vestido con una gabardina café que ondeaba, aunque no hubiera viento —Mucho gusto, Soy Marcus.

—Hola soy Jason —exclamo, saludando a Marcus con un gran apretón de manos —. Tu collar está cool —dijo señalando la pluma de plata en él.

—Gracias, regalo de papá.

—¿Y quién se supone que es tu padre? —pregunto Selene con los ojos como agujas sobre Marcus.

—Hermes —contesto una ligera sonrisa bonachona.

—Mmm —le devolvió Selene.

Richard interrumpió la conversación con una pregunta que dio luz.

—Marcus —dijo exaltado —, ella está bien.

—Oh, si —Marcus se movió con rapidez, como si el espacio se plegara a su favor. —, vengan, por aquí —dijo entrando a una de las habitaciones de la cabaña.

La habitación tenía un ambiente místico, antiguo.

Sobre una mesa una cuchara diminuta revolvía el azúcar en el café sin que nadie la tocara.

A unos cuantos metros de la mesa, sobre la cama, Minerva yacía con algunos vendajes de pies a cabeza, una débil sonrisa se formó en su rostro al ver a Richard y los trillizos.

Richard tenía los ojos como platos, su mirada recorrió el cuerpo de Minerva de pies a cabeza.

—M-Me alegra que estes bien —susurro Richard acercándose a Minerva, su voz temblaba. Una lágrima se le escapó sin permiso y rodó por su mejilla. No se molestó en ocultarla. En su rostro, una sonrisa torpe y honesta.

Minerva alzó apenas una mano vendada. Un gesto dulce hizo desaparecer la lagrima.

—Siempre tan dramático… —susurró, con voz rasposa—. No te desharás de mi tan fácil.

Richard soltó una risa breve, casi un sollozo.

Selene se quedó en la puerta con una leve sonrisa.

Jason bajó la mirada, con calidez en el pecho.

Thalía sintió algo apretarle el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más pesado de repente.



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En el texto hay: fantasia, accion, mitologiagriega

Editado: 02.02.2026

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