Ven y bésame bonito

Ven y bésame bonito

¿Qué es realmente el amor? A mis dieciséis años jamás experimenté lo que tanto escuchaba, leía y veía en el día a día sobre lo que creían conocer sobre ello.

El amor parecía una incógnita, milagro, locura que era como hacerte sentir invencible de por vida. O al menos, lo que duraba esa historia.

Suena magnífico, increíble y al mismo tiempo, terrorífico. Una especie de hechizo, embrujo, maldición que gobernaba todo de ti.

Era un nuevo año en la preparatoria Arwan, mi rutina era monótona y simple, nada extraordinario fuera de las tareas escolares, pasar la tarde con mis amigas Aila Nawa y Halina Ael, mis cómplices. Asimismo, el dibujar a escondidas las ocurrencias de mi cabeza y sueños.

Tenía una vida tranquila y estaba agradecida, pero a veces deseaba esa emoción que te bombardean dondequiera con historias impresionantes que se convierten en tu realidad.

Desde el verano tenía un sueño que no abandonaba mi cabeza, era sobre una persona que jamás había conocido y lo que más resaltaba era su color de ojos claros entre azul y verde.

Lo había dibujado con la intención de admirar esa peculiar conexión que quizás algún día pueda sentir en el plano físico, no solo onírico.

Llego al salón de clases en donde la conmoción se respiraba en el aire, cada grupo de amigos se reencontraban después de las vacaciones. Y cuando creí que sería como los demás primeros días de clases, me equivoqué ya que en el inicio de la fila estaba un chico nuevo que juraba ya conocía.

Era el chico de mis sueños.

—¡Lila! —Aila me recibe con entusiasmo a pesar de vernos varias veces durante las vacaciones. Su largo cabello rojizo se mueve con esas lindas ondas que tiene y su color combina con el café claro de sus ojos.

Le sonrío y me uno a su cálido recibimiento, no tarda mucho tiempo para que se una a nuestro abrazo grupal, nuestra amiga Halina, con un nuevo corte de cabello en su oscuro y largo cabello lacio.

La euforia dura hasta que llega el profesor que nos indica el inicio de la clase de literatura y nos hace escribir una presentación en nuestra libreta. Algunas personas se animan a leer en voz alta y yo estoy ahí, con esas ganas de poder hacerlo sin temer, esa versión con convicción que siempre he deseado ser.

A los pocos segundos de que termine de presentarse una compañera, el chico nuevo se levanta y dice:

—Soy Icarus Nael. Tengo dieciséis años, mi pasatiempo preferido es la fotografía. Las películas antiguas y en general, la cinematografía. Es un gusto conocerlos.

Sonríe levemente, se escuchan los aplausos, algunas personas murmuran y en cambio yo, quedo hipnotizada por el color de sus ojos. Esa intriga de saber perfectamente que es la persona que he soñado todo este tiempo.

¿Cómo es posible eso? Es extraño y peculiar. Si siquiera lo digo, quedaré como una loca.

Acomodo mi cabello corto hasta los hombros, tengo dos broches en cada lado, muevo mi flequillo en un acto nervioso de no saber qué más hacer cuando casi intercambiamos miradas. Todo por mi intensidad al mirar a Icarus.

Siguen más presentaciones y sin poder evitarlo, bostezo. Acto lo suficientemente incriminatorio como para que por mala suerte del destino, sea la siguiente en leer lo que escribió.

Aclaro la garganta, los nervios me provocan temblar, respiro antes de sentir a Icarus mirarme. No ayuda en absoluto la presión de su atención, el ver de reojo que se giró para verme cuidadosamente.

—Me llamo Delilah Nevara y tengo dieciséis. Me encanta dibujar, puedo plasmar todo lo que imagino o sueño. También me gusta mucho la naturaleza, esa belleza que se encuentra en cada pequeño detalle. Es simplemente maravilloso —asiento al terminar y me aplasto en mi butaca con la guerra interna de mis mejillas sonrojándose.

Respiro una y otra vez al intentar tranquilizarme, mis amigas me susurran ánimos los cuales ayudan.

La clase pasa y tenemos que trabajar con el libro, al no tenerlo todavía, mis amigas y yo trabajamos con uno prestado. De pronto, por la cercanía, el profesor nos indica que trabajaremos en pares y ahí está Icarus con un libro que efectivamente, es para mí también.

¿Bendición o maldición? Mi lenguaje corporal no ayuda en absoluto y menos, las risas de mis amigas detrás.

Paso saliva, ahora estamos los dos leyendo y resumiendo la lectura en un silencio sepulcral en ese gran salón de clases.

Inevitablemente, aprecio de cerca sus ojos, descifrando que el color de sus ojos es verde, no azul. Son bellísimos, únicos.

Sonrío como tonta con esa satisfacción personal de contestar esa intriga.

Apenas cruzamos palabras, vagamente nuestras miradas se detienen con pequeñas sonrisas que son más amigables que otra cosa. Aún así, me arrepiento tanto de no haberme animado a preguntarle lo más irrelevante, pero a la vez, lo más significativo para mí para poder escuchar una vez más su voz.

Los días pasaron, la primavera llegó, los alrededores estaban llenos de árboles con flores amarillas por toda la escuela, todo un escenario precioso. Mis oportunidades para acercarme nuevamente a Icarus se habían reducido ya que había conseguido amigos de otro grupo del salón y a la vez, la atención de varias chicas.




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