Vendetta pactada

CAPITULO 11

Después de ir en caballo 2 días, por fin llegamos, en el camino habíamos platicado tan poco, que, al llegar, la alegría me invade, mi hermano corre a mis brazos a darme un gran abrazo de oso, mientras Ethan se desmorona al ver a su hermano con vida, la noticia no se había dado con exactitud, estaba tan alegre por su encuentro hasta que el llanto de Javid se hace presente, lo tomo de la espalda de él, para dirigirme con él hacia dentro de mansión.

—Bienvenida su gracia, lo saluda Dereck Brande, soy el nuevo mayordomo — Lo había olvidado —. ¿Puedo auxiliarle en algo?

—Un placer, señor Brande, necesito que me dé el reporte de las últimas semanas, y guíame hacia donde está el antiguo mayordomo — Pregunto dejando el bebé de Sebastián a Nadia, ella se sorprende, pero no cuestiona demasiado, solo se concentra en ver al pequeño, bajamos hasta el sótano, justo donde había varios tenidos, lucían sucios caminaba entre ellos, y no podía olvidar la sensación de que yo también estuve del otro lado, el hombre en cuestión estaba en una orilla comiendo un pan duro, mientras lucia en una situación muy precaria.

—¿Ya me van a matar? — Pregunta sin darse cuenta de que era la que estaba en su presencia, su cara se en palidecer por un momento antes de dejarse mirar con una cara de odio y vergüenza al mismo tiempo.

—Me gustaría, pero antes debes de hablar — Pido una silla, pero se niegan a traerla, pues obstaculiza el paso, me recargo en la pared, mientras los demás prisioneros estaban haciendo demasiado ruido.

—No eres mi señora, no tengo por qué hablar contigo — Me rio porque era cierto, yo misma sabía que ellos no me consideraban su señora, pero estaba bien.

—De hecho, tienes que hacerlo, porque, aunque tú no me consideres tu señora lo soy, tu vida y la de tu familia depende de mí manos — Cuando menciono a su familia, alza la cara con repudio.

—No te atreverías.

—Rétame, y te sugiero que comiences a hablarme de usted porque tú y yo no somos iguales, así que empieza a hablar. ¿Cómo lo hiciste? — Este se niega a hablar, respiro hondo, pues de alguna manera sentía que había algo en mí debía de detenerse.

Le hago señas al nuevo mayordomo, y este asiente, subo, pues había mandado a traer a la familia de ellos, la que primero llega es su hija, ella era uno de nuestros caballeros, hace una reverencia conmigo, besando mi mano, de allí sigue su esposa con su hija menor, una joven de unos 18 años, quien se miraba demasiado nerviosa.

—Dios la bendiga mi señora — Me dice su esposa, completamente afligida, le pido que tome asiento, pero se niegan.

—Las he convocado, pues el señor es acusado de traición más que comprobada, y se niega a hablar — Le explico de una manera calmada, la mujer resbala unas cuantas lágrimas mientras me mira de manera seria, sin querer mostrarme esa faceta, saco mi pañuelo para ponerlo en la mesa —. Mi intención no es matarlo, solo busco que fue lo que les dijo y como, para tener precaución.

—No le diremos nada — Habla la menor —. Si mi padre lo hizo deberá de probarlo, no porque lo diga usted es que sea verdad.

—Anelisse — Su hermana mayor, la ordena a callar, pero ella me miraba con demasiado rencor.

—Mi padre nos enseñó que nunca le debemos la lealtad a otra persona que no sea nuestro señor, el Lord Caleb Yilmaz, qué dios lo tiene en su santa gloria. Así que no le debemos nada, señora — Me dice con un aura fuerte, era impresionante en cómo estaba comenzando a conocer personas con un carácter demasiado poderoso a lo que estaba acostumbrada, si algo le tenía que admirar era su lealtad. 

—Perdone a mi hija… — Se disculpa su madre haciendo una reverencia.

—No se preocupe. Anelisse, entiendo que no me respetes como tu señora, pero no creo que tengan más opciones, así que lo pediré amablemente ¿Qué es lo que saben? — Ella se niega a hablar y es cuando me pongo de pie —. Soy la cabeza de la iglesia, por lo que mis órdenes son las órdenes de dios, y si aprecian su puesto en esta sociedad les ordeno que hablen. No me hagan tener que exiliarla, porque es lo que haré.

Ella abre sus ojos como esferas, entendía su carácter, pues era sabido que sus hijas eran la luz de los ojos de su padre, por lo que la menor era la más caprichosa y no estaba acostumbrada a que les hablaran de esta manera.

—Mi esposo salía en la noche, le juro que pensé que era un amante hasta que en su estudio encontré varias notas que cambiaba con el norte — La hija menor se sorprende de escuchar como su madre delataba a su padre, jala el brazo de su madre para impedirlo, pero ella se voltea mirando con tristeza —. Que tu padre me perdone, pero tengo 2 hijas solteras.

—Deme una hora su alteza — Pide la chica mayor —. Deme una hora y lo haré hablar. Se lo juro mi señora.

—Le darás a nuestro padre a esta perra — Su hermana le da una bofetada, mientras su madre lloraba, sabía que ella era leal a la familia de Caleb.

—Perdone, mi hermana es demasiado caprichosa e infantil aún — Estaban todas conmocionadas.

—Entiendo, Anelisse si usted vuelve a ofenderme de esa manera tendré que requerir a negarle la entrada a la sociedad en 5 años, usted sabe perfectamente que eso significa condenarla a ser una solterona, por otra parte, se lo confío a usted — Miro a la hermana mayor quien respondía al nombre de María —. Señora, mandaré a uno de mis caballeros por todo lo de su esposo.




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